Julio Comesaña, un toque-toque de sabiduría

El charrúa, de 63 años, llegó por primera vez a Colombia en 1972 para jugar con Millos. Ahora tiene la misión de llevar a la tricolor a Brasil 2014.

Proveniente del Huracán Buceo de Montevideo, Julio Avelino Comesaña llegó por primera vez a Colombia la noche del miércoles 28 de junio de 1972 a Bogotá, para vestir la camiseta de Millonarios, entonces dirigido por Gabriel Ochoa Uribe. El aguerrido volante de primera línea lucía su cabello negro bien peinado, saludaba en el aeropuerto a los pocos hinchas azules, con traje de paño, junto a su compatriota, el centro delantero Alberto Álvaro Ferrero. “Cada uno es dueño de su pase… creo que no serán gastos onerosos”, dijo esa noche Ignacio Klein, entonces presidente del club albiazul.

“Nací en Montevideo, tengo 24 años, soy casado (con Vanina Cecilia) y apenas dentro de poco esperamos la heredera (Lorena Laura). Creo que será colombiana”, fueron las primeras palabras que pronunció en Colombia el charrúa, quien inició su carrera como jugador en las divisiones menores de Peñarol, pero debutó profesionalmente en 1967 con Racing de su país y luego partió a Argentina, para jugar con Gimnasia y Esgrima y después con Kimberley de Mar de Plata.

Pero fue acá en Colombia donde su pundonor y su garra marcaron la diferencia. En Barranquilla, a donde fue a jugar con el Júnior en 1973 (luego de coronarse campeón con Millos un año antes), lo apodaron El León del Romelio Martínez. Lo acuñaron así porque “una vez en un partido, en 1977, a Julio le rompieron la nariz en una jugada, le desviaron el tabique: era para salir. Pero él se quedó en el campo con su cara vendada los 93 minutos”, recuerda Dulio Miranda, campeón con Júnior en 1977 jugando al lado de Julio Avelino.

En el club tiburón ha hecho casi media carrera. Jugó allí hasta 1979 y sus últimos años como futbolista fueron con el Medellín. Su retiro se vio forzado por la tristeza que le causó la muerte de su madre María en un accidente de tránsito en 1981 que lo hizo regresar a Montevideo, al día siguiente de jugar un amistoso con el DIM en Ecuador contra la selección de ese país.

Tiempo después se animaría a dirigir allí mismo al Poderoso, donde en 1984 vio por primera vez a Leonel Álvarez y lo puso a debutar en esa temporada contra el Caldas. Ahora Comesaña se siente orgulloso de que su alumno lo haya superado, pues tendrá que ser su asistente técnico en la selección de Colombia.

“Me siento feliz de estar acá. Voy a estar al lado de un hombre trabajador y honesto. Lo noté desde el primer momento en que lo vi y lo ratifico ahora, 27 años después”, dice el estratega colombo-uruguayo, cuyo objetivo será enseñar su amplio bagaje a las selecciones nacionales.

Dirigió también al Cali (1986), al Guaraní de Paraguay (1988) y al Danubio de su país (1990). Pero fue en Barranquilla, una vez más, donde cosechó sus grandes éxitos como técnico, como el dramático título que obtuvo en el 93.

“Ese momento fue uno de los más felices que le vi a Julio, que estaba en la tribuna, suspendido, y escuchaba con su radio la emisión entre Nacional y Medellín, cuyos jugadores ya daban la vuelta olímpica cuando faltaban segundos para acabar en Barranquilla. Pero El Nene Mackenzie y el gol que le hizo a América cambiaron la historia”, añade Dulio Miranda, quien define al DT charrúa en una sola palabra: “amistad”.

“Hola, pelo’e burra”

Es una celebridad en La Arenosa. “A Julio lo quieren mucho. Todos lo saludan, le dicen: ‘Hola, pelo’e burra’, porque tiene la cabeza blanca”, dice Luis Grau Montes, quien fue dirigido por Comesaña en los años noventa.

“Lo más bonito que yo recuerdo de él es que siempre me resistió como titular” prosigue Grau. “Es muy profesional y pese a su cara de bravo, es muy humano. Un día teníamos que levantarnos a las 3:00 a.m. para viajar a Bello Horizonte (Brasil) a jugar contra Mineiros —creo— y yo me quedé dormido. A las horas me llama Julio al hotel y me dice: ‘tenés que llegar como sea’. Lo hice y me puso de titular, porque entendió que había sido humano”, recuerda con gran afecto el hoy técnico del Barranquilla de la B.

Comesaña es un tipo curtido como DT en el país. También dirigió a Santa Fe (1995 y 2003), Tolima (1996) y fue mánager del Medellín hasta 2002. Vivió momentos alegres y también agobiantes, como cuando salvó del descenso al Júnior, al que volvió en marzo de 2008 y lo sacó subcampeón en el Apertura de 2009.

Con el Pereira, equipo al que dirigió hasta el fin de semana pasado, estaba destinado también a sufrir con el tema del descenso, pero él no le temió al reto: “Vine porque quería salirme de la zona de confort en la que estaba”, afirmaba hace unas semanas.

Más currambero que charrúa

Al entrenador, de 63 años, a quien le atemorizan la deslealtad o la mentira, le cambió la vida haber venido a Colombia. En Uruguay festejaba tomando mate en su casa. “Allá somos un poco conservadores”, dijo alguna vez. Pero acá se acostumbró a la alegría y la música del Caribe. Cuando escucha las melodías de su país, los dramas de vida de un tango, lo embarga la tristeza, y en seguida tiene que poner un vallenato para volver a sonreír.

Nunca cambió, eso sí, sus códigos en los camerinos. A sus jugadores les recomienda cortarse el pelo, les habla bastante sobre su forma de vestir, arruga su cara cada vez que ve a un jugador en la calle con bermuda y chanclas. Pero dicen que no es arbitrario, no pelea con sus dirigidos.

Y menos de un tiempo para acá, cuando hace ocho años le diagnosticaron un cáncer que pudo ser tratado y al ver que la vida le dio una segunda oportunidad, se volvió más sereno, aunque una vez no se pudo resistir y se vio involucrado en 2006 en una pelea con el DT Jorge Luis Pinto (entonces en el Cúcuta), a quien le propinó un puño en el rostro durante un juego entre su equipo el Real Cartagena, supuestamente porque Pinto había sostenido que él compraba árbitros.

Quienes han estado cerca suyo lo recuerdan, además, por el arduo trabajo durante su carrera. Luis Grau lo ratifica: “Julio le teme a terminar poniéndose una bermuda a cuadros y recostándose en una hamaca a escuchar radio y leer periódico. Él sabe que cuando eso pase es porque ya no sirve pa na”.

Hoy, 39 años después de que llegó por primera vez a Colombia, tendrá la oportunidad de devolverle al país todo lo que aprendió en su carrera como jugador y técnico. Él, junto con Leonel, será el responsable de clasificar a Colombia, después de 12 años, a un mundial. Seguramente le aportará a la selección su toque-toque de sabiduría.