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La consagración del gigante alemán

Dirk Nowitzki fue la gran figura de la serie final, en la que los texanos derrotaron cuatro juegos a dos a los Heat de Miami, que eran favoritos.

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El Espectador
13 de junio de 2011 - 09:58 p. m.
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El alemán Dirk Nowitzki llegó a Dallas a mediados de 1998, con 20 años recién cumplidos. En su primera temporada en la NBA disputó 47 partidos y anotó 8,2 puntos por juego. Éste año saltó a la cancha 94 veces y promedió 23 unidades para llevar a los Mavericks a la conquista de su primer título de la liga de baloncesto más importante del mundo.

Él, de paso, cumplió el sueño que tenía desde niño y que le había sido esquivo, pues a pesar de haber logrado todos los reconocimientos individuales posibles, no  tenía en sus vitrinas un trofeo de campeón.

Seguro miembro del salón de la fama del baloncesto, Nowitzki, nacido en la pequeña población de Wurzburgo el 18 de junio de 1978, ha jugado 1.117 partidos en la NBA y en nueve ocasiones ha sido convocado al partido de las estrellas. En la temporada 2006-2007 fue elegido como el Jugador Más Valioso de la liga.

Mide 2,13 metros y pesa 111 kilos. Sus padres, Helga y Jorg, fueron deportistas profesionales, ella basquetbolista y él jugador de balonmano. Su hermana Silke fue atleta y ahora también practica el baloncesto.

Un talento para pulir

El gran gestor de la brillante carrera de Dirk se llama Holger Geschwindner, quien era su entrenador en el club DJK Wurzburg e implementó un plan especial de entrenamiento para aprovechar su estatura y la facilidad que tenía para manejar los dos perfiles.

Cuando Nowitzki cumplió los 18 años y era considerado el mejor basquetbolista de Alemania, su tutor le planteó la posibilidad de irse a Estados Unidos, “para enfrentar a los mejores del mundo”.

“Al comienzo fue muy duro”, recordó ayer el teutón en una rueda de prensa tras la victoria cuatro juegos a dos sobre los Heat de Miami, en la final de la temporada 2010-2011 de la NBA.

“Era alto, pero no tenía casi fuerza y en cada choque caía al piso. Además hablaba poco inglés y no me sentía el líder del equipo”, agregó.

Sin embargo, con el tiempo Nowitzki se integró más al club y aprovechó su buena amistad con el canadiense Steve Nash, con quien disfrutaba dentro de la cancha y “veía partidos de fútbol” en los momentos de descanso.

Hasta que comenzó a convertirse en un hombre dominante. Habilidoso, certero y con gran corazón, llevó a los Mavericks a la final de 2006, cuando perdieron contra los Heat de Miami.

Este año tuvo su revancha y la supo aprovechar. Los texanos fueron un gran equipo en la final y opacaron a los talentosos Lebron James, Dwyane Wade y Chris Bosh. Con un impresionante juego colectivo y el oportunismo de Nowitzki, quien brilló en los momentos decisivos, se llevaron la serie y le dieron el título a su jefe, el polémico Mark Cuban, quien compró el club en 1991 y se obsesionó con hacerlo campeón.

“Sabía que con Dirk al frente, algún día lo conseguiría. Le agradezco haberme soportado tanto y haber cargado semejante responsabilidad sobre sus espaldas”, aseveró el dirigente antes de la celebración, mientras Nowitzki, que se fue al vestuario apenas terminó el partido, lloraba como un niño en la ducha.

“Fui a meterme bajo el agua, a refrescarme. No lo podía creer”, confesó Dirk, el segundo deportista alemán mejor pagado de la historia, superado solamente por el piloto Michael Schumacher.

“Tengo 32 años, casi 33, y este es el momento más feliz de mi carrera. No sé qué pasará de ahora en adelante”, confesó al recibir el trofeo que lo acredita como mejor jugador de la serie final, entregado por el legendario Bill Russell.

“Si estás en esta liga por 13 años y has llegado a los playoffs en las últimas 11 temporadas, y ves que siempre te quedas corto, entonces este triunfo es algo muy, muy especial”, agregó antes de destacar que los 15 jugadores de Dallas lograron su primera corona en la NBA, incluido el veterano Jason Kidd, de 38 años.

El domingo, Nowitzki dejó de pertenecer al grupo de grandes jugadores que a pesar de tener asegurado un puesto en el Salón de la Fama, como Karl Malone, Charles Barkley y Lebron James, entre otros, no han conseguido un  título de campeón.

Por El Espectador

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