Por: Hernán Peláez Restrepo

La Copa

En su libro más autobiográfico, Paulo Coelho hizo esta reflexión: “Nosotros no escogemos lo que nos ocurre, pero podemos escoger la manera en que reaccionamos a eso”. Y es cierto. Los equipos colombianos que iniciaron el camino en la Copa Libertadores lo hicieron mal. Es importante revisar cuáles razones se descubren para explicar las derrotas.

Habría que, inicialmente, preguntar si la Copa Libertadores les resulta atractiva y se constituye en una meta, en una aspiración. Es cierto que esa confrontación suramericana señala a equipos argentinos con la cifra más alta de títulos (25), seguidos por los brasileños, con 18 logros. Este evento, que data de 1960, ya aplaudió a 59 ganadores, incluyendo a Nacional (dos veces) y al Once Caldas. Es entonces muy significativa la contundencia de argentinos y brasileños.

Por eso en los últimos nueve años se acentúan mucho más los números para ellos. Para Brasil, que alguna vez se marginó del torneo, es una prioridad por los beneficios económicos. La Conmebol garantiza US$168 millones para repartir en premios y, de paso, valorizar, de verdad, a los jugadores. Flamengo, actual campeón, por ejemplo, transfirió a su pareja de zagueros centrales a Europa. Es decir, los equipos de aspiraciones combinan dólares con títulos y promoción de jugadores.

¿Están nuestros equipos advertidos de estas ganancias en distintos órdenes? Creo que no. El campeonato interno pareciera ser la prioridad. Podemos ver buenos o flojos partidos en la casa, con nóminas escasas de figuras, para responder a una clientela, que bien debiera tener más ambición y exigencia. Que los planteles sean de 25 o treinta jugadores no es la solución. La única verdad en ese fútbol de alta competencia es contar con mejores jugadores, mejor preparados, sobre todo mentalmente y que se convenzan de sus capacidades.

A veces nos quejamos —y es válido— de la carencia de espíritu de superación, de no meterse de lleno en el compromiso en sí. Mortifica ver cómo los futbolistas de nuestros equipos descienden de los buses, con audífonos oyendo música de su playlist o de otra plataforma. Debieran, al menos, exhibir algo de concentración en los momentos previos a un partido, hablando entre ellos de los rivales, intentando evitar sorpresas en el juego.

Esta semana dejó un sinsabor por los resultados. Amerita una concentración exigente, y si no se gana, porque el rival es mejor y más avispado, al menos demostrar ganas, entereza para ir a buscar el gol.

Como al principio, recurro a Paulo Coelho, quien dijo: “El peor de los asesinatos es el que termina matando nuestra alegría de vivir”. Nunca se deben perder la alegría y las ganas de jugar. Si nuestros jugadores no tienen alegría y deseos de jugar esta Copa, nos dejarán en el palco del conformismo.

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2020-03-07T21:00:00-05:00

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