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Ofensas de un lado, respuestas del otro. Hugo Chávez arremete y Álvaro Uribe se defiende. En un toma y dame se ha convertido el partido que vienen disputando Colombia y Venezuela durante los últimos meses en el campo diplomático y, como cualquier clásico de vecinos que se respete, genera tensión.
De ahí que las agresiones verbales no se hicieran esperar, así las del presidente de la República Bolivariana ni siquiera hayan sido sancionadas con tarjeta amarilla o al menos con una reconvención verbal.
Todo un juego de provocación en definitiva, tan común en la cancha, en el que por fortuna no ha caído el fútbol, porque como bien lo dijo Maradona en su despedida, “la pelota no se mancha” y ésta ha saltado de un país a otro, trayendo y llevando jugadores consigo.
En realidad, si hay un mercado abierto para los nuestros en el exterior, es el venezolano. Y sin mediación alguna, en cierta forma se ha venido presentando un intercambio humanitario, ya que así como van por decenas de futbolistas al vecino país, de allí también han llegado algunos al balompié nacional para el presente torneo: Javier Toyo (Bucaramanga), Wílmer Bertre (Chicó), Luis Manuel Seijas y Leonel Vielma (Santa Fe).
Disputadas cinco jornadas del Apertura, han actuado 46 extranjeros y la legión venezolana es la cuarta de mayor presencia, detrás de la argentina (14), paraguaya (11) y uruguaya (7).
Cifra diciente, aunque no la más contundente, luego de que en el Finalización de 2004, jugaran siete venezolanos en el torneo colombiano: Ruber Morán, Bucaramanga; Leopoldo Jiménez, Once Caldas; Leonel Vielma, Cali; Jorge Rojas, Nacional; Ricardo Páez, América; Rafael Dudamel, Cortuluá y César González, Huila.
“La evolución del fútbol venezolano ha permitido que varios tengamos la posibilidad de jugar afuera y en ligas competitivas como la colombiana”, afirma Seijas, uno de los de mayor regularidad en la Mustang I, con Santa Fe, quien a su vez considera que “el problema entre los dos países es netamente político y no afecta en absoluto nuestro trabajo”.
Según el joven mediocampista, “la gente nos ha tratado de maravilla a Leo (Vielma) y a mí en Bogotá y el sentimiento es recíproco, sin poner por delante ese tema que ojalá termine lo antes posible… ¡Ya basta de eso!”.
“En ningún momento las diferencias entre el gobierno venezolano y el colombiano han incidido en mi rendimiento; por el contrario, en Bucaramanga me han hecho sentir uno más, como también pasa con los colombianos que juegan en Venezuela, porque he compartido con ellos en mi país”, asegura su compatriota Toyo, a quien en todo caso no deja de preocuparle “que el problema se agrande, porque son países hermanos que deben estar cada vez más unidos”.
¿Y allá es lo mismo?
En Colombia entonces la tensión política no parece extenderse a la cancha, pero nadie mejor que Henry Valderrama, actual goleador de la liga venezolana con nueve anotaciones, para saber qué pasa al otro lado de la frontera. “Eso de Uribe y Chávez es problema diplomático como dicen, allá ellos, eso es aparte, pero a nosotros los futbolistas colombianos acá en Venezuela nos tratan muy bien, nos respetan y admiran”, afirma este samario de 26 años, delantero del Portuguesa que se formó en el Cali y luego de probar suerte en Pasto, Cúcuta y Chicó, emigró al vecino país.
Muchos anónimos en nuestro medio como él, también buscaron una mejor oportunidad en la República Bolivariana, aunque otros con recorrido y nombre de sombra, eligieron el mismo destino y uno de ellos es Juan Carlos Henao, que en su segunda temporada con Maracaibo, ya es referente y fijo en el once titular que disputa además la Copa Libertadores de América (ver entrevista en la página 6B).
En dirección contraria, Rafael Dudamel aterrizó de nuevo en Colombia para achicar las diferencias y confirmarse como el venezolano que más camisetas ha vestido en el fútbol nacional. Tras defender las de Huila, Santa Fe, Cali, Millonarios y Cortuluá, desde el Clausura anterior luce la sexta con el América, lo cual le otorga argumentos de sobra para opinar del momento coyuntural. “Muchas veces como deportistas, nos declaramos apolíticos; sin embargo, es imposible estar al margen de la situación política de mi país, cuando la tensión en la sociedad no desaparece”, asegura.
Para el arquero es indudable que “actualmente como países hermanos que somos, vivimos un distanciamiento político”, pero asimismo espera que “no avance a lo social, porque he trabajado más de seis años en Colombia y siempre he recibido el cariño y respeto de muchas personas”.
Por eso, con un deseo, quiere demostrar que el fútbol jamás será sinónimo de discordia: “Existe la opción de nacionalizarme colombiano y si se puede concretar, lo haré con el mayor gusto, ya que es lo menos que puedo hacer en un país que me ha brindado tanto. Eso sí, dejando en claro que siempre me sentiré orgulloso de ser venezolano”.
Dos países y un solo sentimiento para Dudamel, quien a manera de canciller, deja en claro el mensaje que siempre estará por encima de cualquier discusión o diferencia: la pelota vence, lo que la diplomacia no alcanza.
Les tiene fe
El equipo colombiano que más jugadores venezolanos ha tenido en su registro es Independiente Santa Fe. El primero fue Carlos Maldonado en el segundo semestre de 1990 (jugó cuatro partidos y por lesión, no continuó). Luego lo haría Rafael Dudamel, quien estuvo año y ocho meses, disputó 73 juegos y marcó dos goles, ambos de penalti. Después estaría Jesús Vera en el primer semestre de 2000 y disputó apenas un par de encuentros, mientras Giacomo di Giorgio completó cinco partidos en el segundo semestre de 2001. Ahora con Vielma y Seijas, la lista se extendió a seis futbolistas.