"Si vamos a decidir sobre la vida y la muerte, vamos a hacerlo juntos": Claudia López

hace 9 horas
Por: Antonio Casale

La panza llena

Lionel Andrés Messi se hizo presente con otro póquer en su carrera. Ya son seis las veces que ha convertido cuatro goles en un partido a lo largo de su vida profesional. También suma 47 hat-tricks y un repóquer (cinco goles en un juego).

Esta vez lo hizo ante el Eibar en un partido que bien podía ser de trámite y en el que sobre el papel el equipo culé no tendría que emplearse a fondo. De hecho, si esto hubiera pasado en Suramérica, seguramente hubieran usado una formación mixta, dando prioridad al torneo internacional que vendría en pocos días. El Barcelona, envuelto en una crisis institucional y estética (su fútbol gusta menos que nunca a sus hinchas), tiene compromiso por Champions League esta semana y tendrá que enfrentar al Nápoles.

En cambio por acá la cosa es diferente. El DIM, por poner solo un ejemplo, se juega su paso a la fase de grupos de Copa Libertadores la semana que viene, además de un jugoso premio. Sin embargo decidieron jugar con formación alterna su compromiso previo, nada más y nada menos que el clásico frente a Nacional, el partido que todos los hinchas quieren ganar. Por supuesto perdieron, por tres a uno, y se salvaron de una goleada.

En Colombia se ha dado por hecho que hay que privilegiar una competición sobre otra y, digámoslo claro, los jugadores, técnicos y directivos dan el máximo en el torneo en el que hay más dinero de por medio. Aunque no lo digan en los micrófonos, es evidente lo que pasa en la cancha.

Y no es que esté mal. En un mundo en el que el rey dinero está por encima de los valores humanos es admisible e incluso a veces comprensible que esto suceda. Lo que pasa es que estas situaciones también sirven para evidenciar que la pequeña diferencia que existe entre los buenos y los mejores de cada profesión radica en que los mejores conservan el espíritu amateur que los motivó a dedicarse a su oficio el primer día. Es tal el grado de apasionamiento que siempre quieren jugar. No importa el nivel del rival, ellos siempre quieren estar ahí. Su talento no serviría de nada sin esta condición. Es más, el deporte está lleno de constantes y disciplinados exponentes que llegan más lejos que muchos que están dotados de aptitudes superiores. Para poder llegar lejos hay que saber aguantar y esto solamente se logra si la llama que brota desde adentro del corazón está encendida.

Messi se podría haber dado el lujo de pedir no ser tenido en cuenta para el partido con el Eibar, con la excusa de reservarse para el juego de Champions de esta semana, pero no solamente saltó a la cancha y convirtió cuatro goles, sino que los celebró todos como si hubieran sido marcados en la final del mundial.

Por eso Messi, Federer, Nadal, Djokovic o Tiger Woods, en el plano mundial, y Egan Bernal, Nairo Quintana, Catherine Ibargüen o Mariana Pajón, en el nacional, marcan la diferencia sobre la mayoría. Ellos jamás sienten que la panza esté llena de gloria.

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2020-02-24T06:00:00-05:00

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