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Con la ternura que genera recordar el pasado, y hasta con la gracia de las travesuras hechas, Jéssica Solís habla de la única vez que ella y Lady, su sobrina, que es más como una hermana para ella, vivieron la severidad de Benicia Arboleda, la mamá de la primera y abuela de la segunda.
Doña Benicia sacaba un látigo para vacas y, cuando las dos se peleaban y se pegaban puños, las ponía en la raya y hacía que pararan dejándoles hasta ronchas en todo lado. Jéssica y Lady dormían juntas, comían juntas, hasta estudiaban juntas porque se llevan dos meses. En lo académico, una era buena para las manualidades y más sensible a la hora de dibujar, y la otra, Lady, más práctica y sin rodeos, tenía mejores resultados en las ciencias exactas.
Tan diferentes, pero a la vez tan parecidas, empezaron en las pesas de manera simultánea en el coliseo Benicio Echeverry de Tuluá. Desde la casa de la abuela, en el barrio Nueva Farfán, se tardaban dos horas caminando hasta que Lady, más apasionada y aguerrida que Jéssica, se ganó una bicicleta luego de tener una brillante actuación en unos Juegos Departamentales. Eso hizo que el recorrido se hiciera más corto, más llevadero, pues una pedaleaba a la ida y la otra a la vuelta. Y así también se turnaban el manejo de la dirección.
A ambas les enseñaron que siempre siguieran adelante sin importar los obstáculos. Esto en un hogar en el que la abuela inculcó desde siempre el respeto infinito y, cuando era necesario, no pasaba nada sin que ella diera su aprobación o su rechazo. De hecho, doña Benicia las amamantó a las dos, ya que la madre de Lady se la pasaba trabajando para que a la niña no le faltara nada.
#ColombiaTierraDeAtletas | Nuestra medallista olímpica, @LeidySolis69kg, también dijo presente en el podio del Campeonato Panamericano de Pesas y se colgó un🥇y una 🥈 por la categoría 81Kg.
— Ministerio del Deporte (@MinDeporteCol) April 23, 2021
¡Felicitaciones, campeona! 🇨🇴🏋️💥 pic.twitter.com/5AX0DxHdpv
Lady se fue de la casa a los 15 años para concentrarse con las selecciones nacionales en Cali. Y ante la ausencia, para que no interrumpiera sus estudios, Jéssica era la que llevaba las tareas de las dos, la que daba la cara cuando Lady no cumplía.
Doña Benicia, que cuida porque cada cosa esté en su sitio y en su orden es, en gran parte, como el resto de la familia Solís, responsable en cierta medida de los triunfos de Lady. El apoyo de su madre en la vida personal es lo que le permite a esta campeona competir más tranquila, entrenarse sabiendo que siempre habrá un soporte que no la va a dejar caer en los momentos más crudos.
No lo hicieron cuando Lady se enteró de que estaba embarazada en plena concentración antes de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. Matías nació a los ocho días sin complicaciones, pero la pesista no pudo ir a tierras inglesas y durante cinco meses se sometió a un largo tratamiento para recuperar la movilidad en la muñeca, para reconstruir de a poco los tendones afectados por las cortadas, que sufrió en un accidente mientras se duchaba, y para recuperar la confianza.
Tras quedarse fuera de los Olímpicos, Lady volvió a levantar pesas en los Juegos Nacionales de 2012 y fue medalla de oro en su categoría. Ya después vinieron los triunfos en los Bolivarianos de Perú en 2013, en los Suramericanos de Chile al año siguiente, al igual que en los Centroamericanos y del Caribe en México. Incluso en los Panamericanos de Canadá, en 2015, fue la mejor en los 69 kilogramos, al levantar 111 kg en arranque y 145 en envión. En otras palabras, una de las mejores del mundo.
Por eso, tras la victoria en el Mundial de Tailandia (81 kg), hubo un grito de desahogo que se escuchó en todo el escenario, que la quebrantó y le enlagunó los ojos, seguramente por el recuerdo de lo vivido, de lo sufrido y de lo que viene de ahora en adelante para una de las cartas de Colombia para Tokio 2021.
*Texto publicado en noviembre en 2019