Leal mira la F-1 de reojo

El bumangués confía en llegar a la máxima categoría "Las posibilidades existen", afirma.

A escasos metros del paddock de la GP2, en el Autódromo de Monza, se alza la gran carpa de la máxima categoría del automovilismo mundial. Ómar Julián Leal, el piloto colombiano que cumple su primera temporada con el equipo Rapax, lo mira de reojo . “Yo sé que algún día voy a estar allí”, dice mientras camina para el motorhome de su equipo.

Para él ha sido una semana especial, que tuvo un gran comienzo el pasado miércoles, cuando fue incluido en el equipo de fútbol de las estrellas del automovilismo (Nazionale Piloti). Jugó de delantero e hizo pareja con Sebastian Vettel. Marcó un gol que le anularon, pero lo más importante es que va a seguir siendo tenido en cuenta.

“Fue algo muy divertido y me entendí con todos. Me regalaron unos guayos y la camiseta se la di a un niño que me la pidió autografiada”, dice el bumangués.

Han pasado diez años desde que Juan Pablo Montoya consiguió su primera victoria en la Fórmula Uno, precisamente en el trazado de Monza, con la escudería Williams, y Leal, si bien no tiene grabado en su mente ese momento, pues apenas tenía 11 años cuando sucedió, cree que puede ser el llamado a ocupar un puesto en el Gran Circo de la velocidad. “Este año en la GP2 era de aprendizaje y eso lo supe desde la primera carrera. La idea es hacer un año más en esta categoría; de ahí en adelante no hay nada diferente a pensar en Fórmula Uno.”

Y el bumangués tiene pretensiones. No quiere llegar porque sí, ni a un equipo de los de atrás y quizás por eso expresa que “no me veo en un carro cualquiera, me visualizo en una escudería de la talla de Renault para adelante”.

Leal se ha adaptado muy bien al ambiente automovilístico de Europa. Su paso por la Fórmula 3.000 italiana, la World Series by Renault y la Auto GP fueron las bases para llegar a la GP2, que para los entendidos es uno de los mejores caminos para llegar a la Fórmula Uno. Vive en Viareggio, a dos horas de Milán, en un apartamento cercano a la playa, en donde regularmente sale a trotar para mantenerse en buena forma.

A Monza llegó en su Volvo C30, un cupé que maneja con habilidad y en el que se desplaza con seguridad gracias a su GPS. “Prácticamente Monza es como nuestra casa y por eso me siento muy a gusto en esta pista, que está llena de historia y en la que se vive el automovilismo de una manera diferente”. Y tiene razón. Cuando hay un Gran Premio, la ciudad cambia y comienza a vestirse de rojo, el color de Ferrari, que para los habitantes de esta zona es como una religión. Las calles se llenan de alegría e incluso, los que no ingresan al escenario, se contentan con el sonido ensordecedor pero gratificante de esas máquinas que alcanzan en la recta cerca de 330 kilómetros por hora. Igual sucede con los GP2, que desarrollan velocidades parecidas. “En esta oportunidad logré 319 kilómetros por hora”, dice Leal, y al ser interrogado sobre lo que se siente, responde “que es algo que no se puede describir, pero quizás la mejor palabra que encuentro es libertad”.

Con esa misma libertad se mueve en el paddock de la GP2, al que llega con una sonrisa a flor de labios y con palabras amables para saludar. Antes de subirse al auto realiza ejercicios de estiramiento, toma una bebida energética y busca la soledad para llegar lo más relajado posible. En la pista las cosas no salieron como esperaba, pues su intención de un buen cierre de temporada no se concretó. El puesto 22 en las prácticas y el 23 en clasificación lo obligarán a salir a recuperar posiciones.

“No ha sido una temporada fácil, pero lo importante es que he tenido la oportunidad de aprender mucho. Las clasificaciones fueron muy duras, pero sé que el año entrante las cosas van a ser más fáciles”.

Tras reunirse con sus ingenieros, Leal sale por el lado del paddock de la Fórmula Uno. Las cámaras no lo acosan, pero un niño lo busca con cuaderno en mano para solicitar su autógrafo. “Hay gente que ya me conoce y eso es satisfactorio”, afirma.

Por el momento, y tras finalizar el campeonato, competirá en Abu Dhabi, en una prueba especial que se realizará en el mes de noviembre, como antesala de la Fórmula Uno. En ese mismo mes probará con equipos de la GP2 para definir con cuál estará en 2012, año en el que podría tener un primer contacto con la F-1. “Las posibilidades existen, pero quiero ir con calma. Sé que si quiero llegar, tengo que ser muy seguro”.

 

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