Leyendas olímpicas

La gimnasta rusa Larysa Latynina es la más laureada en la historia de las justas y sólo puede ser igualada por Michael Phelps.

De los 102.895 deportistas que desde 1896 han participado en las 27 ediciones de los Juegos Olímpicos de verano, una mujer, la soviética Larysa Latynina, es la más laureada en la historia de las justas.

Esta gimnasta, nacida el 27 de diciembre de 1934, alcanzó a colgarse en su pecho 18 metales (9 de oro, de los cuales 6 los logró en pruebas individuales) en los Olímpicos de Melbourne-56, Roma-60 y Tokio-64.

Con apenas 22 años, una edad en que la mayoría de gimnastas de alto nivel que la sucedieron ya disfrutaban del retiro, y madre de un hijo de cuatro años, Latynina, quien se perfilaba como una excepcional bailarina, debutó en Australia, donde causó sensación no sólo por su técnica, sino por su belleza.

Pero el deportista que más veces escaló a la cima del podio olímpico es el nadador estadounidense Michael Phelps (14 oros). Este hombre pulverizó los registros de los también nadadores Mark Spitz y Johnny Peter Weissmuller (el primer Tarzán en la historia del cine y el primero en bajar del minuto los 100 metros libres). Por eso, Phelps es considerado el mejor nadador del planeta en todos los tiempos.

En los Juegos Olímpicos de 2004, Phelps se convirtió en el segundo deportista, después del gimnasta soviético Aleksandr Dityatin, en ganar ocho medallas en una sola Olimpiada. Allí intentó, sin conseguirlo, superar las siete medallas de oro obtenidas por Spitz en Múnich-72, y con sus seis medallas de oro (cuatro individuales) y dos más de bronce brilló en Atenas, polis que 108 años antes había servido de sede los Primeros Juegos Olímpicos de la modernidad.

La revancha vino cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Pekín, donde Phelps se inscribió en ocho eventos en los que fue imbatible. Una actuación sin precedentes en la que el fenómeno ganó ocho medallas de oro y dejó para el recuerdo la hazaña que durante 36 años convirtió a Spitz en toda una personalidad en el mundo olímpico.

El récord de Phelps, con sus 14 medallas de oro, también borró la marca de 10 establecida por Ray Ewry (ver recuadro) y quedó a tan sólo dos preseas de igualar las 18 medallas olímpicas de Latynina. Los aficionados están expectantes y sus miradas se centran en Phelps, quien tiene una gran oportunidad de, por lo menos, igualar en Londres a la gimnasta rusa, quien desde hace 48 años ha visto desfilar a deportistas que, aunque excepcionales, no alcanzaron sus galardones.

Otro de los grandes que marcó época es el corredor estadounidense Carl Lewis, considerado el mejor atleta de pista y campo de todos los tiempos, calificativo refrendado con nueve medallas olímpicas de oro. Con sus cuatro victorias en 1984 igualó el récord establecido por Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín (Alemania), donde impuso dos récords mundiales en 100 y 200 metros lisos y uno olímpico en salto de longitud. Sesenta años después Lewis, el ‘Hijo del viento’, puso fin a su carrera olímpica igualando el récord del lanzador de disco Al Oerter, quien ganó en cuatro olímpicos consecutivos esta disciplina. Lewis hizo lo propio en salto de longitud.

La legendaria velocista Fanny Blankers-Koen (1919-2004), conocida como la ‘Holandesa voladora’, es la versión femenina de Owens en el atletismo, pues lo emuló al conquistar cuatro preseas doradas en los Olímpicos de Londres-48 (100 y 200 metros, 80 metros vallas y el relevo 4x100). En 1999, una votación celebrada por la Federación Internacional de Atletismo la reconoció como la mejor atleta femenina del siglo XX y recibió su galardón junto a Lewis en una emotiva ceremonia realizada en Mónaco.

Y con un brinco de extraterrestre el atleta estadounidense Bob Beamon hizo leyenda en México-68 en salto largo, con una marca de 8,90 metros, 55 centímetros más lejos que el récord anterior. El mundo del atletismo debió esperar 23 años para que Mike Powell saltara cinco centímetros más. Desde entonces han pasado 21 años sin que algún saltador hubiera osado acercarse al récord.

Imposible olvidar a la gimnasta rumana Nadia Elena Comanechi, la única en el historial olímpico en lograr la perfección en esa disciplina, gracias a una actuación hasta entonces imposible que le valió acumular siete máximas calificaciones de 10 puntos, concedidas por el jurado calificador que quedó a los pies de esta prodigiosa adolescente de apenas 14 años de edad en los Olímpicos de Montreal-76, un escenario donde conquistó las medallas de oro en las disciplinas de barra de equilibrio y paralelas asimétricas, así como en la general individual. “La perfección es sólo un instante”, dijo Comaneci. Al retornar a su país, la Rumania comunista del dictador Nicolae Ceausescu la recibió como una heroína.

Hubo una era de la natación femenina mundial dominada a punta de poderosas brazadas por la australiana Dawn Fraser, la contrapartida femenina del ya mencionado Johnny Peter Weissmuller, pues en su género fue la primera en bajar del minuto los 100 metros libres. Además, acumuló 40 récords orbitales y se colgó cuatro oros olímpicos.

Con sólo 19 años, en los Juegos Olímpicos de Melbourne-56, Fraser se prometió homenajear a Donny, uno de sus siete hermanos, quien había fallecido tras un ataque de leucemia. Y en su propio país se consagró al vencer en la prueba reina de la natación y formar parte de la posta 4x100 que, con marca mundial, superó a sus rivales.

Cuatro años después, en Roma-60, revalidó el título delante de la estadounidense Chris von Saltz. En Tokio-64, con 27 años, siendo campeona mundial, repitió título en los 100 libres. Fue otra medalla dorada marcada por el dolor de haber perdido, semanas antes de las justas, a su madre en un accidente automovilístico. La campeona apenas sufrió hematomas en el cuello y golpes en la columna vertebral.

Y en ese privilegiado listado de leyendas olímpicas, dominado por gimnastas y nadadores, apareció la figura del atleta finlandés Paavo Nurmi, ganador de nueve oros y tres platas en las pruebas de fondo, entre 1920 y 1928.

Con 23 años de edad, su primer triunfo llegó en Amberes-20 en los 10.000 metros, al que sumó dos victorias más en el cross individual y por equipos, pruebas que ya no se celebran. En París-24 condujo a su país a la victoria en estas dos últimas modalidades y tuvo fuerzas para conquistar, en una misma jornada, otras tres medallas de oro en los 3.000 metros por equipos, los 1.500 y los 5.000 metros.

En su tercera y última Olimpiada, Ámsterdam-28, conquistó el oro en los 10.000 metros y la plata en los 5.000 y 3.000 metros

En Pekín-2008 el atleta jamaiquino Usain Bolt, de 22 años, le hizo sombra a Phelps y se convirtió en el hombre más rápido del planeta: 9,69 segundos en los 100 metros planos. El famoso ‘Relámpago’ también impuso marca en los 200 (19,30 segundos) y en el relevo corto (con Asafa Powell, Nesta Crater y Michael Frater) marcó 37,10 segundos. Sólo Bolt ha impuesto tres plusmarcas en una misma competencia.