Con licencia para soñar

La selección de Colombia logró la hazaña más importante de nuestro fútbol, pero sus integrantes quieren más. El equipo de José Pékerman tiene armas para darle la pelea a Brasil en cuartos de final.

Los jugadores de la selección de Colombia celebran su histórico paso a los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014. / EFE

Qué lindo es despertar y darse cuenta de que todo esto no es un sueño, que Colombia realmente está clasificada para los cuartos de final del Mundial de Fútbol de Brasil 2014, tras cuatro espectaculares y merecidas victorias sobre Grecia, Costa de Marfil, Japón y Uruguay, con un saldo de 11 goles a favor y solamente dos en contra.

De ñapa, tenemos al goleador y mejor jugador del torneo, James Rodríguez, quien ha tenido un nivel superlativo, así como el arquero David Ospina, los defensas Mario Yepes y Cristian Zapata, y los volantes Carlos Sánchez, Abel Aguilar y Juan Guillermo Cuadrado. Pero, para no ser injustos, hay que decir que los 23 integrantes del plantel, incluidos Camilo Vargas y Carlos Bacca, los únicos que no han actuado, han puesto su grano de arena en este éxito, de lejos ya más importante que el famoso empate 4-4 ante la Unión Soviética en Chile 1962, el gol de Freddy Rincón a Alemania en Italia 1990 o la conquista de la Copa América en 2001.

Nunca en un evento deportivo internacional de esta magnitud Colombia había tenido tanto protagonismo dentro y fuera de las canchas. En lo futbolístico ha sido uno de los equipos revelación y su folclórica hinchada ha sido una de las más numerosas que han llegado a Brasil.

 Con los pies sobre la tierra

 Acostumbrados a pecar de triunfalistas, los colombianos hemos sufrido innumerables decepciones a través de la historia. La más cruel, la del Mundial de Estados Unidos 1994, cuando llegamos como favoritos y nos fuimos en primera ronda. Otra, un poco menor, en los octavos de final de Italia 1990, cuando menospreciamos a Camerún, que nos mandó a casa.

Probablemente por eso ahora somos más bien cautos y no le damos rienda suelta a nuestros sueños, así la selección haya mostrado argumentos futbolísticos suficientes como para pensar en grande.

Dice Lothar Mathaus, el excapitán de Alemania, que “en los torneos cortos, tener una buena defensa es fundamental”. Y esa ha sido una característica del equipo de José Pékerman. En cuatro juegos apenas ha permitido dos anotaciones, así los puristas critiquen la zona de atrás porque David Ospina ha tenido mucho trabajo. Al fin y al cabo, para eso está el arquero.

Mathaus, que jugó cinco mundiales, agrega que “un equipo que quiera ser campeón necesita contundencia”, otra de las virtudes de la Colombia modelo 2014, curiosamente privada de su mejor artillero, Radamel Falcao García. La tricolor es muy efectiva, tanto que ha marcado 11 de las 17 posibilidades claras de gol con las que ha contado, según el grupo de estudios técnicos de Fifa, que le adjudica 46 aproximaciones al arco rival.

El equipo nacional ha sido confiable y ha manejado los partidos a su antojo. “El juego tiene dos fases. Hemos impuesto nuestro estilo por momentos y hemos sabido soportar los embates cuando el rival domina”, señala constantemente el entrenador, quien no ahorra elogios para su plantel. “Este es un grupo muy maduro, que no se deja afectar negativamente por el entorno. Si no logramos nuestro objetivo final, no será por falta de entrega, disciplina, compromiso o profesionalismo”, advierte.

Y sin lavarse las manos ni eludir compromisos explica que “el viernes, Brasil es el favorito. No podemos llamarnos a engaños: son pentacampeones mundiales y están en su casa, lo que no quiere decir que no vayamos a enfrentarlos con la idea de ganar y seguir alimentando nuestro sueño”. Pékerman sabe que, así como superó un momento de crisis y venció agónicamente a Chile en la definición por penaltis, el scratch puede mejorar su rendimiento y hacer una gran presentación en el estadio Castelão, en el que Colombia será visitante por primera vez en el torneo.

Si en Belo Horizonte, Brasilia, Cuiabá y Río de Janeiro miles de compatriotas impusieron sus cánticos en las tribunas, en Fortaleza será difícil que puedan opacar a la torcida verdeamarela, entre otras cosas porque los precios de pasajes aéreos y los hoteles de esa ciudad están por las nubes. Ni qué decir de una boleta de primera categoría, que en la reventa no se consigue hoy por menos de US$2.000, cuando en realidad cuesta US$350.

El más reciente enfrentamiento entre Colombia y Brasil, que nunca se han encontrado en un Mundial, fue el amistoso de noviembre de 2012, cuando igualaron 1-1 en un partido en Nueva York. Cuadrado le dio la ventaja a la tricolor y Neymar igualó las acciones. Fue un duelo entretenido en el que ambos equipos tuvieron nóminas muy similares a las actuales.

El viernes, no obstante, la historia será diferente, sobre todo por lo que representa un Mundial. Los locales, que no han logrado enamorar con su fútbol a la afición y son constantemente criticados por renunciar al jogo bonito y apostarle sólo al resultado, le ponen velas a Neymar, quien se recupera de los golpes que sufrió ante Chile, mientras Colombia se encomienda a su nuevo ídolo, James, un talentoso y dinámico volante cucuteño que cumplirá 23 años el próximo 12 de julio, principal responsable de que el país, más que nunca, tenga licencia para soñar en grande.

 

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