
Daniel Martínez, del Bora, en acción durante el Giro de Italia 2024.
Foto: AFP - AFP
En medio del desierto que se fue asomando en el ciclismo colombiano, aparece un oasis que parece insuficiente, pero que se ha encargado de mantener precisamente algo de alivio y de esperanza. Parece al menos extraño, porque da la impresión de que Daniel Felipe Martínez no alcanza la talla de un Nairo Quintana o de un Egan Bernal, pero es el único que ha mantenido en estos años el nivel necesario para que no se crea que los escarabajos se extinguieron.
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