Los once poderes de Jorge Valdano

El exdirector deportivo del Madrid reveló los secretos de cómo se debe trabajar en equipo, obvio, aplicado desde su pasión, el fútbol.

El exfutbolista Jorge Valdano, campeón mundial con Argentina en México 86 y exdirector deportivo del Real Madrid, demostró una vez más que sus dotes para el fútbol no se quedaron en la cancha y que ahora, tras 25 años del retiro, su magia la trasladó a la oratoria, a la buena oratoria, esa que deja boquiabiertos a todos y con ganas de más, de mucho más.

Eso fue justamente lo que ayer, en los Foros de El Espectador demostró el argentino, nacionalizado español, de 56 años. Con el lema: “Un equipo es un estado de ánimo”, explicó lo que para él son los once poderes que debe tener un líder en el siglo XXI, aplicados desde el fútbol, pero con funcionalidad para todos los campos. El primer punto para Valdano es la credibilidad, basada en la justicia. “Al profesional se le exige, al ser humano se le respeta”. Y en ella, puso como ejemplo al técnico argentino Marcelo Bielsa: “Él es la autoridad moral del fútbol”.

La pasión es el segundo ítem: “Es hacer el trabajo con el alma y la persona que encarna este sentimiento en el mundo del fútbol es, sin duda, Pep Guardiola. Cuando uno siente pasión, no hay lugares secundarios”. Y esa pasión, dice el extécnico del Madrid, debe ir de la mano de la esperanza (tercer punto): “Fue lo que hizo la Italia, campeona del mundo en Alemania 2006, que llegó en la peor crisis de credibilidad de su fútbol por problemas de corrupción y mafia, y la selección lo que hizo fue buscar una motivación adicional para convertirse en la salvadora de la patria”.

El cuarto es el estilo. “Uno no puede desconocer los resultados, pero debe existir una filosofía para tener pena cuando pierdo y orgullo cuando gano. Hay que anteponer el estilo de los resultados, sencillamente son los valores que te identifican”.

El poder de la palabra lo pone Valdano en quinto orden, bajo la necesidad de estar recordando frecuentemente los objetivos, pero siempre de forma generosa y optimista. Y llega, luego al sexto punto, para hablar de la curiosidad, el don de buscar permanentemente para hacernos mejores: “El que es curioso no le tiene miedo al futuro”.

El séptimo aspecto él lo ha llamado “ritual”, que no es otra cosa que volver los símbolos información recopilada para determinar valores, y el octavo es, nada más ni nada menos, que el talento: “Uno no necesariamente se tiene que rodear de buenas personas, tan sólo de aquellas que tengan virtudes y enamorarse de estas virtudes”.

En el punto noveno está el vestuario, es decir, trabajar siempre en virtud del colectivo. El décimo es la humildad, ejemplarizada así: “Uno siempre debe compararse con los que están peor que uno, hacerlo de forma diferente es caer en la melancolía”.

Y el cierre, el poder número once, es justamente el éxito, el objetivo de todo, el querer ser campeones desde el campo en el que se desempeñe.

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