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Los que más pueden celebrar

El Espectador propició un encuentro tan histórico como los 70 años que conmemora de fundación este domingo Santa Fe. Por primera vez los máximos anotadores cardenales estuvieron frente a frente.

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Fabián Mauricio Rozo Castiblanco
26 de febrero de 2011 - 10:00 p. m.
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No creció en el céntrico barrio Samper Mendoza de Bogotá. El otro, frente al Pacífico en esa fábrica de talentos llamada Tumaco. Cuando el primero todavía festejaba el que sería el último título de Santa Fe, el nariñense apenas salía del vientre de su madre. Demasiadas diferencias que el destino, en su capricho de ser redondo, acomodaría en la misma cuna futbolística: el Nemesio Camacho El Campín.

Tanto Alfonso Cañón como Léider Preciado soñaron de niños jugar algún día en el estadio capitalino, sin imaginar siquiera que el deseo llegaría acompañado de un privilegio que sólo los realmente llamados diferentes, pueden preciarse de tener: ovación popular.

Y ese clamor simplemente fue el eco en una tribuna acostumbrada a la pasión y lucha, garra que llaman, la cual desafió de paso la resistencia de gargantas con cientos de goles que ambos marcaron para inscribir sus gritos en la historia de Independiente Santa Fe. ‘El Maestro’, quien de mensajero pasó a ser el máximo ídolo cardenal, alcanzó a sacudir en 146 oportunidades las vallas rivales. Una cifra intimidante, como lo ha sido Calimenio con el 23 a su espalda, que acumula ya 108 festejos para escoltarle.

En 70 años del equipo bogotano que se cumplen mañana, nadie como ellos ha festejado tanto con la albirroja puesta y sólo la circunstancia de la celebración permitió que por primera vez se juntaran, con El Espectador como testigo.

¿Existe admiración mutua entre dos símbolos como ustedes?

Alfonso Cañón: Claro que sí. Lo he disfrutado como hincha y Léider es de un talento extraordinario, un goleador de raza y mire que por donde pasó, siempre rindió.

Léider Preciado: Infortunadamente no tuve la fortuna de verlo a él, al hijo sí (Roberto Alfonso) cuando llegué al equipo, pero una vez me fui metiendo en el mundo Santa Fe, supe lo que hizo por el club, lo que representa, y para mí es un orgullo conocerlo, porque nunca había tenido la oportunidad de compartir con él y me halaga estar con una persona tan santafereña.

¿Cómo definen a Santa Fe?

A.C.: Pasión y garra, aunque se han venido a menos. Vamos para 36 años que no se da una vuelta olímpica y es el momento de brindarle una satisfacción a esa afición que está dolida y frustrada porque el año pasado se estuvo a un minuto de llegar a la final y acercarse a esa anhelada estrella.

L.P.: Corazón, sufrimiento y ese amor incondicional que los que nos sentimos santafereños siempre llevamos por dentro. Sé que han sido más los momentos de tristeza que de satisfacción, pero esa es una marca registrada de esta institución, aunque ya es hora de que nos demos esa gran alegría de ser campeón y colgarle esa séptima estrella. Ojalá Dios quiera sea en este 2011 y en estos setenta años que cumple el club, le quitemos el cero y el siete lo estampemos.

¿Cuál es el mejor gol que lograron con la camiseta albirroja?

A.C.: Uno que nunca olvidaré fue el que le hice al Quindío en el arco sur de El Campín en el año 71. Faltaban como cinco minutos para terminar el partido y empatábamos 0-0. Vino entonces un tiro de esquina y de chalaca hice el gol. Con ese ganamos.

L.P.: Con el perdón del ‘Maestro’ voy a abusar y escojo tres (risas). El primero como profesional, que se lo hice a Júnior en Barranquilla; el segundo fue en un clásico que ganamos 2-1 y el gol 100, que fue de cabeza en esa tripleta a Millonarios, esos me marcaron sin duda.

La mayor alegría vivida con Santa Fe...

A.C.: Gracias a Dios son muchas, pero los tres títulos son insuperables (1966, 71 y 75), como aquel juego en Barranquilla (en 1968), cuando debutaba Garrincha en Júnior. Todo el mundo hablaba de ese crack y con razón, él fue quien hizo a Pelé, y les ganamos 2-1, marqué el gol del triunfo y ese orgullo no me lo quita nadie. En ese partido todos querían ver al genio brasileño y la figura fui yo.

L.P.: A pesar de que no he tenido la oportunidad de ganar títulos con Santa Fe, el solo hecho de marcar 108 goles con el equipo, algo de satisfacción debe producir.

¿Y el momento más amargo?

A.C.: Dejar escapar el título en el 65 faltando tres minutos. Perdimos con Cali, que tenía una nómina extraordinaria. Le habíamos jugado de tú a tú, fue un partido lindo en El Campín y era para haberlo ganado.

L.P.: Perder la final de 2005 es la mayor frustración que he tenido con este equipo.

¿Es necesario Millonarios para Santa Fe?

A.C.: Claro que sí, porque no hay como jugar un clásico y aunque sea frase trillada, es más que un partido aparte. El médico (Gabriel) Ochoa, por ejemplo, le recalcaba al grupo que se podían perder todos los partidos, menos ante el eterno rival, y Millonarios siempre ha sido un digno rival.

L.P.: Pienso que sí, ambos equipos se necesitan porque protagonizan una rivalidad histórica, son de los más tradicionales de Colombia y además un papá necesita de un hijo y ellos son los nuestros (risas).

¿Cuántos goles habrían marcado si hubiesen jugado juntos?

A.C.: ¡Ave María! Si yo hacía goles siendo volante de creación, este muchacho era para que cada partido no bajara de dos, mejor dicho, ya llevaría por bajito 300 (risas).

L.P.: Hubiésemos hecho una dupla impresionante, porque me cuentan que por cada gol que metía ‘El Maestro’, ponía tres o cuatro pases.

¿Les faltó algo por hacer en Santa Fe?

A.C.: No, en Santa Fe hice todo lo que soñé. De niño me enamoré del rojo y blanco, anhelaba jugar algún día con esos colores y en El Campín, y no sólo cumplí esos anhelos, sino que pude dar tres vueltas olímpicas y convertirme en el máximo goleador de su historia. A este equipo lo llevo en el alma y hasta el último día de mi vida seré orgullosamente santafereño.

L.P.: Mi mayor ilusión es ser campeón con Santa Fe y más luego de escuchar al profesor Cañón. Entonces, con serlo se me cumplirán todos mis sueños y quedaría en un pedacito de la historia de esta gran institución y que mis hijas el día de mañana abran los libros y vean al papá celebrando con la albirroja, eso sería lo máximo para mí.

Ambos ya enfrentaron a Santa Fe y le marcaron, ¿qué sintieron al hacerlo?

A.C.: La verdad, nada. Incluso, en esa campaña del 79 con América le marqué en Cali, donde empatamos 2-2, y luego acá en Bogotá y ganamos con un gol mío que celebré como todos los que hice en mi carrera.

L.P.: Sentí algo raro, la verdad. Nunca pensé que lo llegaría a hacer, pero así lo quiso la vida y el fútbol, era mi primer tanto con el Quindío, pero ni por esas lo celebré, por respeto y cariño hacia Santa Fe.

¿Se consideran ídolos?

A.C.: Es un orgullo que aún me recuerden, porque ser referente del equipo y como bogotano me llena de mucha satisfacción y, la verdad, eso hace que guarde los mejores recuerdos.

L.P.: Uno las cosas se las gana y eso hay que dejárselo a la gente. Yo todo lo que he hecho con Santa Fe es de corazón, porque le debo mucho y no es frase de cajón, es puro sentimiento porque este equipo ha sido todo para mí y estar hoy acá es cumplir otro sueño.

Ustedes han hecho mucho por Santa Fe, ¿la institución se los ha reconocido?

A.C.: Lamentablemente a veces las instituciones no se comportan con uno y son desagradecidas en cierta forma. Hasta el año pasado tuve la oportunidad de estar trabajando en las divisiones menores y de un momento a otro me pasaron la carta y salí. Hoy no tengo siquiera la entrada al estadio.

L.P.: Dicen que los jugadores pasan y las instituciones quedan, pero a veces los futbolistas se convierten en instituciones por todo lo que han hecho por ellas al dejar su juventud, su familia y otras cosas por defender esa camiseta, y ‘El Maestro’ es un ejemplo de ello. Hay que saber reconocerles a este tipo de insignias y no sé cómo me vayan a responder a mí en el futuro, pero siempre seré santafereño y si me pagan bien o mal, pues ya Dios proveerá.

¿Cómo se ven a los 70 años?

A.C.: Estoy cerca -tiene 64- y siempre me encomiendo a Dios y a la Virgen para que pueda vivir muchos años más y con la bendición de la salud, que es lo más importante.

L.P.: Llegar al menos a esa edad sería mucho decir, pero apenas voy a cumplir 34 —ayer los celebró— y justo mi fecha de nacimiento coincide con la fundación de Santa Fe, entonces como que el destino quiso que nuestras vidas estuvieran juntas.

Por Fabián Mauricio Rozo Castiblanco

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