Por: Antonio Casale

Los representantes

Los representantes de jugadores son los encargados de negociar los contratos de sus apoderados. También les manejan la imagen y les consiguen contratos publicitarios. Escogen las condiciones en las que sus pupilos van a vivir en el club para el que firmen y en muchos casos les manejan el dinero, sus cuentas e incluso hacen su plan de inversión. También presionan al seleccionador de turno para que sus dirigidos tengan una palomita en el equipo nacional y así poderlos valorizar más. Hacen amigos en la prensa para calentar el ambiente en favor o en contra de una negociación y hacer que la hinchada meta presión.

Para ser agente FIFA es necesario sacar la licencia en la Federación, ser abogado o familiar en primer grado de los jugadores a los que se representa. Después, pagar una licencia anual cercana a los 1.000 euros.

Los directivos están cansados de buscar un jugador y que a este le salgan dos o tres representantes, les pidan un dinero que no tienen y los manden al frente con la prensa por no ser capaces de contratarlo. Y es que los presupuestos de los clubes hace mucho rato son inferiores a las aspiraciones de los representantes. Los equipos intentan complacer a sus hinchas con un par de nombres importantes, pero cada día es más difícil hacerlo. Las arcas de los clubes de fútbol, en todo el mundo, se están quebrando porque los directivos gastan más de lo que tienen. Esto, traído a Colombia, se traduce en equipos cada día más pobres que pagan una cantidad exorbitante de dinero por dos o tres jugadores con los que rompen el marrano, pero cuyo rendimiento rara vez es óptimo. Lo que está al alcance del mercado son jugadores de segunda división de Argentina o criollos repatriados tras fracasar en el exterior. Uno de ellos se puede ganar entre 100 y 200 millones de pesos al mes (sueldos mucho mayores al de presidentes de empresas exitosas que se han matado toda la vida trabajando) mientras que uno normalito, de unos 25 años, con experiencia a nivel local, la mayoría, cobra dos o tres millones mensuales.

Es verdad que la carrera de los jugadores es corta. Por eso mismo este tipo de brechas entre los que ganan bien (llevados por sus representantes) y los que hasta ahora comienzan no les convienen ni a los jugadores, ni a los clubes, ni a los mismos empresarios, que en un futuro no muy lejano verán cómo se revienta la burbuja y su negocio se va a pique. Lo peor es que no parece haber una salida digna. Antes, los pases de los jugadores se negociaban entre clubes, lo que convertía la profesión de futbolista en un mercado de esclavos. Era muy difícil conseguir buenos contratos y a los jugadores les tocaba jugar donde su dueño escogiera. Pero desde que utiliza la figura de los representantes el mercado se salió de control. Pedirles mesura en sus aspiraciones resulta un canto a la bandera. El caso es que ya son muchas las voces que coinciden en que el fútbol no está lejos de reventarse como negocio. Cada día son más los equipos quebrados, mientras los pocos jugadores tetramillonarios que hay hacen alarde de su riqueza en redes sociales.

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2019-12-30T20:00:00-05:00

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