Publicidad

Los señores de los anillos

Cada Olimpiada convierte a deportistas en leyendas y en Pekín 2008, a falta de uno, cinco entraron a la dorada historia de los Juegos. Phelps fue el rey con ocho oros, Bolt el dueño  de la velocidad, Isinbayeva conquistó los cielos,  Nadal no dejó dudas y Li Xiaopeng, profeta en su tierra.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
El Espectador
23 de agosto de 2008 - 02:34 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

LI XIAOPENG

Dos de oro

No tiene rival en las barras paralelas y con su puntuación, aseguró la medalla para la delegación local en la competencia por equipos. Y como buen chino, le da más relevancia al trabajo en grupo que a su propia presentación. “Aquí varios deportistas hemos conseguido triunfos, preseas, pero lo importante es que sirvan para que ganemos los Juegos”, dijo enfundado en la sudadera blanca, roja y amarilla que luce con orgullo. Tiene 27 años, mide 1,62 metros y pesa 54 kilogramos. Había ganado dos medallas de oro en Sydney 2000, pero quedó con la espinita de Atenas, en donde ocupó el tercer lugar. En 2008 tuvo la revancha al llevarse dos medallas doradas y de paso anunció que se retirará a final de año para dedicarse a formar nuevos campeones en una escuela deportiva que creará el Gobierno chino.

USAIN BOLT

El hijo del viento

El jamaiquino Usain Bolt se dio el lujo de que 90 mil personas le cantaran el cumpleaños feliz la noche del viernes, en la que ganó con su equipo la posta de 4x100. Esa fue su tercera presea dorada con récord mundial incluido, pues ya se había coronado en los 100 y los 200 metros. Sin embargo, lo que más sorprende es que con apenas 22 años, corra con tanta tranquilidad. Sus admiradores, e incluso sus detractores, lo califican como el mejor velocista de la historia, así lleve apenas tres años en la alta competencia. Mide 1,86 metros, pesa 86 kilogramos y salió del anonimato en mayo pasado, cuando hizo el récord mundial del hectómetro. Hace una semana les sacó metro y medio a sus rivales, en la final más fácil de la historia, y paró el cronómetro en un impresionante 9,69.

MICHAEL PHELPS

El rey del agua

Para poder ganarse ocho medallas de oro y llegar a la cifra de 14 en Olímpicos,  Phelps entrenó cuatro horas diarias durante los últimos dos años, un trabajo duro, pero sin duda bien remunerado, pues su hazaña le representará, según la revista Sports llustrated, 150 millones de dólares en premios y nuevos contratos, cifra nada despreciable para un joven de 23 años. “Soy un pez que vive fuera del agua”, le dijo a El Espectador horas antes de iniciar su gesta. Y confirmó sus palabras en la piscina en la que se batieron 26 marcas mundiales, ocho de ellas suyas.  Participó por primera vez en unos Olímpicos en Sydney 2000, cuando con sólo 15 años consiguió un “modesto” quinto lugar en los 200 mariposa. En Atenas se colgó cuatro oros y dos bronces. Posee 17 títulos orbitales.

YELENA ISINBAYEVA

La diosa de las alturas

Nació en Volgogrado, Rusia, hace 26 años y actualmente es la atleta más importante del mundo. En Atenas 2004 logró su primera medalla de oro con récord mundial, hazaña que repitió el martes pasado, cuando nuevamente se subió al escalón más alto del podio y mejoró su plusmarca. Bella, inteligente y con un talento impresionante, Yelena incursionó en la gimnasia, pero uno de sus entrenadores la convenció de que en el salto con garrocha tendría más éxito. El estratega no se equivocó, pues la rusa ha conseguido 23 récord mundiales y en 42 presentaciones desde 2004, apenas cayó en dos. Saltó 5,05 metros en Pekín y por eso recibió 500 mil dólares que engrosarán su ya jugosa cuenta. Ahora vive con su familia en Mónaco y se codea con las personalidades del ‘jet set’ mundial.

RAFAEL NADAL

El huracán Rafa

Acaba con todo lo que encuentra a su paso. Nadal es una máquina de jugar al tenis a la que no le falla ninguna pieza. Al menos no en 2008, cuando se apoderó del primer lugar del escalafón mundial. Y la mejor manera de confirmar que es el mejor jugador del momento fue conquistando la medalla de oro, a la que aspiraba su máximo rival, el suizo Roger Federer. En los Olímpicos el español vivió una experiencia inolvidable, pues a pesar de las recomendaciones de sus entrenadores, compartió con los otros deportistas y se hospedó en la Villa. Incluso desfiló y se gozó como ninguno la ceremonia de inauguración. En la cancha jugó como siempre, al ciento por ciento. Llegó, jugó, ganó y se fue a preparar el Abierto de Estados Unidos, porque la máquina ganadora debe seguir produciendo.

Por El Espectador

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.