María Isabel Urrutia, la leyenda bañada de oro

La vallecaucana ahora es la encargada de entrenar al equipo de pesas de Bogotá. Ganó el Premio Vida y Obra de El Espectador y Movistar.

María Isabel Urrutia recibió el premio Vida y Obra.  / Mauricio Alvarado
María Isabel Urrutia recibió el premio Vida y Obra. / Mauricio Alvarado

“En los entrenamientos, los lanzadores alzamos pesas, pero yo prefería cambiarlos por cualquier otro, porque no me gustaba alzarlos. Pensaba que se me iban a poner los brazos muy gruesos. Me aterraba la idea de tener tantos músculos”, rememora, 37 años después de comenzar en este deporte, María Isabel Urrutia, primera medallista de oro olímpica del país, quien ganó en la disciplina de levantamiento de pesas en los 75 kilogramos en los Juegos Olímpicos de Sídney en el 2000.

Su carrera deportiva comenzó a los 13 años, de casualidad. Por un giro del destino María Isabel Urrutia pasó de ser una niña que jugaba fútbol y yermis en el barrio Mariano Ramos en Cali (Valle del Cauca) a ser una deportista en 1978, año en el que se inició en el atletismo, cuando un grupo de entrenadores de esta disciplina llegó a su barrio y vieron su velocidad y talento. Su comienzo fue relámpago, pues con tan sólo ocho días de entrenamiento presentó pruebas en el selectivo de Cali en la categoría infantil y tuvo una excelente participación, por la que fue escogida para representar a su departamento en el Campeonato Nacional de Atletismo en Bogotá. A partir de ese momento, su vida estuvo enfocada en el deporte, en las disciplinas de lanzamiento de bala y disco.

Pese a tener mucho talento, al principio no contó con el apoyo de Pedro Juan, su padre, porque él pensaba que las mujeres debían estar en casa. Pese a esa situación, Urrutia siguió entrenando a escondidas de él, con la ayuda de su madre, Nelly, quien la apoyó desde el primer momento. Al ver sus avances, la percepción de Pedro Juan cambió, debido a que el deporte en la vida de su hija representaba progreso y educación, tanto así que consiguió un empleo de medio tiempo en un call center, con el que se costeaba sus gastos y ayudaba con lo que podía en casa.

En su paso por el lanzamiento de bala y disco obtuvo títulos nacionales e internacionales. Además, tiene récord nacional en lanzamiento de disco y participó en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988, tras los que se dejó convencer por Gancho Mitev Karouchkov, entrenador de pesas, pese a que no le gustaban. A él lo llama “el papá de la exigencia” y fue quien la acompañó en el camino de gloria que llegó a su vida con la práctica de esa disciplina. En su primera aparición ocupó el segundo puesto en el Campeonato Mundial de Pesas de 1989 y luego fue campeona en cinco oportunidades: Sarajevo 1990, Alemania 1991, Turquía 1994, China 1995 y Polonia 1996.

Su gran hazaña se dio el 20 de septiembre de 2000, cerca de las 11 de la noche (hora colombiana), durante los Juegos Olímpicos de Sídney. A sus 35 años, Urrutia salió de los camerinos, gritando, con gran seguridad y luciendo una trusa con los colores de la bandera tricolor, para enfrentarse a su segundo intento en arranque, en el que logró levantar 110 kilogramos. En su tercer intento falló. Luego pasaron a la ronda de envión. En la primera oportunidad, con las venas de su cuello sobresaliendo y dando la sensación de explotar y sus ojos mirando un punto fijo hacia el horizonte, logró levantar sin errores 135 kilogramos, los cuales fueron claves al final de la competencia para tener el honor de colgarse una medalla de oro, tras vencer a una de las favoritas, la coreana Kim Soon-hee.

Este triunfo marcó su vida y la del deporte colombiano. “Terminar mi carrera deportiva con ese gran éxito no fue nada fácil, porque nadie creía en mí”, afirmó María Isabel Urrutia. La medallista de oro cree que el haber ganado esa presea dorada dividió su vida en un antes y un después en el deporte, debido a que los deportistas del país se dieron cuenta de que se puede llegar a un podio olímpico.

Sus proezas no pararon con esa medalla. En 2002, Urrutia, una mujer de retos y armas tomar, se lanzó al ruedo en la política como representante a la Cámara del Congreso de la República en representación de las negritudes. En esa participación fue autora de 35 proyectos, entre ellos el pago de cuatro salarios mínimos mensuales de por vida a los deportistas que obtengan medallas en varios certámenes deportivos; se trata de la modificación de la Ley 181 de 1995. En 2006, nuevamente consiguió una curul. Su carrera política se extendió hasta 2010, al lanzarse como candidata a la Alcaldía de Cali, aunque esa vez perdió la batalla en las urnas.

“Al ver que Colombia ha avanzado en el tema del deporte, digo que valió la pena haber estado en la política, porque el deporte ahora tiene recursos para realizar eventos internacionales y estando ahí pude mostrar lo que los deportistas necesitan. Cumplí con mi objetivo”, dice.

Otros de los grandes retos que asumió mientras avanzaba en su carrera deportiva fue estudiar una licenciatura en educación física y deporte. “Duré toda la vida estudiando la licenciatura. Me demoré como 10 años para graduarme, pero al final terminé”, contó Urrutia.

La campeona olímpica ahora es entrenadora de la Liga de Pesas de Bogotá, cargo en el que se desempeña desde hace casi dos años, y simultáneamente estudia derecho, la que ahora se convirtió en su gran pasión, en la Universidad Ideas. Y no duda en decir: “Creo que Dios lo tiene a uno destinado para ciertas cosas y me dio la opción de ser medallista”.

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