9 Dec 2018 - 2:00 a. m.

Daniel Restrepo y un gran salto al éxito

El antioqueño, de 18 años, se coronó campeón mundial y olímpico. Tokio 2020 y comenzar la universidad son sus próximas metas.

Natalia Tamayo Gaviria - @nataliatg13

Daniel Restrepo campeón en trampolín 3m en los Juegos Olímpicos de la Juventud.  / Nelson Sierra
Daniel Restrepo campeón en trampolín 3m en los Juegos Olímpicos de la Juventud. / Nelson Sierra

Cuando escuchó la combinación de su nombre y apellido seguido de la palabra “Colombia”, antes de recibir la medalla de oro por su desempeño en el trampolín de tres metros en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires, el llanto no le dio tregua a Daniel Restrepo García. Fue el momento más importante de su carrera deportiva.

Sobre el podio, con las miradas y los lentes enfocados en él, entendió que estar ahí era el resultado de haber tomado buenas decisiones, cumplir con sus entrenamientos diarios de más de seis horas, repetir con terquedad los saltos mal ejecutados, aprovechar el apoyo de sus padres, Mario Restrepo y Lucy García, además de arriesgarse a probar en otras latitudes para mejorar en cada intento.

“Para ser campeón mundial tuve que ir primero a dos mundiales. Para ser campeón olímpico tuve que ser campeón mundial. Fue un proceso muy largo, de ocho años”. Daniel describe así la que ha sido su mejor temporada deportiva. El 23 de julio de este año se colgó, por primera vez, una presea de oro en el trampolín de tres metros del Mundial Juvenil de Clavados, en Ucrania. Este triunfo le aseguró su cupo para Buenos Aires 2018, en donde además le dio dos medallas a Colombia, en individual y equipos mixtos, junto a la china Shan Lin.

El antioqueño de 18 años se ríe cuando las miradas se enfocan en sus manos, con pequeñas heridas por quitarse los cueros de las uñas. Y le llegan las preguntas por su déficit de atención e hiperactividad, diagnóstico que lo empujó a convertirse en un deportista consagrado. A los cuatro años los médicos les dieron dos opciones a sus padres: controlar el cuadro clínico con pastillas o involucrar a Daniel en una actividad física para reducir el exceso de energía. Según él, el estado de sus dedos es por ansiedad y no porque siga siendo ese niño inquieto obligado a estar en una de las piscinas de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, en Medellín, para evitar ser medicado.

Sus papás escogieron la natación de clavados sin entender bien en qué consistía esta disciplina, sin saberse un solo nombre de un deportista que lo practicara, sin saber que China es la potencia mundial ni, mucho menos, pensar que Daniel se convertiría en una estrella. “A mí no me dejaron elegir, estaba muy pequeño. Me inscribieron en los clavados y, la verdad, es que me gustó y no me dio curiosidad intentar otra cosa, como el fútbol, que tiene mucha demanda en Medellín”.

Fue tal el compromiso con sus entrenamientos, con mejorar la técnica, con aspirar a una medalla mundial, que no le importó madrugar todos los días para cumplir con su rutina, de 6:00 a.m. a 11:00 a.m., para poder estudiar en las tardes y graduarse del colegio Salazar y Herrera hace dos años. Durante este período se concentró en sus prácticas, en dejar el estrés cuando ejecuta el salto tres y medio atrás, el mismo que le jugó una mala pasada en el Mundial de Rusia 2014, en planear su futuro deportivo. Ahora su proyecto es combinar sus prácticas y competencias en los clavados con la carrera de Mecánica Automotriz que comenzará en 2019. Además tiene en su meta los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, por lo que el año entrante deberá lograr la clasificación, que es la puerta de entrada.

La simpatía de Daniel aumenta cuando confiesa, con las eses más marcadas de lo normal, que Bogotá le produce pereza, que el traje de paño le estorba, que el protocolo lo aburre, que su vida está bajo el agua o sobre un trampolín, pero en Medellín, porque para él no hay mejor vividero que la ciudad donde nació y se convirtió en un deportista de alto rendimiento. Es tanto su amor por la capital antioqueña que rechazó una oferta de irse a Estados Unidos para entrenar y prepararse allí, pues no hay nada como sus montañas, su gente y su comida.

Es consciente de que los reconocimientos, como el de ser el mejor deportista juvenil del año en Colombia, son la clara evidencia de que está haciendo las cosas bien y un aliciente para esforzarse más de lo que lo ha hecho hasta ahora.

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