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¿El comienzo del fin? LeBron James y su fracaso con Luka Doncic en los Lakers

Las razones de la temprana eliminación del equipo de Los Ángeles en la primera ronda de los playoffs. ¿Hay futuro después de la eliminación?

Fernando Camilo Garzón

02 de mayo de 2025 - 03:00 p. m.
LeBron James, la principal figura de los Lakers.
Foto: Getty Images via AFP - HARRY HOW
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A mitad de temporada, la NBA se estremeció con una noticia que encendió la ilusión en Los Ángeles: Luka Doncic aterrizó en los Lakers para formar una dupla de ensueño con LeBron James. Era una apuesta ambiciosa, que convertía al equipo californiano en un serio candidato al anillo.

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Sin embargo, cinco meses después, ese sueño terminó en pesadilla: Minnesota Timberwolves los eliminó 4-1 en la primera ronda de los playoffs, evidenciando que el talento individual no basta sin estructura, defensa ni fondo de plantilla.

El golpe fue duro no solo por el resultado, sino por cómo se dio. El quinto juego fue el espejo de toda la serie: los Timberwolves, pese a tener una pésima noche desde el perímetro, dominaron a placer a unos Lakers desorientados y sin energía. El equipo angelino, limitado en su rotación, volvió a tropezar con los mismos errores: una defensa frágil, una ofensiva predecible y una dependencia absoluta de un LeBron James de 40 años, que aunque sigue siendo una fuerza en la cancha, no puede cargar solo con la responsabilidad de ganar una serie tan exigente.

Una dupla sin química ni equilibrio

El fichaje de Doncic fue interpretado como un golpe maestro de la gerencia, un paso más en la carrera por darle un nuevo anillo a LeBron. Sin embargo, el efecto no fue inmediato.

Luka llegó con toda su capacidad creativa y su talento anotador, pero sin una integración adecuada al sistema y, lo más grave, con serias falencias en defensa. Su desconexión fue evidente en la serie. Anthony Edwards lo expuso cada vez que pudo y, en varios momentos, los Lakers se vieron obligados a esconderlo en defensa, sin éxito.

La falta de química fue notoria. LeBron y Luka no encontraron la manera de complementarse en momentos clave. En lugar de potenciarse, a menudo se estorbaban, alternándose el balón pero sin una estrategia clara. La ofensiva se volvió estática, predecible, y eso facilitó el trabajo de los Timberwolves, que supieron cómo cerrar los caminos al aro.

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El precio de una rotación limitada

La debilidad estructural del equipo quedó al desnudo. Mientras Minnesota rotaba con ocho jugadores que disputaron más de 100 minutos en la serie, los Lakers se aferraron a su quinteto inicial hasta el desgaste.

La mano inexperta de J.J. Redick en el banquillo se notó con claridad. En varios partidos, especialmente en la segunda mitad, su decisión de mantener a los titulares sin descanso fue letal. El equipo se quedó sin piernas ni respuestas.

La falta de confianza en los jugadores de rol fue otro problema.

Minnesota, sin ser un equipo avasallador en lo ofensivo, dominó los tableros en los dos lados de la cancha. Ganaron los rebotes ofensivos claves, limitaron las segundas oportunidades de los Lakers y castigaron cada despiste defensivo.

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La ausencia de un poste dominante, alguien que impusiera presencia en la pintura y peleara cada rebote, fue determinante.

Defensa, esa vieja deuda

Hay un viejo axioma en el baloncesto: “las ofensivas ganan partidos, las defensas ganan campeonatos”. Los Lakers de esta temporada parecieron ignorarlo.

La llegada de Doncic supuso perder a uno de los mejores defensores del equipo, Anthony Davis, un movimiento que Nico Harrison, gerente general de los Mavericks, había hecho por esa misma razón: la defensa de Luka era un pasivo demasiado costoso en la postemporada. En Dallas no lograron corregirlo y en Los Ángeles se notó.

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El equipo no encontró nunca una identidad defensiva sólida. LeBron cumplió con esfuerzo, pero a su edad ya no tiene la explosividad para cubrir tanto terreno.

LeBron, entre la leyenda y el desgaste

LeBron jugó una de sus mejores postemporadas con los Lakers y su tercer juego en la serie fue una joya individual. Pero, también fue la muestra de un equipo quebrado: lo dejó todo, y aun así no alcanzó. Terminó agotado, visiblemente desgastado, y con un discurso final que dejó entrever su posible retiro. No es seguro que haya sido su último partido, pero sí es claro que cada temporada se hace más cuesta arriba.

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El problema de fondo no es solo la edad de LeBron. Es que los Lakers no construyeron un equipo que lo respaldara. No hubo un socio real en la cancha.

¿Qué sigue para los Lakers?

La eliminación ante Minnesota obliga a una reflexión profunda. La temporada comenzó con ilusión, creció con el golpe mediático del fichaje de Luka Doncic, pero terminó en una frustración que ya empieza a volverse costumbre. En el análisis frío, el experimento fracasó: no hubo química, no hubo defensa, no hubo rotación, no hubo resultados.

Con LeBron en duda sobre su futuro, la gerencia tendrá que decidir si apuesta por una reconstrucción profunda o intenta exprimir las últimas temporadas con el ‘Rey’ como bandera. Lo único seguro es que no basta con juntar estrellas: hay que construir equipos. Y los Lakers, este año, nunca fueron uno.

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