9 Dec 2018 - 2:00 a. m.

Freddy Marimón, el surfista colombiano que no tiene límites

Trece años. Cincuenta kilos. Una patineta. Una tabla de surf. Un soporte físico y emocional: Ilsy Blanco Alcázar. Múltiples menciones y medallas deportivas. Ningún límite y un ejemplo de vida.

Juan Carlos Piedrahita

Ilsy Blanco Alcázar y Freddy Marimón Blanco, madre e hijo, son una dupla unida por el amor, la constancia y el deseo de superación.  / Nelson Sierra G.
Ilsy Blanco Alcázar y Freddy Marimón Blanco, madre e hijo, son una dupla unida por el amor, la constancia y el deseo de superación. / Nelson Sierra G.

La tabla de Freddy Marimón tiene nombre y apellido: Ilsy Blanco Alcázar. Ella es su soporte y la persona que con sus decisiones acertadas ha guiado al deportista hasta convertirlo en campeón y en el único colombiano en moverse con suficiencia dentro de la élite mundial del surf, una disciplina hasta ahora incipiente en el país.

Marimón, de 13 años y 50 kilos, cuando está en tierra se desplaza con facilidad utilizando una patineta regalada, mientras que en el momento en el que decide conquistar el mar, lo hace a través de una tabla de surf, un artefacto que de un tiempo para acá se ha encargado de multiplicar los sueños de este deportista cartagenero. En ambos escenarios, tanto en tierra como en agua, la presencia de Ilsy Blanco es determinante.

Es extraño, pero Freddy Marimón aprendió a surfear en el asfalto. Vive en una de las zonas poco turísticas de Cartagena de Indias, así que la playa más cercana a la que tiene acceso está a una hora y media en transporte público. La distancia entre él y la primera ola apta para practicar su deporte favorito es todavía mayor, de ahí que las lecciones iniciales las recibió en tierra haciendo equilibrio sobre esa patineta que le facilita la vida y le alegra la cotidianidad.

Con la patineta se moviliza, juega, se comunica y hasta se vuelve un arquero infalible en el fútbol, otra de sus pasiones confesas. Sobre su tabla de surf se concentra, anhela, se siente el rey de los mares y confirma las razones por las que le gusta que le digan La foquita Marimón. El color de su piel, el tamaño, pero sobre todo la manera en la que domina los ires y venires de las aguas en su formato más salado, le dan validez a un sobrenombre que jamás lo ha incomodado.

Ilsy y Freddy están conectados umbilicalmente. Los dos son muy buenos contando historias, enmarcando los hechos con anécdotas únicas condimentadas con ese acento caribeño que los hace todavía más genuinos. Ella relata desde la sensibilidad lo que sintió la primera vez que lo vio dentro de su barriga; él, más espontáneo que calculador, dice que por esas cosas exóticas de la vida siempre le han llamado la atención los zapatos deportivos, aunque nunca ha podido calzarse uno de ellos.

Para Ilsy Blanco, Freddy Marimón es un regalo envuelto en un empaque especial. Más que una oportunidad para crecer, lo ve como la evidencia de un futuro sonriente, espléndido y colorido. Para él, Ilsy es el fundamento de lo que hace dentro y fuera del entorno deportivo. Es la fuerza que lo impulsa para desplazarse en tierra y superar obstáculos, es, sin ir más lejos, mucho más que el equilibrio sobre su tabla de surf desde donde ve el universo a partir de 2016, cuando compitió por primera vez en California, Estados Unidos.

Lo que alguien con toda la atención del caso tarda en aprender más de cuatro meses, Freddy Marimón lo logró en menos de una semana. Su cuerpo, de dimensiones mucho menos generosas que su poderío interior, asimiló las primeras instrucciones del surf como si hubiera nacido para desempeñarse en esa disciplina y como si el deporte de conquistar las olas del mar tuviera el máximo arraigo en Colombia.

Marimón vive al límite siempre y su cotidianidad tiene la velocidad que alcanza a desarrollar su patineta en una de las carreteras de su Caribe; mientras que Ilsy Blanco es pausa, reflexión y mucho de la sapiencia que ha marcado el rumbo del deportista desde que obtuvo su primera medalla de bronce en el US Open de surf adaptado, que se llevó a cabo en Oceanside, California.

En aquella oportunidad, el surfista prometió logros mayores. Él quería preseas de un tono más brillante. Ilsy, por su parte, estaba feliz y conmovida, aunque, tal vez, por dentro sabía que lo próximo que tendría colgado del cuello su hijo sería una de oro. No se equivocó en la medalla, aunque no le atinó en el número porque en el pasado mes de octubre Freddy Marimón se quedó con dos de las máximas distinciones en el mismo certamen realizado en Estados Unidos.

En tierra y en agua, el deportista cartagenero arrasa. Se deja llevar por el impulso de su edad, pero al mismo tiempo escucha la voz sabia de su madre, que optó por traerlo al mundo conociendo algunas de las malformaciones que podía tener. Tanto para ella como para él, lo menos importante es que a Freddy Marimón Blanco le amputaron por decisión médica las dos piernas y su brazo derecho jamás se desarrolló.

Lo que para muchos de los mortales esa condición pudo ser un obstáculo, para esta familia humilde radicada en el Caribe colombiano ha sido el vehículo para salir adelante y ser ejemplos de vida para todo un país. Ilsy Blanco y Freddy Marimón son cómplices, aliados, la tabla de salvación mutua y, sobre todo, dos colombianos que han detectado en la adversidad un mar de posibilidades.

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