25 Mar 2017 - 3:50 a. m.

"La discapacidad está sólo en la mente": Nelson Cardona

Este manizaleño ha conquistado la cima de los montes más altos del mundo. Ni la amputación de su pierna derecha, ni las cinco fracturas maxilofaciales, ni la pérdida de sus dientes, ni la fractura cranoencefálica, fueron impedimento para cumplir sus sueños.

Nelson Cardona Carvajal

Para el montañista manizaleño Nelson Cardona no hay obstáculos para conquistar sus metas.   / Archivo personal
Para el montañista manizaleño Nelson Cardona no hay obstáculos para conquistar sus metas. / Archivo personal

Soy un escalador de sueños, me dedico a escalar mis propios sueños de color y brillo para que se hagan realidad. Soy manizaleño, nací en 1963, justo cuando hubo un terremoto en Manizales. Así se dio el inicio de mi historia, en medio de una catástrofe. Un indicio de lo que iba a ser mi vida, de subidas y bajadas, de golpes y derrotas.

Mi padre me llevó a las montañas desde pequeño. Él fue uno de los primeros escaladores del Nevado del Ruiz, Ismael Cardona. Allá me enseñó los sonidos del silencio y la música del viento, cosas que en un colegio uno no aprende. Me inculcó el amor por la naturaleza, un legado para el resto de mi vida.

Me fui de la casa a los 12 años, recorrí todo el país. Tuve la oportunidad de navegar por los ríos Putumayo y Amazonas, fui marinero de agua dulce, en un remolcador. Esa fue mi vida de los 12 a los 20 años.

Volví a la casa y me convertí en guardaparques del Sistema de Parques Nacionales, porque mi padre decía que la máxima expresión del espíritu eran las montañas y que había que cuidarlas porque ahí nace el agua y la vida. Estuve 20 años cuidando el nevado del Tolima. Le entregué mi corazón y alma al cuidado de este ecosistema espectacular, de esa estrella hídrica, donde nace el agua para 37 municipios y se abastecen 2,5 millones de personas en los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima.

Y allí conocí a personas que escalaban el monte Éverest, me hice amigo de ellos, porque me decían que yo tenía fuego en la mirada cuando me hablaban de montañas. Entonces me llevaron a escalar efectivamente el Éverest en 1997. En el 98 fuimos al Himalaya; perdimos a nuestro compañero Lennin Granados en el monte Manaslú. Regresamos al Éverest en 2001, cuando Colombia por primera vez conquistó la cima; yo no pude llegar. Conocí a grandes amigos como Juan Pablo Ruiz y Marcelo Arbeláez, pioneros del montañismo en Colombia.

En 2007, cuando el proyecto era llevar a tres mujeres colombianas al Éverest, porque el mundo tenía que conocer la fortaleza y el liderazgo de la mujer colombiana. Íbamos con tres lindas representantes como Ana María, Katy y Mónica. La idea era atacar la cima sin oxígeno Luis Felipe Ossa y yo.

Pero en 2006, en el nevado del Ruiz, preparándonos para esta odisea tuve un accidente y volé por un abismo de 18 metros. Sufrí cinco fracturas maxilofaciales, perdí mis dientes, tuve una fractura cranoencefálica; mis manos y mis piernas, podría decir que se pulverizaron. Quedé parapléjico durante tres años. Me fueron haciendo cirugía tras cirugía. Al segundo año estuve en una silla de ruedas. Me vine para Bogotá donde me hice varias cirugías. 

Una vez vi a un atleta australiano que no tenía ambas piernas y hablaba de lo bella que era la vida. Me invitó a verlo escalar sin piernas y se convirtió en la gran inspiración. Fue el chic para cambiar mi parte mental. Y esto hace que tome la decisión de desprenderme de mi pierna, porque todo el cuerpo me sanó menos mi pierna derecha, lo hice en un ritual del desprendimiento. Porque los seres tenemos que soltarnos a veces de las cosas que no nos sirven. Entonces como discapacitado estaba lleno de resentimientos conmigo mismo, con la sociedad.

Estaba cargado de envidias, rencores, tristezas y miedos. Lo que hice fue desprenderme de mi pierna, me despedí y comenzó un nuevo ser humano sobre la tierra. Comencé a crecer espiritualmente. Esto me dio paso para que yo me dijera: “Esto no puede quedar acá”. A mis amigos de Epopeya, que fueron los primeros colombianos que escalaron el Éverest, les compartí la idea y les dije que me acompañaran en la aventura de llegar a la cima del mundo en mi situación de discapacidad y llevar un mensaje al mundo de que en Colombia hay gente que en vez de ser víctima quiere ser protagonista.

Fuimos y me convertí en el primer humano en escalarlo en una sola pierna. Pero esto no se quedó acá, porque los colombianos tenemos que seguir soñando, somos una raza de empuje, emprendedora y ahí nació entonces el proyecto de las Siete Cumbres más altas en cada continente. El Éverest, en Asia; el Kilimanjaro, en África; el Aconcagua, en Suramérica; el Monte Binsond, en la Antártica; Elbrus, como la montaña más alta de Europa en Rusia central; el monte Denali, en el círculo Ártico, y Karfeinz, en Nueva Guinea, en Indonesia.

El año pasado acabamos ese proyecto para entregarle un legado al mundo desde Colombia que la discapacidad está sólo en la mente de los seres. Y que lo que la mente es capaz de concebir uno lo puede lograr, porque la riqueza no radica en lo que se tiene, sino en lo que se es.

Con Epopeya llevamos ese mensaje a las empresas. En forma de analogía entre una montaña y una compañía en temas de liderazgo, trabajo en equipo, la búsqueda de objetivos comunes y la toma decisiones en momentos críticos. Porque somos más los buenos que los malos y sólo alcanzarán el éxito quienes hacen los que les gusta. No sólo los golpes y las caídas son los que hacen fracasar, sino la falta de voluntad. El mundo está necesitado de protagonistas, más no de víctimas.

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