12 Apr 2020 - 2:00 a. m.

La gran depresión de la industria del deporte

La pandemia del COVID-19 paralizó al mundo como nunca antes y las pérdidas son incalculables. Pasarán meses o años para la recuperación económica de clubes, ligas profesionales, organizadores de torneos y federaciones.

Felipe Raymond

La presentación de la París-Niza, última prueba que se corrió en Europa, se realizó sin público. / AFP
La presentación de la París-Niza, última prueba que se corrió en Europa, se realizó sin público. / AFP

La gran depresión fue la peor crisis financiera mundial en el siglo pasado. Se originó en Estados Unidos, en 1929, tras la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York y tuvo efectos devastadores en casi todos los países del mundo, en los que la inseguridad y la miseria se transmitieron como una epidemia. El comercio internacional se vino a pique y pasó casi una década para que la economía se recuperara.

Pues eso mismo podría ocurrir ahora por la emergencia sanitaria del COVID-19, que tiene paralizado al mundo. Más allá de las víctimas fatales que ocasionará la enfermedad, las pérdidas económicas serán incalculables en todos los sectores.

Se acabó la buena racha

Desde 1992 la industria deportiva no había parado de crecer. Los Juegos Olímpicos de Barcelona y la multimillonaria venta de sus derechos de televisión transformaron un negocio que apenas en Estados Unidos sabían mercadear.

Tras tres boicots seguidos —en Moscú 1980, Los Ángeles 1984 y Seúl 1988—, las justas en territorio español fueron el punto de partida del concepto de que la actividad física de alto rendimiento era un espectáculo global que podía dar muy buenos rendimientos financieros. Y coincidió con la creación de la Premier League del fútbol inglés, el primer campeonato VIP fuera de Norteamérica.

En los últimos treinta años ha sido tan grande el desarrollo del deporte y las ligas profesionales, que, según la revista Forbes, esta actividad generó US$800.000 millones en 2019, casi el 1 % del Producto Interno Bruto del planeta. Pocos ámbitos resultaron tan rentables para los inversionistas, sobre todo teniendo en cuenta que además genera hábitos saludables de vida y buena imagen.

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Pero nadie contaba con una pandemia global como el COVID-19. Ni en los peores momentos de la humanidad, el mundo se había detenido como ahora. De hecho, las guerras mundiales afectaron a muchos países, pero en la gran mayoría la cotidianidad se mantuvo y las actividades deportivas continuaron. En cambio, desde hace casi un mes la pandemia obligó a la suspensión o el aplazamiento de todas las competencias en los cinco continentes, con los perjuicios que eso trae para organizadores, equipos, deportistas, entrenadores, empleados de clubes, aficionados, patrocinadores y personas directa o indirectamente relacionadas con el deporte, pues no tienen cómo producir lo que venden.

Pérdidas olímpicas

Tal vez el factor económico fue el que hizo que se demorara la decisión de aplazar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, previstos para julio próximo. Según la consultora japonesa Nomura, las pérdidas del sector turístico en ese país superarán los US$2.200 millones. Y a los US$28.000 millones del costo total de las justas habrá que sumarles algunos más que se generan por realizarlos en 2021.

El impacto también es grande en las principales ligas profesionales, aunque en la NFL —la de fútbol americano, que es la que más utilidades produce—, la pérdida será menor en caso de que el virus haya sido controlado en septiembre, cuando debe comenzar la temporada.

Pero en el baloncesto, de la NBA, cada uno de los treinta equipos ha perdido US$1,9 millones por partido que ha dejado de jugar. Hasta ahora han sido diez encuentros en promedio. Según Forbes y Yahoo Sports, la liga va a perder entre US$275 y US$500 millones, sin contar los US$1.500 millones que dejan de ingresar por concepto de publicidad.

La máxima categoría del automovilismo en el mundo, la Fórmula Uno, también suspendió el inicio de su temporada al postergar las primeras seis carreras del año: los Grandes Premios de Vietnam, China, Holanda, España, Mónaco y Azerbaiyán. Esa decisión le costó unos US$250 millones.

El tenis tampoco se ha salvado. La ATP canceló todos sus eventos hasta el 13 de julio, incluyendo los Masters 1000 de Indian Wells, Miami y Montecarlo, y los torneos de Barcelona y el Grand Slam de Wimbledon. Los directivos del All England Tennis Club de Londres son de los pocos afortunados que tenían una póliza de seguros contra pandemias, por lo que recibirán US$174 millones a pesar de no hacer el torneo. Pero el abierto de Francia, el Roland Garros, no tenía ese respaldo y con el fin de disminuir sus pérdidas fue aplazado para septiembre.

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Los torneos menores también se vieron afectados. El diario estadounidense The Post and Courier estimó las pérdidas que la cancelación del torneo de Charleston generaría en la industria del turismo. Con más de 90.000 espectadores y 2.500 cuartos de hotel ocupados por la semana que dura el certamen, se dejarán de recaudar unos US$30 millones.

Eso sin contar que las sorprendentes sumas de dinero que los patrocinadores y las cadenas de televisión pagaban por los mayores eventos deportivos seguramente disminuirá por un buen tiempo, porque las compañías que anuncian también necesitarán recuperarse económicamente y reorganizar su negocio.

El ciclismo, cuyo calendario en el primer semestre no se puso cumplir, espera con ansias que al menos el Tour de Francia se pueda correr para compensar a los grandes patrocinadores y atarlos para la próxima temporada.

Fútbol, el más afectado

El fútbol, el deporte más practicado y el que mayor capital mueve, es también el más afectado por la crisis.

En la Premier League, la competición doméstica que más ganancias genera (casi US$2.000 millones al año), los veinte clubes podrían perder US$900 millones en caso de que no se termine la temporada.

El Leeds United, uno de los equipos que estaba en la cima de la segunda división británica, anunció que por cada partido que no se juegue en su estadio, el Ellan Road, deja de recibir US$3 millones entre entradas, comida y venta de productos del club. También han perdido mucho dinero todas las ligas no profesionales de Inglaterra (de tercera división para abajo), que han recibido una donación de US$150 millones de la Premier.

En España las pérdidas de los equipos superarán los US$700 millones. Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid, entre otros, han recortado los salarios de sus futbolistas para poder seguir cumpliéndoles a los demás empleados de menores ingresos. La organizada Bundesliga alemana no se ha quedado atrás, pues los jugadores de Borussia Monchengladbach, Schalke 04, Borussia Dortmund y Bayern Múnich se bajaron el salario en un 20 % y esos clubes hicieron una donación para apoyar a los otros con dificultades económicas.

Además de esa disminución de los salarios de muchos deportistas, que no ocurre solo en el fútbol, ya hay casos de cancelación de contratos de publicidad entre algunas figuras y firmas internacionales que los tienen como imagen.

Para los románticos, lo bueno de esa situación es que el deporte recuperará su esencia, y la búsqueda de la gloria y la competencia pura superarán de nuevo a los intereses económicos publicitarios.

Colombia también es afectado

En nuestro país el deporte también sufrirá un duro golpe como consecuencia de la pandemia.

Veinte de los 36 clubes de primera y segunda división estaban al borde de la quiebra y la suspensión del campeonato perjudicó aún más sus finanzas. Dimayor calcula que las pérdidas de los equipos superarán los $80.000 millones. Y eso que es la única disciplina verdaderamente profesional con apoyo y patrocinadores. Excepto los deportistas de alto rendimiento, esos que representan al país internacionalmente y que reciben auxilios de sus institutos departamentales y del Comité Olímpico Colombiano, la gran mayoría no tienen recursos para afrontar el aislamiento y después continuar su carrera con normalidad.

Se trata de gimnastas, luchadores, voleibolistas, basquetbolistas, tiradores, atletas, patinadores, boxeadores y miles de deportistas que se dedican a sus disciplinas por puro amor a ellas. Esos que sueñan con trofeos y medallas, porque saben que no se volverán ricos con el deporte.

Y ni qué decir de los entrenadores y demás personal de apoyo, como fisioterapeutas, monitores y auxiliares. Pocos son los afortunados que tienen algún tipo de contrato laboral y garantías. Por lo general dependen de los resultados y del buen corazón de algún directivo que gestione recursos adicionales, pues normalmente esos dineros no están presupuestados en ligas regionales ni clubes deportivos.

A esos trabajadores del deporte en la base, en las categorías menores, que son la mayoría, de poco les sirve que el Gobierno haya garantizado dinero para el alto rendimiento. Tampoco los consuela que, como aseguró el ministro del Deporte, Ernesto Lucena, “no haya dinero para el fútbol profesional porque hay otras prioridades”, pues ellos tampoco son prioridad, además porque tampoco están muy organizados y no tienen poder de convocatoria.

Vienen tiempos difíciles para el deporte, pero si hay una actividad que enseña a superar las adversidades es esta. Quizá pasarán algunos meses o años para recuperar la estabilidad, pero los ídolos, héroes y campeones en todos los ámbitos celebrarán una victoria más, una muy importante, ante la depresión que dejó el coronavirus.

@teymond

fraymond@elespectador.com

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