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Íngrid Segura: la niña terremoto que se dejó llevar por las pesas

Criada en el seno de una familia de pesistas, la tulueña de 16 años lleva en las venas la pasión por la halterofilia.

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Valentina Fajardo
18 de diciembre de 2022 - 10:00 p. m.
Este año, Íngrid Segura fue triple medallista en el Mundial de Pesas Sub-17 en León (México).  / Nelson Sierra Gutiérrez
Este año, Íngrid Segura fue triple medallista en el Mundial de Pesas Sub-17 en León (México). / Nelson Sierra Gutiérrez
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La historia de amor entre Íngrid Segura y el levantamiento de pesas comenzó con el palo de una escoba. Cuando tenía ocho años era lo que ella llamaba una “niña terremoto” a la que no le gustaba quedarse sola en casa. Empezó jugando fútbol, pero simplemente lo hacía para matar el tiempo, porque lo que realmente la atrapó fue ver cómo su prima mayor iba a un salón lleno de barras, discos y un escenario de tres por tres metros en el centro.

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Una vez allí, Íngrid dio con Aymer Orozco, quien desde entonces ha sido el encargado de formarla como pesista. Al inicio se sintió un poco decepcionada cuando Orozco le pasó un simple palo de escoba para hacer las sombras del levantamiento de pesas. Duró casi un año trabajando así, hasta que por fin le dieron la varilla y poco a poco fue agregando los discos a sus extremos. Una vez obtenidas la fuerza mental y física, la técnica y la velocidad, Íngrid ya estaba levantando pesas como hacía su prima.

Marcia Grueso, su mamá, se negaba a verla en el levantamiento de pesas. Y no porque se tratara de un deporte en el cual sus protagonistas suelen ser hombres, sino por el miedo de que su hija menor pudiera llegar a hacerse daño. Su instinto maternal se disparaba cuando veía a Íngrid levantando casi tres veces su peso, así que muchas veces insistió en que probara otras disciplinas, como el patinaje.

Como toda una buena hija, Íngrid se calzó unos patines que le dio el Niño Dios en diciembre e intentó cumplir el deseo de su mamá. Sin embargo, al estar sobre las cuatro ruedas no se sentía tan plena como al tener una barra entre sus manos. Finalmente, Marcia terminó por aceptar que lo que en realidad hacía feliz a su hija eran las pesas y desde entonces ha sido una de las personas que más la ha apoyado en su carrera.

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Dos años después de iniciado el proceso con su entrenador, Íngrid empacó sus maletas y junto a Orozco decidieron probar suerte en Perú. Durante los tres años que estuvo en Lima tuvo la oportunidad de conocer la cultura local, empezó a tomarse el deporte más en serio e incluso intentó competir por la selección peruana de halterofilia. Pero las cosas no se dieron y volvió a casa para representar a Colombia en el Campeonato Mundial Sub-17 de Levantamiento de Pesas, en Yeda (Arabia Saudita), en 2021. Su actuación fue más que exitosa y con solo 14 años terminó colgándose tres medallas: una de oro y dos de plata en los 64 kilogramos.

Pero no todo ha sido color de rosa. Al empezar joven en la halterofilia, el cuerpo se desarrolla rápido, lo que hizo que sus bíceps se marcaran más que los de una niña de su edad. Esto llevó a que en sus años de colegio en Tuluá estuvieran llenos de actitudes malintencionadas, que por más que intentara ocultarlo, la afectaban profundamente. “Al principio fue duro, sufrí mucho bullying y especialmente en el colegio. Me decían que tenía cuerpo de hombre, pero a veces no hay que dejarse y siempre supe llevar todos esos comentarios que me hacían mis compañeros”, comenta Íngrid mientras recuerda aquellos amargos momentos que por poco hacen que abandonara las pesas.

Más de una vez ha dudado de si este es el camino correcto. La rutina de despertar, levantar pesas, descansar y retomar su entrenamiento ha llegado a frustrarla hasta el punto en el que tanto su cuerpo como su mente no dan más. Todas estas sensaciones nublan su cabeza, pero todo se despeja cuando vuelve a tener la varilla en sus manos. “A veces me pongo a pensar y digo: ¿si no estuviera en las pesas, qué estaría haciendo? Tal vez seguiría estudiando, pero no sería lo mismo. ¿Qué sería de mi vida? No lo sé, pero sin duda esta es mi mejor experiencia”, reflexiona.

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Tal como dice su apellido, Íngrid es una mujer segura, amable, orgullosa de sí misma, entregada a su pasión y, sobre todo, entregada a Dios. Antes de cada competencia lo primero que hace es cerrar los ojos y encomendarle todo a Él, ya que sabe que con su ayuda todo le será posible. “Siempre se lo pongo todo a Dios y le agradezco por haber llegado a ese punto. Porque es Él el que tiene el control; el que todo me lo permite”.

Su dedicación la ha llevado a ganar medallas en Arabia Saudita, México y Argentina, que poco a poco la han ayudado a crecer. “Así como me siento orgullosa al ganar, también lo hago cuando pierdo. En realidad es una gran enseñanza para mí, me llevo la experiencia porque sé que muchos no logran llegar hasta ese punto”. Íngrid Segura sueña en convertirse en una de las más grandes figuras de la historia de la halterofilia colombiana.

Valentina Fajardo

Por Valentina Fajardo

Comunicadora social y periodista e historiadora con énfasis sociocultural de la Universidad Javeriana. Principal interés en la historia deportiva, el fútbol y el tenis.@valfajardomvfajardo@elespectador.com

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