
“Para ser sincero, a mí no me gustaba correr”, recuerda Ronal Longa. De niño, su cabeza estaba en otro lugar: en una cancha de fútbol. Quería ser como las grandes estrellas de ese deporte. “Como todo niño cuando es pequeño, yo quería ser futbolista”, cuenta.
Sin embargo, eso cambió cuando un profesor del colegio Rufino José Cuervo, en Bogotá, lo invitó a probar algo que, hasta entonces, no le interesaba: el atletismo. En ese momento, el instituto educativo hacía parte de 40×40, un proyecto del IDRD creado en 2013 para promover la formación deportiva de niños, niñas y adolescentes. Fue allí donde Longa tuvo su primer encuentro con lo que empezaría a marcar el rumbo de su vida.
“Me metí porque quedaba frente a mi casa. La pista quedaba más o menos a unos diez minutos. Un profesor en el colegio me dijo que yo era muy bueno para correr. Yo jugaba fútbol antes y me dijo: ‘Usted es muy bueno para correr, debería estar corriendo, debería probar’”, recuerda.
Comenzó con salto alto, pero rápidamente descubrió que aquello no era lo suyo. Entonces pidió que lo cambiaran a los 100 metros planos. Y ahí, su cuerpo y la pista empezaron a conectarse. “Corrí 100 metros planos y me quedó gustando. Después pasé a los 200 metros planos y también me gustó. Sin embargo, no me convencía por completo; yo decía que lo mío era jugar fútbol”, cuenta.
Lea: Impactante accidente en la Fórmula 3 en Monza: un auto salió volando tras fuerte choque
Durante un tiempo, la pelota siguió ocupando el primer lugar en su cabeza. Hasta que, a los 16 años, decidió dejarla. Fue entonces cuando el atletismo dejó de ser una actividad del colegio y comenzó a convertirse en una posibilidad. “Después de retirarme, cogí en serio el atletismo. Me metí en 100 metros, corrí en intercolegiados y clasifiqué al Mundial de Cali 2022. Me gustó la emoción, que la gente gritara. Por eso me quedé”.
El siguiente paso fue dejar atrás el deporte escolar. Al salir del colegio ya no podía competir en los intercolegiados, así que se vinculó a la Liga de Atletismo de Bogotá. Desde 2019, empezó a entrenar con una mirada más profesional y a descubrir que, aunque le gustaba correr, todavía estaba muy lejos de los tiempos que soñaba alcanzar.
Todavía tiene presente aquella primera carrera de 100 metros planos. Fue en Bogotá, en la pista de atletismo de El Salitre. Allí marcó 11,80 segundos. Para él, en ese momento, era una marca extraordinaria.
Sin embargo, pronto descubrió que todavía tenía mucho por mejorar. Así lo supo cundo vio el tiempo del jamaiquino Asafa Powell, quien era su referencia en el atletismo.
Entrenó y, apenas dos meses después, bajó hasta los 10,80 segundos. Esa mejoría empezó a mostrarle que podía hacer del atletismo su forma de vida. Además encontró en el deporte una manera de cumplir, aunque fuera a la distancia, un deseo que su abuela —su mayor inspiración— había tenido durante toda su vida: ver a alguno de sus hijos o nietos convertirse en atleta.
Le recomendamos: La Vuelta a España recorta la etapa 15 por las altas temperaturas: fecha, hora y altimetría
Longa fue el único de los cerca de diez nietos de la casa que llegó a hacer del deporte una profesión. Después de cada carrera, piensa en ella. “Me hubiese encantado que estuviera viéndome. Que ella pudiera ver que alguno de todos sus nietos e hijos fuera deportista como ella quería”, recuerda el velocista.
Habla de su abuela y la palabra que aparece primero es una: amor. La recuerda alegre, preocupada por todo y siempre dispuesta a apoyarlo. Tal vez por eso, para no olvidarla y tenerla presente, tiene en su foto de perfil de todas sus redes sociales la única imagen que se tomaron juntos.
Había salido del jardín y llegó a la casa de su abuela Carmen, en Istmina, Chocó, donde vivió sus primeros años. Ella llamó a un fotógrafo, hizo que su nieto se cambiara de ropa y se puso a su lado. Ronal apareció sonriente, con el cabello muy corto y una camisa roja. Junto a él, su abuela tenía sonreía mientras sus largas trenzas caían sobre el pecho. Sus manos —las de la abuela y las del nieto— estaban entrelazadas. Juntas. No se querían soltar nunca. “Fue la única foto que nos tomamos”.
Carmen Longa murió a los 65 años. Ronal estuvo a su lado durante sus últimos días; había crecido bajo el cuidado de los padres de su padre. Después de la partida de su mayor heroína, su abuelo, ya mayor, no podía hacerse cargo por completo de él: llevarlo al colegio, preparar su comida y acompañarlo en las responsabilidades del día a día. Por eso, tras la muerte de Carmen, su padre asumió ese papel y decidió llevarlo a Bogotá, la capital.
Aunque su abuela ya no esté para verlo correr, su recuerdo sigue presente. Ronal piensa en ella después de cada logro, como si en cada carrera y en cada nueva marca buscara cumplir aquella ilusión que Carmen tuvo alguna vez.
Le puede interesar:Bayern Múnich no pasó del 0-0 contra Schalke 04: Luis Díaz, titular y jugó todo el partido
Por eso, después de cada carrera,cuando la algarabía de la pista comienza a apagarse, Longa levanta la mirada. Sus ojos buscan el cielo. Allí vuelve a encontrar a Carmen y se devuelve, por un instante, a Istmina. “Casi todo el tiempo estoy pensando en ella. Siempre le digo gracias. Eso fue lo que me dejó: la gratitud. Dar las gracias en todo. Siempre. A todo tienes que darle las gracias”.
Luego su mirada vuelve a la pista y su mente al presente, donde todavía tiene carreras por ganar y marcas por bajar. La más reciente llegó en agosto, en la Félix Sánchez Classic, disputada en República Dominicana, en la que registró 9,84 segundos en los 100 metros. Con ese tiempo, Longa se metió entre los cinco velocistas más rápidos del mundo de lo que va del 2026. La referencia mundial de la temporada es Noah Lyles, con 9,79 segundos. Entre ese registro y el de Longa hay apenas cinco centésimas.
El reto del chocoano ahora está en seguir bajando ese número y llegar de la mejor manera a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Sin embargo, no será la primera vez que Longa participe en una cita olímpica. Ya lo hizo en París 2024, cuando debutó en los 100 metros y registró un tiempo de 10,29 segundos. No pasó la primera ronda.
Ahora quiere llegar a Los Ángeles con una versión más rápida de sí mismo. “Quiero mejorar el nivel que tenemos y ser campeón, ser medallista olímpico y mundial”.
El entrenamiento y los resultados que ha tenido durante este año le hacen pensar que puede llegar cumplir esos objetivos. “La preparación ha sido muy buena. Ha sido el mejor año de mi carrera deportiva, con mejores tiempos, mejores marcas, mejores sensaciones. Para ser sincero, no me había sentido así hace muchísimo tiempo. Este año ha sido de maravilla”.
Lea: Así quedó la clasificación general de La Vuelta a España tras el etapón de Buitrago y Sosa
Primero fueron los 9,85 segundos en el Campeonato Panamericano de Atletismo en Medellín que lo llevaron al récord sudamericano de los 100 metros; después el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe; más tarde, el registro que ningún sudamericano había logrado jamás: los 9,84 en República Dominicana. Ahora espera que las próximas competencias le permitan volver a acercarse al cronómetro para seguir robándole centésimas. “Esperemos que más adelante. Tal vez, próximamente en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026”.
Para conseguirlo, Longa ha construido su preparación lejos de Colombia. Aunque actualmente se encuentra en Europa para disputar el Ultimate Championships, que se llevará a cabo en Budapest, Hungría, del 11 al 13 de septiembre, buena parte del año ha vivido y entrenado en Ecuador, donde reside su entrenador, el cubano Nelson Gutiérrez. La decisión tuvo una razón sencilla: dejar atrás los entrenamientos a distancia y tener al entrenador cerca para pulir los detalles y seguir cada sesión.
No obstante, entrenar para correr 100 metros no significa correr 100 metros todos los días. Longa solo cumple una sesión diaria, en la mañana o en la tarde, y cada jornada tiene un propósito distinto. Un día puede tocar gimnasio, fortalecimiento y trabajo físico; al siguiente, carreras por encima o por debajo de la distancia que domina su carrera.
Los 100 metros, de hecho, casi nunca aparecen en el entrenamiento. La explicación está en el desgaste que implica recorrerlos a máxima velocidad. Por eso, se trabaja con distancias que permiten desarrollar aspectos específicos sin someter al cuerpo una y otra vez a la exigencia de una carrera oficial. Pueden ser 80 metros para trabajar la velocidad o 120 para extender el esfuerzo. Los 100, en cambio, quedan guardados para cuando realmente importan. Para competir. Para el momento en el que su abuela lo ve, desde la distancia, y se siente orgullosa.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes? Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador
Manténgase al tanto de toda la información deportiva con la SEDE. Estamos en 📷 Instagram 📹 Tik Tok y 📱Facebook