Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Los 30 años del parche: el legado de Piratas en Bogotá

En un baloncesto profesional lleno de altibajos, Piratas lucha por mantenerse vigente. Con cantera propia y una hinchada fiel, el club capitalino cumple tres décadas defendiendo su identidad.

Juan Carlos Becerra

15 de mayo de 2025 - 05:03 p. m.
Entrenador del equipo de baloncesto Piratas de Bogotá
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
PUBLICIDAD

En una ciudad donde muchas historias luchan por sostenerse, Piratas de Bogotá ha sabido resistir. No solo es un equipo de baloncesto, es el parche de la capital y se niega a desaparecer. La idea sigue viva a punta de terquedad, sudor y amor por el juego. Así ya lleva 30 años. “Piratas lo es todo. Ha sido mi vida”, dice José Tapias. Su voz tenue, nostálgica y alegre suena más como la de un padre que la de un entrenador. “Yo tengo claro que algún día mi nombre ya no estará, pero sueño que no se acabe Piratas. El legado del club es lo más importante para mí”.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Piratas nunca se ha ido. Mientras otros equipos se mudan de región o ciudad por falta de recursos o garantías, el equipo del parche sigue entrenando y jugando en recintos históricos como el Palacio de los Deportes o el Coliseo el Salitre (donde hoy juegan a las 8:00 p.m. contra Motilones del Norte). Es su casa y allí se ha arraigado su comunidad gracias a las escuelas de formación y la herencia de los padres, que crecieron con el equipo glorioso de comienzos de los 2000, a sus hijos.

“En la escuela tenemos muchachos que son hijos de exalumnos míos” dice Tapias mientras sonríe con orgullo. “Piratas representa la cultura bogotana del baloncesto”, insiste. “Tenemos una escuela de formación, una cantera. Hemos marcado un hito”.

Piratas no se rinde

La historia moderna del equipo comenzó en 1995, en medio de una liga inestable y con poco apoyo. Poco ha cambiado en la actualidad. Ese primer año fue duro: terminaron en el último lugar. Sin embargo, en 1996 ya peleaban el título y en 1999 se coronaron campeones ante más de 17.000 personas en el Coliseo El Campín. Fue la primera gran explosión de orgullo bogotano en el baloncesto.

Lo que siguió fueron los años dorados. Cuando Tapias recuerda los mejores equipos que ha dirigido, lo hace con la precisión de quien nunca soltó el tablero. Dos quintetos, en especial, se le quedan grabados: el de 1999 y el de 2003. No solo por los títulos que ganaron, sino por lo que representaban en ese momento para el club y la ciudad.

Read more!

“El del 99 era un equipo muy fuerte”, dice, enumerando los nombres como quien recita una alineación sagrada. “John Giraldo en la base, Eddie Clark de ala-pívot, Timmy Gibbs como escolta, Todd Bernard como alero y Álvaro Terán en la pintura. Era un equipo muy físico, muy competitivo. Y tenía algo especial: carácter”.

Cuatro años después, en 2003, vino otra joya. Un equipo armado con jóvenes sin mucho renombre, por el que nadie apostaba como favorito. No obstante, fue campeón. “Ese equipo lo hicimos con fe. Nadie creía en esos muchachos, pero nosotros sí y lo logramos”.

Ese quinteto tenía a Roberto Carlos Herrera, cubano radicado en Puerto Rico, junto a Ricardo Sanz, Stalin Ortiz, Ever Bayona y el estadounidense Aki Thomas.

El presente: formar en medio del fuego

Hoy, 30 años después de aquella primera temporada, Piratas no atraviesa su mejor momento deportivo. Tapias, sin embargo, no pierde el enfoque. Sabe que en una liga como la colombiana, en la que los presupuestos son inciertos y los proyectos frágiles, sostener un equipo durante tres décadas ya es, en sí, una victoria.

En 2025, Piratas sigue apostando por lo que siempre ha sido su esencia: formar. El equipo está compuesto mayoritariamente por jugadores bogotanos, muchos de ellos nacidos o criados en la cantera del club. A ellos se suman tres panameños: Aarón Gedeon, Justin Quintero y Enrique Solís y cuatro veteranos consolidados y de la casa, que llevan el peso del equipo: Felipe Soler, Darwin Blanco, Rodrigo Peña y Mike Parra. Jugadores con recorrido, que han vivido varias temporadas en la liga y que hoy funcionan como pilares dentro y fuera de la cancha.

Read more!
No ad for you
El equipo está compuesto mayoritariamente por jugadores bogotanos, muchos de ellos nacidos o criados en la cantera del club. A ellos se suman tres panameños: Aarón Gedeon, Justin Quintero y Enrique Solís y cuatro veteranos consolidados y de la casa, que llevan el peso del equipo: Felipe Soler, Darwin Blanco, Rodrigo Peña y Mike Parra.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

“Estamos trabajando sobre metas individuales y colectivas. Cada jugador tiene que mejorar algo: jugar más minutos, perder menos balones, ser más agresivo en defensa”, explica Tapias. Primero, aclara: “hay que jugar bien”.

Para él, más allá de las clasificaciones o los playoffs, el éxito está en el desarrollo personal de cada jugador. “Yo les hice una encuesta a todos. Les pregunté cuántos partidos creen que podemos ganar, qué puesto creen que podemos lograr. Lo importante es que ellos se involucren y se sientan parte de este proyecto. En los entrenamientos estoy viendo la intensidad y estoy seguro de que van a darlo todo”.

En medio de la incertidumbre, el club bogotano sigue siendo una escuela viva. Un equipo que no solo compite, sino que enseña y mantiene viva la llama del baloncesto en la capital. Es de los pocos equipos que tiene una barra: Los mismos de siempre. Tiene hinchas de verdad.

Una liga, en terreno inestable

Mantener un equipo profesional de baloncesto en Colombia nunca ha sido fácil. A comienzos de este año, la Federación Colombiana de Baloncesto sancionó a cuatro clubes —incluido Titanes, el más exitoso de la historia— por no participar en la Liga Profesional 2024-II.

No ad for you

Los de Barranquilla, campeones de nueve de las últimas once ediciones, fueron suspendidos por dos años junto a Búcaros de Bucaramanga, Corsarios de Cartagena y Cafeteros de Armenia. El fallo, emitido por la Comisión Disciplinaria de la Fecolcesto, alegó que estos equipos violaron el reglamento al retirarse del torneo con apenas un mes de anticipación, cuando el mínimo exigido era de tres meses.

“Eso no debió pasar”, dice Tapias. “Titanes es un referente, no solo en Colombia, sino en el continente. Fueron subcampeones de la Liga Sudamericana, casi ganan el título. Su salida nos afecta a todos. Es un golpe que lastimó la liga”.

La ausencia de esos equipos no solo disminuye el espectáculo, según él, también reduce el nivel competitivo, afecta a jugadores, patrocinadores y aficionados. “Esto es una quijotada. La liga es costosa, estamos buscando apoyos, los patrocinadores escasean. No obstante, seguimos aquí. Es un apostolado.

Este va a ser un torneo difícil. Los extranjeros de Piratas son de bajo perfil y está la duda de si la base local podrá ser lo suficientemente competitiva. Puede que alguno, de forma inesperada, sobresalga y marque la parada, pero el margen es corto. Sin embargo, el equipo del parche buscará dar la sorpresa.

No ad for you

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?: Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador

Por Juan Carlos Becerra

Periodista de la Universidad de Palermo de Argentina. Escribo sobre Tecnología y deportes, especialmente Futbol, Baloncesto y Fútbol Americano. Apasionado por la Música.@JuanBecerra24jbecerra@elespectador.com

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.