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En un discurso cargado de emotividad por las gestas de los deportistas homenajeados este jueves, el director de El Espectador, Fidel Cano, arremetió contra los dirigentes deportivos que se aprovechan de la relación entre deportistas y afición para lucrarse de manera ilegal.
Aunque no mencionó nombres, fue enfático y dejó claro que la crisis por la corrupción en el deporte también afecta a Colombia y que en el pasado hasta asaltó la buena fe de ceremonias como la del Deportista del Año.
El siguiente es el texto completo de su discurso:
Buenos días:
Excúsenme pero hoy voy a comenzar hablando en primera persona.
Quienes, como muchos de ustedes, nos han acompañado a través de los años en esta ceremonia saben que llego siempre con algo escrito previamente... no tengo la habilidad aquí de don Hernán para improvisar o para pensar mientras se habla. De manera que con alguna anticipación escribo este breve saludo de bienvenida.
Este año, sin embargo, fue más difícil escribir que de costumbre, pues a mi contacto más directo con el deporte, mi adorado Independiente Santa Fe, se le dio por jugar anoche el partido más importante de su historia, la final de la Copa Suramericana de fútbol, que ya hoy sabemos que ganó de manera dramática en cobros desde el punto penal.
Pero cada vez que me sentaba en estos días a escribir, no lograba comenzar pues sabía que eso que escribiera lo iba a leer aquí o hinchado de la euforia –como estoy ahora— o con una pena muy grande en el corazón.
Ya ayer, cerca del mediodía, acosado por la ansiedad, preparando todo para llegar con buen tiempo al estadio, no hubo más remedio que sentarse a hacer la tarea.
Y lo que se me vino a la cabeza entonces fue precisamente esa relación entre ustedes los deportistas y nosotros los aficionados, que lo que está en la base de todo. Pensaba, claro, en lo que estarían sintiendo en ese momento esos ídolos míos que se disponían a jugar el partido más importante de sus carreras. Si yo estaba que temblaba de los nervios, ¿cómo estarían ellos, profesionales preparados para esos momentos, esperando que las horas pasaran hasta la gran cita?
Y hasta vergüenza sentí entonces de pensar en todo lo que sabía les iba a exigir desde la tribuna a esos muchachos en unas horas, muy seguramente sin ser consciente del esfuerzo tremendo que habían hecho todos estos meses para llegar a esa final, del desgaste físico natural, de las presiones mentales, de posibles dificultades en la vida personal...
Porque así somos los aficionados, eufóricos en los éxitos, implacables para demandar la excelencia. E inconscientes de los procesos, los sacrificios, los rivales, los contextos.
Entonces, por un rato, pude olvidarme por fin del partido. Y emergió la imagen y el sentido de esta gran fiesta del deporte colombiano con la que, año tras año, El Espectador ha venido reconociendo y exaltando durante 55 años –Bodas de Esmeralda me dicen que se llaman-- lo que cada uno de ustedes ha hecho por este país desde su campo, el de la actividad física.
Y digo El Espectador, y Movistar, nuestro gran aliado, porque somos el vehículo, pero en esta ceremonia está el país entero alrededor de todos los medios de comunicación que nos acompañan expresándoles a ustedes su cariño y su agradecimiento. Aquí esos aficionados que somos todos los colombianos no estamos esperando ni exigiendo nada de ustedes diferente de que nos dejen reconocerlos, aplaudirlos, agradecerles por tantas alegrías.
Es una bonita manera de terminar el año poder, al menos en un día y en una ceremonia sencilla como esta, reconocer todo ese esfuerzo y sacrificio que ustedes han debido hacer durante toda la temporada y que, por lo general, se queda oculto detrás de los resultados.
O del negocio. Y aquí vale la pena hacer un paréntesis. Porque este año en particular hemos sido testigos de revelaciones alucinantes sobre cómo el dinero que se mueve alrededor de esa relación tan pura, así sea complicada como toda relación, entre los deportistas y los aficionados, ha servido para que unos cuantos bandidos se aprovechen de ella, nos engañen a todos y se enriquezcan a costa del trabajo y el sacrificio de ustedes.
Nada de malo tiene que el deporte sea un negocio y que ustedes puedan recibir lo que se merecen y que las diferentes disciplinas puedan crecer con el producido de ese negocio. Lo que es imperdonable es que esos dineros que provienen de su esfuerzo y de nuestra pasión no terminen invertidos en ustedes mismos, o en quienes quieren emularlos y ser como ustedes, sino en cuentas personales de personajillos de poca altura moral.
Razón de más para celebrar esta sencilla ceremonia donde exaltamos su aporte. Y el de sus familias, entrenadores y patrocinadores. Y también de aquellos dirigentes que dan muestras de poner por delante al deportista.
*Sí, en el pasado hemos sido engañados y hemos resaltado aquí a quienes no lo merecían.
En defensa de esta fiesta del deporte y de esa relación limpia entre deportistas y aficionados afirmo aquí que los valores que exaltamos en ellos en su momento fueron los visibles y no los ocultos que se han ido conociendo luego. Y en ese sentido, en su momento, el reconocimiento cumplió con el propósito de resaltar los valores positivos que pueden y deben ser replicados para bien de nuestro deporte y de nuestra nación.
Ustedes son ese ejemplo de valores que este país necesita. Ustedes son los referentes que los niños y jóvenes colombianos deben tener. Y este hecho simple pero muy significativo de ser hoy reconocidos aquí por todo un país multiplica ese efecto ejemplarizante.
Bienvenidos entonces, disfruten de esta fiesta que es de ustedes y muchas gracias por estar acá.