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Michael Jordan, un pésimo empresario

El legendario ex jugador va de error en error como director en varios equipos de la NBA.

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El País-Redacción Deportiva
09 de marzo de 2009 - 11:15 p. m.
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El hombre que trascendió al baloncesto, el mejor, tal vez el deportista más admirado de la historia, fracasa en los despachos. Por duro que resulte, esa es la realidad. El paso del tiempo permite observar con una perspectiva fidedigna la magnitud de los errores de Michael Jordan y el enorme perjuicio que ha causado en las dos franquicias en las que ha ejercido como director de operaciones, los Wizards de Washington y los Bobcats de Charlotte, donde es copropietario desde junio de 2006 tras invertir 15 millones de euros.

El reciente traspaso de Adam Morrison a los Lakers puso en evidencia a Jordan hasta el punto de que, hace dos semanas, convocó una rueda de prensa para defenderse de las críticas. “La gente apunta los errores, raramente los éxitos. Lo entiendo. Es parte del juego. Pero creo que a partir de ahora el equipo crecerá”, sentenció sin convencer, por supuesto, a casi nadie.

Jordan había elegido a Morrison como número tres en 2006, por delante de jugadores como Brandon Roy o Rudy Gay. Morrison no se adaptó a los sistemas del técnico de los Bobcats, Larry Brown; apenas jugó y lleva 9,1 puntos y 2,5 rebotes de media por partido en sus tres años en la NBA. Además, en el segundo sufrió una grave lesión en una rodilla. “Después, parecía haber perdido un poco de confianza”, se justifica Jordan.

Pero llovía sobre mojado. No era la primera vez que la leyenda viva del baloncesto, el jugador que dio seis títulos a los Bulls, erraba en una decisión trascendente. En 2001, los Wizards eligieron el número uno. Jordan apostó por Kwame Brown, un pívot de 2,11 metros. Su fracaso fue estrepitoso. Después de ir dando tumbos por Washington, Los Ángeles y Memphis, Brown ha recalado en Detroit, donde apenas juega: 7,1 puntos y 5,5 rebotes por partido en sus ocho años y medio en la Liga.

Los Bobcats, que suman cinco temporadas nefastas, se han convertido en una de las franquicias más activas en fichajes tratando de enmendar sus errores en las contrataciones. Además, le reprochan a Jordan que no se ocupe del equipo. Vive en Chicago y se le ve más en los partidos universitarios en los que juegan sus hijos, promocionando su línea de ropa, en las carreras de motos o jugando al golf, que en el pabellón de los Bobcats.

Su paso por los Wizards fue tan funesto que sus dueños no tuvieron otra opción que sacarlo. Y Jordan afirmó quedar impresionado por la decisión y por el insensible trato de no ofrecerle ninguna justificación. También es criticado por haber nombrado directivos a sus viejos amigos de la Universidad de Carolina del Norte. Jordan, quien acaba de cumplir 46 años, es consciente de la urgencia de su reto: recuperar el prestigio perdido.

El problema es que Jordan no tiene hambre, pues es una de las figuras más comercializadas en la historia. Y a ello se le atribuye su falta de compromiso con su nuevo rol. Ha sido la imagen de marcas como Nike, Coca-Cola, Chevrolet, Gatorade, Hanes, McDonald’s, Ball Park Franks y Rayovac. Durante muchos años fue también la mascota real de Nestlé Crunch.

Retirado desde 2002, Michael sigue figurando en la lista de los deportistas más ricos. Según la publicación eleconimista.com, Jordan sin necesidad de tirar una sola canasta, realiza más anuncios publicitarios que muchas de las estrellas actuales. En 2005, por ejemplo, facturó 33 millones de dólares en explotación de su imagen, sin contar el multimillonario contrato de por vida que tiene con Nike.

Por El País-Redacción Deportiva

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