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Nacido para el atletismo en 1935, el bogotano Jorge Nova se distinguió por su carácter de hombre recio y rebelde, razón que muchas veces lo hizo enfrentarse a la dirigencia deportiva. Alternaba la actividad atlética con el oficio de panadero de Palace, donde trabajaba de noche. Su turno comenzaba a las 10 y terminaba en horas de la madrugada. La víspera de los días en que debía competir, solicitaba permiso para cambiar de turno, petición que Pierre Albrech – su patrón – siempre estuvo diligente a atender.
Su cadena de triunfos comenzó en 1935 durante los Juegos Nacionales de Barranquilla, al consagrarse campeón en las pruebas de 5.000 y 10.000 metros planos. Un año después, en Manizales, repitió su dominio en esas mismas modalidades, a las que sumó su condición de tricampeón al vencer en el cross country.
Evocando a Dorando Pietri
El nombre de Jorge Nova retumbó en América Latina durante los Juegos Centroamericanos de Panamá, en febrero de 1938. Allí, se convirtió en el símbolo de las justas al caer dramáticamente derrotado en los 10.000 metros planos.
La carrera tuvo un desarrollo espectacular en los últimos 800 metros. Nova comandaba la fila india. Lo seguían, a centímetros, dos descalzos corredores mexicanos, mientras los otros tres competidores habían cedido terreno por el fuerte paso del trío de punta.
En su lucha solitaria Nova se reventó y cedió ante la presión de sus dos rivales que siguieron de largo en los últimos 200 metros, mientras el colombiano hacía esfuerzos sobrehumanos para llegar a la meta. Faltando 100 metros cayó doblado sobre la pista. En un supremo esfuerzo se levantó para caer de nuevo. Otro esfuerzo y nueva caída. Trastabillando, casi inconsciente, llegó a la meta, donde se desvaneció. Su memorable actuación le mereció una cerrada ovación de los 20.000 espectadores que presenciaban a carrera y quienes le dedicaron una larga salva de aplausos para premiar su esfuerzo. Enseguida sonó el himno de Colombia y Nova – sin su título – evocó lo que tres décadas atrás en el maratón, durante los Juegos Olímpicos de Londres, sucedió con el italiano Dorando Pietri, quien antes de llegar a la meta se desmayó cinco veces. El ítalo se acercó victorioso a la raya de sentencia mientras sus rivales caían uno a uno por diversas razones, pero en el último colapso fue sobrepasado por el estadounidense John Hayes. Pietri fue arrastrado hasta la meta por médicos y oficiales de los juegos, y aunque alcanzó a llegar primero fue descalificado. Su caso lo inmortalizó en el cine Irving Berlín, quien compuso en su honor la obra Dorando.
Campeón moral
La prensa local elogió su coraje deportivo. El Nuevo Diario de Panamá comentó: “…Hasta ahora Jorge Nova es el atleta más ovacionado por la multitud. Grande en la derrota, tenaz en el esfuerzo y valiente como colombiano, su proeza de ayer vale más que el triunfo de sus rivales…fue el enemigo que tuvieron los indios mexicanos… si no ganó, Jorge Nova obtuvo un triunfo moral y su hazaña no será olvidada jamás. Así se cae: peleando y con la cara al sol”.
Antes de comenzar la prueba los favoritos de los entendidos eran los dos mexicanos, un panameño y un guatemalteco. Nova solo aparecía en las cuentas de los colombianos.
Al retornar a nuestro país, Jorge Nova contó los pormenores de su actuación a los periodistas: “Desde la salida me dediqué exclusivamente a vigilar los movimientos de los corredores mexicanos. Por referencias y por haberlos visto entrenar, sabía que los indios mexicanos eran los competidores peligrosos para mí.
En las primeras vueltas la carrera no ofrecía mayores alternativas… yo conseguí pegarme a los mexicanos y aguantar el tren impuesto por ellos. A partir de la duodécima vuelta, el duelo que sostuve con ellos se hizo más intenso… mi gran error fue el haber tomado las curvas demasiado abierto, días después comprobé que realmente corrí 10.200 metros por ese motivo… tan mal me sentía, que no recuerdo haber oído el disparo que anunciaba la última vuelta de la competencia. De pronto se me empezaron a nublar los ojos y sentí una extraordinaria pesadez en la cabeza… cuando volví a recobrar la vista, me sentí conducido a una camilla. Supe que había perdido la prueba por solo 100 metros…”.
Un locutor mató a Nova
Después de finalizada la carrera en la que Nova participó, una estación panameña de radio anunció la muerte del atleta colombiano. El locutor, entusiasmado, anunció repetidamente que el gran atleta colombiano había muerto en el Hospital de Santo Tomás, seis horas después de su actuación en los 10.000 metros.
La verdad, según información de la época, es que Nova sí fue trasladado a dicho hospital donde pasó la noche para salir en las primeras horas del día siguiente.
La noticia confundió al Presidente del Comité Olímpico Panameño, quien se apresuró a dar el pésame a la delegación colombiana. Horas después se supo que la organización del certamen centroamericano había aprobado una partida para costear el entierro. Inclusive se pensó en decretar un día de duelo.
Esa fue la “primera muerte” de Nova, quien falleció – ésta vez de verdad – en diciembre de 1947 cuando se aprestaba a representar el tricolor nacional en los II Juegos Bolivarianos de Lima.
Campeón Bolivariano
El desquite de El Panadero Nova no tardó mucho. Cinco meses después logró coronarse, sin contratiempos, campeón en la prueba de los 25 kilómetros de los Primeros Juegos Bolivarianos celebrados en Bogotá, en agosto de 1938.
Sin embargo, antes de hacerse a los máximos honores, Nova sufrió una humillante ofensa de gran parte de la prensa local, que le pasó carta de defunción deportiva al asegurar que su carrera había terminado debido a las derrotas en los 5.000 y 10.000 metros planos.
Uno de sus críticos escribió una mañana: “Nova terminó ayer su carrera de atleta: ya no sirve. Sus piernas ya no son las mismas de 1936”. Tremenda equivocación. 24 horas después de haberse escrito aquel adefesio, Jorge Nova surgía de sus cenizas, y en un alarde de potencialidad se adjudicaba el triunfo en el medio maratón bolivariano, su máxima victoria. Cuando Nova, chorreando sudor por todas partes, tocaba su cabeza con un pequeño pañuelo, apareció en primer término en el ovoide de la Ciudad Universitaria, 14.000 personas le tributaron una ensordecedora ovación. Y el periodista que horas antes había decretado la desaparición del veterano campeón, al acercarse a interrogarlo, recibió la siguiente réplica: “Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud” (1).
Muerte en el kilómetro 47
Terminada la hecatombe de la Segunda Guerra Mundial, el mundo demoró algunos años en emerger de las ruinas. Corría diciembre de 1947 y el Comité Olímpico Colombiano estaba completando la lista de integrantes a los II Juegos Bolivarianos de Lima. En el equipo se incluyeron profesionales del billar, maestros en el arte de pensar la estrategia ajedrecística, nadadores, atletas y deportistas de 10 disciplinas más.
Pero sobre el nombre de Jorge Nova se trazó una fuerte raya negra. “Un cobrizo que se queda, dijo algún dirigente, y todos rieron. Y Jorge Nova, de un tajo, sin fórmula de juicio, sin razones justificadas, fue excluido de una delegación de 154 hombres, en la cual viajaban más turistas que verdaderos atletas” (2).
Días antes Nova había ganado el derecho de asistir a los Juegos Bolivarianos al clasificarse segundo en una prueba de selección. Terminada la carrera, cuenta Ernesto Vidales en ‘Nos dejó el tren’, los dirigentes atléticos declararon que no llevarían a Lima a ningún corredor de maratón, debido a que las marcas no eran satisfactorias. “Peregrina y estúpida medida que hurtaba a Jorge Nova su nítido derecho a formar parte del equipo a las justas de Lima”.
Vidales relata que antes de la prueba, Nova le comentó: “Me dijeron que llevarían al primero y al segundo. Dejé que Chávez ganara el primer puesto para que fuéramos ambos y con el fin de ahorrar (fuerzas) para el maratón en Lima. Me han engañado y no es cierto que esté en malas condiciones. Por el contrario, tengo fe en volver a ganar para mi patria la carrera de los 25 kilómetros. No me llevan en la delegación, pero no importa, iré a Lima por mi propia cuenta’
“Y el hombre, que era rudo y tenaz, recogió sus pequeños ahorros; reunió lo mejor de su vestuario; pidió un permiso en la panadería Palace y decidió emprender viaje hacia Lima por su cuenta. Lo llevaba el ansia de darle un triunfo más a Colombia. De triunfar una vez más en el peldaño que consagra a los campeones
Modesto trabajador, Jorge Nova no disponía de suficiente dinero para tomar un pasaje de avión hasta Lima. Resolvió hacer viaje por tierra, mientras los dirigentes de marras viajaban con toda comodidad por vía aérea con fondos del erario. Debía llegar a la capital peruana antes de correrse las pruebas de fondo e invocar allí toda su afición para que se le concediera el honor de ser inscrito a nombre de Colombia. La lucha era desigual, pero Nova le hincó el diente. En el kilómetro 47 de la vía que conduce a Ipiales, Nova – que viajaba en un bus de pasajeros – tuvo un momento de descuido. Sacó la cabeza del vehículo en el mismo instante en que cruzaba en sentido contrario un camión perteneciente a las Rentas de Nariño. Un golpe seco sacó a los pasajeros de su sopor. Nova, sangrando y desfigurado, cayó inconsciente al fondo del bus. Se le trasportó a Túquerres. El cráneo destrozado, deshilachado, permitió pronosticar desde el primer momento un desenlace fatal. Ocho horas después, Jorge Nova, el más grande atleta del deporte colombiano, rendía tributo a la muerte en el modesto Hospital de Túquerres, lejos de los seres queridos, muy lejos de las pistas de Bogotá y de Lima” (3).
(1), (2) y (3) Revista Semana, enero de 1948
ravila@elespectador.com
@ricardoavilapalacios