
Natalia Linares, en el salto que le dio un nuevo bronce mundial.
Foto: EFE - MICHAEL BUHOLZER
No hubo aviso. Así llegan los golpes más duros. No fue en competencia ni en un momento límite, sino en un entrenamiento cualquiera. Un salto y un mal apoyo del pie izquierdo derivaron en un diagnóstico que parecía sentenciarlo todo: esguince grado tres. Natalia Linares entró en una especie de trance. El cuerpo, que hasta entonces había respondido con precisión casi perfecta, empezó a enviar señales contrarias. Y no fue lo único: “Encima, después, hubo otra lesión: desgarro en el cuádriceps derecho”, recuerda.
El calendario no daba margen. El...
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