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Necesitan más Caterines: Serguéi Bubka

El poseedor del récord mundial de salto con pértiga al aire libre, 6 metros 14 centímetros, está en Colombia promocionando el Campeonato Mundial de Atletismo de Menores que se realizará en Cali el año entrante.

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Theo González Castaño
29 de noviembre de 2014 - 01:20 a. m.
Serguéi Bubka está en Colombia para promocionar el Mundial de Atletismo de Menores Cali 2015.  / Cristian Garavito
Serguéi Bubka está en Colombia para promocionar el Mundial de Atletismo de Menores Cali 2015. / Cristian Garavito
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“Ese hombre que ven ahí es una leyenda, era un monstruo en el salto con pértiga”, les decía un instructor de atletismo a sus estudiantes mientras señalaba a Serguéi Bubka, uno de los mejores deportistas de la historia. En ese momento hacía su entrada a la sede del Comité Olímpico Colombiano este campeón mundial en seis ocasiones (1983, 1987, 1991, 1993, 1995 y 1997), poseedor de 35 plusmarcas registradas, 17 al aire libre y 18 en pista cubierta y medallista dorado en los Juegos Olímpicos en Seúl 1988.

El ucraniano llegó a Colombia con la misión de promocionar el Campeonato Mundial de Atletismo de Menores que se realizará en Cali en 2015 y como parte de su itinerario atendió a los medios de comunicación.

¿Cómo llegó a convertirse en una leyenda del atletismo mundial?

Siempre he pensado que los campeones no nacen, se hacen. Si bien es cierto que viendo lo que hice puede dar la impresión de que soy un hombre de otro planeta, en realidad soy un hombre común y corriente. Amo mucho el deporte y en especial el atletismo; por eso desde muy pequeño me esforcé por ser el mejor. Tuve oportunidad de ganar todos los títulos posibles, pero detrás hay una historia, un esfuerzo muy grande para alcanzar esos resultados.

¿Puede contarnos un poco de esa historia?

Crecí en una aldea muy pobre de Ucrania, en la región de Lugansk. Mi mamá trabajaba en una clínica limpiando pisos e instrumentos para los doctores. Mi papa era militar de rango medio y mi abuela trabajaba como aseadora en un almacén. Cuando comencé mi práctica deportiva no tenía zapatillas ni tampoco uniforme. Pero lo más importante para mí era el deseo de ser el mejor.

¿En qué basaba sus triunfos?

Indiscutiblemente fui un hombre muy disciplinado. Creo que le debo eso a mí papa, que nos enseñó el orden. Me levantaba a las 6 de la mañana a entrenar pues a las 8 debía estar en el colegio. A los 15 años me fui de mi casa con mi entrenador. Nos fuimos de Lugansk a Donetsk, porque allá había mejores condiciones para entrenar salto con garrocha. Sin embargo, las cosas no fueron fáciles, vivía con los obreros de una fábrica y tuve que empezar a hacer todo yo mismo. Me tocaba cocinar, lavar, planchar, hacer tareas, entrenar. Desde esa edad tuve una vida independiente y eso me fortaleció. No siempre salía como lo pensábamos, teníamos derrotas, tristezas, pero así aprendí que son las mismas derrotas las que enseñan. Y siempre he utilizado un lema: cayéndose y levantándose, es posible crecer.

¿El triunfo que más recuerda?

Mi primer título mundial, en Helsinki, Finlandia, en 1983. Fue una gran sensación, no solo para mí sino para mi entrenador, porque él me educó como un campeón. La proyección que teníamos era alcanzar mi primer título a los 20 años. Sin embargo, nos adelantamos a ese calendario y a los 19 años lo habíamos logrado

¿Por qué ese día y no el que alcanzó el récord del mundo?

Pienso que ese primer título mundial fue la competencia más difícil de mi vida. Lo que proponían la federación y el comité deportivo ucraniano era que saltara 5 metros con 60. Tuve grandes dificultades con esa altura. Fallé los dos primeros intentos. Cuando me tocó hacer el tercero, reuní todas mis fuerzas, mi valor y me arriesgué.

¿Por qué se arriesgó?

Corrí el riesgo de matarme porque el viento estaba en contra y las probabilidades de que cayera fuera de las colchonetas eran altas. Pero las superé y los dos saltos restantes los pude ejecutar sin presión. Ese día alcancé la marca de 5,70 y vi que nadie podía superarlo. Era increíble lo que sentía. Después de esa victoria, recuerdo que sonó el himno de Ucrania ante unos 70.000 espectadores y yo no lo podía creer.

¿Su mayor tristeza?

Tenía la ilusión de participar en los Juegos Olímpicos de 1984, pero hubo un boicot de la Unión Soviética y no fuimos. Sentí una gran tristeza, pensaba que me habían robado una gran ilusión. Los boicots no llevan a nada bueno, pues los deportistas pierden su oportunidad de participar en este evento tan importante. Por eso, desde que ingresé al Comité Olímpico, una de mis preocupaciones es que no se repitan hechos de este tipo.

¿En qué momento decidió retirarse, fue difícil?

A los 37 años, luego de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, comprendí que ya era el momento del retiro. Terminé la práctica deportiva y no tuve problemas en esa etapa de transición hacía volverme ejecutivo del deporte. En 2007 me convertí en vicepresidente de la Federación Internacional de Atletismo.

¿Cómo ve el desarrollo del salto con garrocha en el mundo? ¿Peligra su marca mundial de 6,14 metros?

Jamás imaginé que iba a tener tanta vigencia, pero creo que ahora mismo el francés Renaud Lavillenie tiene todo el talento y la técnica, espero que siga sorprendiendo al mundo y saltando más.

¿Cómo ve a Caterine Ibargüen de cara a los Juegos Olímpicos de Río?

Veo en ella a una gran deportista, con mucho talento. Además, está representando muy bien a Colombia. Ya ganó medalla de oro en el mundial de Moscú, pero para los Juegos Olímpicos falta un año y medio, por eso debe trabajar en su técnica y su físico. Tiene que seguir trabajando fuertemente para llegar en la mejor forma posible a las olimpiadas. Le deseo que logre superar la marca mundial que viene buscando y la medalla de oro. Ella, además de ser atleta, es una gran embajadora de su país. Colombia necesita más talentos y deportistas como Caterine, porque se convierten en ejemplo para las chicos que quieren ser como ella.

* tgc_777@hotmail.com / @Theo_Gonzalez

Por Theo González Castaño

 

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