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En los últimos 18 años, el deportista que más ha dado de qué hablar en el béisbol, sin duda alguna, es Édgar Rentería. El ‘Niño de Barranquilla’ siempre ha sido un ejemplo a seguir dentro y ahora fuera de un diamante. El profesionalismo que ha demostrado hizo que fuera catalogado como el mejor pelotero colombiano que pisó un terreno de las Grandes Ligas. Se le agrega que su férrea disciplina lo llevó a convertirse en el único beisbolista del país en ganar en dos ocasiones una Serie Mundial, en las que dio el batazo ganador, y en una, fue elegido el Jugador Más Valioso. Jugó más de 2.000 partidos y conectó más de 2.300 imparables.
Rentería, retirado de los campos hace un año, siempre fue aplicado, nunca registró una nota de indisciplina dentro de los equipos donde militó y nunca estuvo dentro de los “tachados” en las Grandes Ligas por uso de sustancias prohibidas.
Aunque algo tímido e introvertido, Rentería siempre ha sido una persona con un corazón inmenso, a quien no le tiembla el pulso para ayudar a los niños desfavorecidos, como ya lo hizo en Barranquilla y en San Luis. Gracias a esto, el campocorto, cinco veces elegido al Juego de las Estrellas de las Grandes Ligas, abrió una ‘puerta de oro’ para los peloteros colombianos.
Cuando Édgar Rentería y Orlando Cabrera no volvieron a pisar un terreno de béisbol en las Mayores, únicamente Ernesto Frieri daba pasos agigantados en la Gran Carpa. El de Sincerín aprovechó su oportunidad y copiando lo realizado por Rentería y Cabrera comenzó a hacer retumbar su nombre a punta de “rectazos” a 95 millas por hora.
Joven y con un brazo de oro, se abrió camino por las Mayores, hasta ser considerado uno de los mejores relevistas a lo largo y ancho de la MLB. No es tan tímido -más bien alegre- trabajador y apegado a Dios. Así se ha ganado en silencio el puesto de cerrador de una de las franquicias más importantes de las Grandes Ligas.
¿Pero además de los retirados y de Frieri existía otra “ilusión” que seguir en el béisbol norteamericano? La respuesta no se hizo esperar. A pasos inmensos, un joven silencioso apareció en el radar en 2010, más grande aún en 2011, cuando se convirtió en el primer colombiano en abrir un encuentro de Grandes Ligas.
Julio Teherán, sencillo, humilde y trabajador, se ganó para este año el puesto de abridor en los Bravos de Atlanta. A pesar de su juventud, que en muchas ocasiones le jugó un papel importante en sus aperturas en las Mayores, mantiene los pies en el suelo, sabe lo que quiere y para dónde va. Hizo historia para Colombia con tan solo 21 años y tiene todavía un recorrido largo con cumbres altas y descensos interminables, pero su disciplina será la que lo mantenga más tiempo en las cimas que en las hondonadas, como ya lo demostró.
Detrás de ellos llegaron los hermanos Solano: Dónovan y Jonathan, y José Quintana, quienes con corazón, “hambre” y mucho profesionalismo, poco a poco se van ganando un lugar en sus equipos. Quizá el más consolidado es Quintana, que con su serenidad va marcando poco a poco su nombre en una de las ciudades más importantes de Estados Unidos, Chicago.
Y aún más atrás, vienen pisando fuerte un trío de peloteros caribeños que se proyectan a debutar en las Mayores en los próximos dos o tres años: Dilson Herrera, Giovanny Urshela y Jorge Alfaro. Todos con la misma capacidad y entrega que hace 18 años mostró un joven flaco y moreno que respondía al nombre de Édgar Rentería y que terminó convirtiéndose en una leyenda.