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Sofía Gómez, la apneísta que brilla en lo más profundo del agua

A pesar de haber pasado por la natación y el nado sincronizado, la pereirana terminó por enamorarse de la apnea y la oportunidad de escribir historia haciendo lo que ama.

Valentina Fajardo

13 de marzo de 2025 - 08:00 p. m.
Sofía Gómez, apneista colombiana.
Foto: Cortesía
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Para nadie es un secreto que la apnea, al igual que muchos deportes en el agua, es un gran reto para el cuerpo. Por alguna extraña razón, Sofía Gómez terminó por enamorarse de ese desafío: tratar de ir lo más profundo sin respirar, hacer todo lo posible para subir y volver a sentir el oxigeno en los pulmones.

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“Hacer apnea es ir a lo más profundo del agua. Sentir que a veces te ahogas, tener miedo, es estar en momentos de mucha oscuridad e incluso sentir que no vas a poder salir”, cuenta Sofía Gómez. “Pero lo más bonito para mí es llegar al fondo, porque ahí es donde coge fuerzas, empieza a subir y a respirar de nuevo”.

Gómez, nacida en Pereira, pero criada en Medellín, desde muy pequeña ha tenido amor puro por las piscinas. Cuando Sofía tenía nueve años, unas amigas la invitaron a las piscinas olímpicas de la capital de Risaralda, una salida por la que ella siempre estará más que agradecida.

Durante ese rato rodeada de risas, ruido del agua y olor a cloro puro terminó enamorándose de la natación. Su primer reto fue el nado sincronizado y en 2001 representó a Risaralda en un campeonato nacional en Medellín. Sin embargo, esto aún no la convencía del todo, así que también pasó por la natación con aletas, pero los duros entrenamientos por poco la hacen dejar las piscinas de lado.

“Bien recuento que si tú no salías llorando en entrenamiento, era como si no hubiera valido la pena cada minuto. Siempre fue una acumulación de muchas cosas, pero después uno siempre se da cuenta de que toda la precisión y dedicación dan un satisfactorio resultado. Y solamente cuando ya estás siendo cada vez mejor te das cuenta de que todo el esfuerzo vale la pena”, confiesa Sofía.

Sofía Gómez, apneista colombiana.
Foto: Cortesía

La apnea llegó por casualidad. En un entrenamiento de la Liga de Natación de Antioquia, Nelson Zapata Uribe programó una sesión para que los nadadores aguantaran la respiración lo que más pudieran. A pesar de sentir un poco de miedo por el reto, en su primer intento Sofía cubrió una distancia de 100 metros sin sacar la cabeza del agua.

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Además, de verlo como un reto, siguió experimentando con el tiempo que podía estar en la piscina sin respirar. Al verla sumergida en esto, Carlos Correa, un amigo apneísta, la invitó a Taganga (Santa Marta) no solo para conocer el mar por primera vez, sino también para que lograra enamorarse de una vez por todas de la apnea.

Cuando empezó a dedicarse totalmente a la apnea, se dio cuenta de que iba más allá de sumergirse en el agua. El cuerpo experimenta cambios significativos durante la inmersión: los pulmones disminuyen su tamaño, pareciendo una mano cerrada, mientras que la sangre se concentra en el cerebro y el corazón.

Los latidos del corazón disminuyen drásticamente, variando entre 2 y 15 por minuto, cuando lo normal oscila entre 50 y 100. Si se sobrepasa el límite de resistencia física, el organismo puede sufrir contracciones respiratorias, entrando en un estado similar al sueño o al blackout, lo que puede llevar a la pérdida de conocimiento y, en casos extremos, a consecuencias fatales.

Sofía ha vivido dos experiencias de este tipo, por fortuna en una piscina y no en aguas abiertas. En 2013, mientras intentaba clasificar para un mundial, perdió el conocimiento y estuvo a punto de retirarse de este deporte.

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“Yo tuve un momento de burn-out donde yo dije: ‘Ya no quiero hacer esto más. Ya no puedo’. Cada inmersión era horrible, incluso llegaba al agua sufriendo desde el principio”, recuerda Sofía. “Era muy difícil tratar de estar concentrado y uno termina por decirse: ‘Yo de aquí no voy a salir, no soy capaz’. Para mí, ese fue mi momento cercano al retiro, pero el apoyo incondicional de entrenadores y familia me ayudaron a no dejar mi sueño de lado”.

La apneísta ha logrado brillar alrededor del mundo, lista en la cual está incluida la más reciente marca continental lograda en noviembre de 2024. Sofía, con una profundidad de 103 metros en un tiempo de 3 minutos y 6 segundos, rompió el récord en el Deep Dominica Freediving de República Dominicana. Pero más allá de cifras y medallas, lo más grande que Gómez ha logrado para ella misma es acabar con el miedo que solía sentir desde que era muy pequeña.

“¿Yo por qué voy a sentir miedo? Ahora como me pongo es nerviosa”, dice Sofía. “Algo que he empezado a aplicar en la vida es darle la bienvenida al miedo. Por supuesto que los años y retos me han ayudado, ya siento que lo abrazo, y sé como lo puedo usar para seguir con lo que estoy haciendo. Ahora en cada metro que bajo, cada segundo que pasa, sé que estoy brillando y soy más que consciente de que puedo seguir haciendo historia en el apneismo”.

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Por Valentina Fajardo

Comunicadora social y periodista e historiadora con énfasis sociocultural de la Universidad Javeriana. Principal interés en la historia deportiva, el fútbol y el tenis.@valfajardomvfajardo@elespectador.com

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