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Ceiber Ávila salía a jugar fútbol con sus amigos todas las tarde libres que tenía después del colegio en el corregimiento de Currulao, Antioquia. Un día cuando, tenía 10 años fue junto a sus compañeros de escuela al gimnasio en donde se practicaba boxeo. Nunca ninguno de ellos se había puesto unos guantes en su mano, y por supuesto Ceiber tampoco. Arriba del ring estaba “Peñeta”, un niño de su misma edad y que era el único que soñaba con ser boxeador cuando grande.
Asustados por la presencia de “Peñeta”, los amigos de Ceiber se negaron a subir al cuadrilátero. Con valor, fue Ávila el que se puso los guantes y empezó a pelear por primera vez en su vida. No tuvo susto en su primera experiencia y le propinó unos cuantos puños al niño más preparado de la zona que se bajó llorando del ring. Hoy, esos niños tienen 26 años y Ceiber participará en los Juegos Olímpicos de Río 2016, mientras que su primer rival abandonó el deporte.
Ese mismo día conoció a la persona que lo iba a guiar en el camino del deporte. Marcelo Urbina fue su primer entrenador para convertirse después en uno de sus mejores amigos de la vida. “Fue el que me enseñó todo del boxeo. Siempre soñó en verme en unos Juegos Olímpicos y estoy muy feliz de darle esa alegría”.
Pero claro que Marcelo no fue el único que apoyó al boxeador en este camino, su familia siempre estuvo presente para darle una mano en su camino a la gloria deportiva. “Nunca pensé que iba a llegar tan lejos en el deporte. Mis padres y mis hermanos fueron los que me animaron cuando las cosas no me salían y eran cada vez más difíciles, han sido muy importantes para mi”, declaró el antioqueño que se encuentra desde febrero en Bogotá preparando su participación en la justas deportivas.
El momento clave y en el que se dio cuenta que todos los esfuerzos hechos habían dado resultados fue en 2009 cuando hizo parte de la selección colombiana de boxeo por primera vez. “Yo soy el menor de mis hermanos, todos empezamos con el boxeo pero yo fui el único que seguí en este camino. Todo lo malo y lo bueno que tuve que soportar dieron sus frutos. Valió la pena todo el esfuerzo. No me arrepiento de dedicarme al boxeo”.
Todos los días se levanta a las 6:00 a.m. para salir a correr, junto a cinco boxeadores más para luego ir al Coliseo El Salitre y ahí entrenar la parte táctica y técnica enfocadas en su participación en Río de Janeiro. “Todavía no me imagino el día que esté en la inauguración de los Juegos. Sentiré mucho orgullo por poder representar a mi país. Estar con los mejores deportistas del mundo es algo emocionante para cada uno de nosotros”.
Sobre las peleas que lo esperan en Brasil, el antioqueño sabe de las dificultades que se le van a presentar. “Los combates serán ante los mejores. Me estoy preparando para escalar en la competición y llegar a la cima que para mí es ganar alguna medalla para Colombia”, dijo ilusionado el púgil.
Pero abajo del cuadrilátero Ceiber es una persona que se dedica por completo a su hijo que se llama igual que él. “Quiero que me recuerde como un deportista que dio ejemplo. Todo lo que hago es por el. Ojalá me tome como ejemplo de vida”, concluyó el boxeador nacional.