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A las siete de la mañana, las tranquilas calles de Yopal sintieron el 'rugir' de los motores 4x4, tras el paso de los camperos provenientes de Bogotá, Valle, Meta y del mismo Casanare (departamento anfitrión), para dar inicio al 'Gran Llanerazo'.
Además de los todoterreno, también se dieron cita en el 'Museo del Hombre Llanero' algunos motociclistas dispuestos a disfrutar de esta aventura, en cuyas motos, aparte de realizar las actividades comunes de una válida de Rally, debían hacer algunas labores típicas del Llano y de gran significado, como sacar una anaconda de la laguna, bailar joropo y cantar música llanera, entre otros.
Debido a los 'nuevos retos' que enfrentarían los equipos, debían elegir a un 'auténtico llanero' para que formara parte del grupo y colaborara con la orientación en las pruebas en las que los 4x4 descansaban para dar paso al talento y a la agilidad humanos.
La Hacienda Tabarí, propiedad de Otoniel Castañeda y ubicada a orillas del río Cravo Sur, sirvió de escenario para realizar las pruebas, en las cuales, durante dos días, los participantes, además de buscar la mejor puntuación, se divirtieron con las nuevas experiencias que ofrecieron los Llanos colombianos.
Luego de los actos inaugurales en Yopal, los equipos iniciaron la travesía hacia el Hato, a por lo menos 36 kilómetros de la ciudad, en donde recibieron su 'ruta de navegación' para después diseñar la estrategia con la cual darían inicio a las pruebas puntuables de un típico Rally.
Meter los carros en los diferentes fangos disponibles y luego sacarlos de allí en el menor tiempo posible fue la constante durante gran parte del día. Todos los equipos cumplieron la meta sin problema alguno. Así lo probaron las fotografías con las que demostraron la realización de las pruebas después de introducir en un GPS las coordenadas de ubicación de los diferentes puntos de competición.
...A la llanera...
Horas más tarde llegó la novedad para todos estos pilotos, navegantes y acompañantes aficionados. El turno fue para las pruebas típicas del concurso 'El Gran Llanerazo', inventado por el propio Castañeda y que ha servido para destacar la cultura y las actividades tradicionales de esta región, no sólo en el resto del país, sino en Europa y otras regiones del planeta.
El 'Llanerazo' Castañeda les tenía preparada una sorpresa a los visitantes tras terminar de enlodar los vehículos. Debían sacar de un pozo una culebra anaconda de 6,2 metros de largo y de cerca de 70 kilos de peso, a la cual ya había sido alimentada con un cordero, para evitar cualquier riesgo con los concursantes.
Para agarrar la boa constrictor, cada equipo designó a algunos integrantes para meterse al pozo, pues el 'objetivo puntuable' era sacar alzado al animal, para luego fotografiarlo con todo el grupo en uno de los camperos. Por supuesto que entre los que se 'lanzaban al agua' estaba el llanero del 'team'.
Por si fuera poco, luego venía el turno de sacar de un pozo contiguo al de la anaconda, un pequeño caimán (babilla), pero con la suficiente fuerza en sus dientes para triturar los huesos de cualquiera que se atravesara en su camino. No obstante el peligro, cada uno de los llaneros de los diferentes grupos estaba adiestrado para la tarea. Lo ideal era tomar el animal con las mandíbulas cerradas al sentirlo nadando entre las piernas, con lo cual la adrenalina en cada uno de los participantes y espectadores se elevó al máximo.
Luego de poner la emoción con los animales salvajes, vino la hora de refrescarse en el río. Primero con la competencia de canotaje, en la cual la idea era cruzar de un extremo al otro y luego regresar en el menor tiempo posible. En aras del buen espectáculo, el afluente tenía un ancho superior a los cien metros con una corriente suficiente para llevarse con facilidad las canoas de madera típicas de la región, motivo por el cual sus tripulantes tenían el deber de no dejar de remar para mantenerse en línea recta.
En las épocas invernales del año, las canoas en los ríos son el único medio de transporte de los llaneros para poder desplazarse desde sus hatos a diferentes lugares, hecho que hizo infaltable al representante del Llano en las canoas.
Más tarde se realizó el 'boteo', que consistía en cruzar el mismo río, pero esta vez a nado y con la misión de llevar en una bolsa la ropa para que no se mojara. El sombrero sobre la cabeza era fundamental mientras se nadaba, y, al igual que los demás implementos, había que evitar que llegara mojado. Dicha actividad también es frecuente en los 'quehaceres' diarios de los habitantes de esa región, cuando las lluvias taponan sus caminos.
Tras caer la noche, vino el momento de 'rumbear a la llanera'. Primero, con los bailes de joropo al son de un conjunto llanero en vivo y posteriormente con los cantos.
La destreza de los anfitriones una vez más 'salió a flote' con el zapateo, pero descalzos. Allí hicieron alarde de la tradición de este ritmo, que, a pesar del paso de los años, no ha perdido su estética y elegancia.
Finalmente, las trovas y los contrapunteos demostraron que en el Llano con la puesta del sol no mueren las actividades cotidianas y que, por el contrario, comienza el tiempo de soltar la imaginación y de demostrar las habilidades en la improvisación.
Un domingo para descansar, disfrutar y premiar
Al siguiente día, los participantes disfrutaron de diversas exhibiciones previas a la premiación, que hicieron más amena la despedida.
Luego de un típico desayuno llanero, la ruta condujo a los competidores a una de las colinas más altas de Yopal, desde donde se apreció la ciudad en medio de un sol radiante y a su vez una muestra de vuelo en parapente.
Los 'rústicos' aprovecharon la situación para demostrar una vez más que pese a no ser competidores oficiales, sí tienen todas las destrezas para hacer Trial en 4x4, aprovechando la topografía de la montaña.
La tarde finalizó en una manga de coleo, lugar en donde los participantes fueron los protagonistas en los actos protocolarios tras hacer una caravana en la arena. Allí, los visitantes pudieron ver a los mejores jinetes de la región disputarse la mejor puntuación en el torneo del Club los Búfalos.
Antes de la puesta del sol se hizo la premiación, en un evento en el que ganar fue lo de menos después de tan inolvidable aventura. El grupo vencedor fue el número 5, compuesto por Andrés Hurtado y Cipriano Henao, dos camperos y dos tripulantes, guiados y ayudados por el llanero Diego Montoya.
Los grupos que participaron fueron los siguientes:
Equipo 2: Las Cebras, integrado por Édgar Sánchez y Mauricio Oicatá; tenían a disposición dos camperos y siete tripulantes.
Equipo 3: Andrei Pinzón y Diego Parra; contaron con tres motos y con el llanero Juan González.
Equipo 4: Fabio Valbuena, James Uribe y Juan Carlos Ospina; contaron con tres camperos y siete tripulantes.
Equipo 5: Andrés Hurtado y Cipriano Henao. Tuvieron dos camperos a su disposición e igual número de tripulantes.
Equipo 6: Juan Rincón y Diego Parra. Llevaron dos camperos y siete tripulantes.