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Match de ajedrez, por telégrafo

Colombia y Venezuela disputaron en 1911 un duelo que estaba programado a tres juegos, de los que apenas se jugó uno. Después, el ‘match’ naufragó en el olvido.

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Ricardo Ávila Palacios
02 de abril de 2012 - 09:40 p. m.
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Durante ciento veinte días los sonidos de los puntos y las rayas del código Morse fueron esperados con ansiedad en las sedes de los clubes ajedrecísticos de Bogotá y Caracas, cuyos miembros pactaron a través del telégrafo el primer encuentro internacional del deporte ciencia entre los dos países.

Corría febrero de 1911 y cada equipo de cinco ajedrecistas tenía un plazo de 24 horas para responder a las jugadas de su adversario. El pacto consistió en celebrar tres partidas para definir el tablero vencedor.

Tanto interés suscitó el enfrentamiento que el presidente de Venezuela, José Vicente Gómez, ofreció una copa de oro al club vencedor, al tiempo que su homólogo colombiano, Carlos E. Restrepo, decidió honrar al ganador con un objeto de arte.

Una reseña periodística de la época cuenta que un señor identificado como Francisco Calderón desafió al club de ajedrecistas de Caracas con una apuesta de mil dólares para librar de nuevo la primera partida del duelo, desde la décimo sexta jugada. También se plantearon diversas apuestas entre particulares y algunos diarios de los dos países.

La revista El Gráfico, de Bogotá, describió así el interés que despertó el encuentro: “Grande es el entusiasmo que despierta en Bogotá el match internacional de ajedrez que actualmente se juega entre el Club de Bogotá y el Centro de Caracas. El público se agolpa ante las vidrieras de los grandes almacenes, en donde se exhiben las peripecias de la interesante partida; los diarios publican clichés del campo de combate y análisis profundos de cada jugada; cuantiosas han sido las apuestas que se han cruzado entre particulares, y mayores todavía las internacionales entre los periódicos de Bogotá y Caracas. El cable comunica cada jugada a los centros ajedrecistas de La Habana, Kingston y Buenos Aires.

Hermosa contienda, en verdad, en la cual dos hermanos, adversarios en incruento torneo, cruzan galantemente los floretes botonados ante un público formado de dos pueblos que, con el mismo entusiasmo, al finalizar el match, aplaudirán al vencedor y al vencido”.

En cuatro meses, 60 movimientos

De la primera partida, que duró cuatro meses, mal librada salió la delegación colombiana al abandonar en el movimiento número 60, lo que generó el disgusto de algunos periodistas que criticaron el resultado.

Un corto telegrama de los directores del encuentro, comunicó así el resultado: “Ajedrez-Caracas. Abandonamos partida. Sinceramente felicitámoslos por espléndido triunfo alcanzado. Enviaremos jugada segunda partida, próximamente”.

De ese segundo duelo, la revista El Gráfico de Bogotá sólo publicó la primera jugada: peón 4 rey (P4R), movimiento efectuado al medio día del lunes 26 de junio de 1911. Después, damas, reyes, caballos, alfiles, torres y peones —junto con los 64 escaques— pasaron al olvido.

En el momento del duelo binacional, Colombia tenía casi cinco millones de habitantes. Ciudades como Bogotá y Cali eran habitadas por cerca de 120 mil y 27 mil pobladores, respectivamente.

El alemán Emmanuel Lásker reinaba como campeón mundial de ajedrez desde 1894, y sólo en 1921 fue desbancado del trono.

Polémica

El encuentro Caracas-Bogotá trasladó a las páginas de los diarios de la época, aparte de la reseña consabida, una curiosa polémica surgida de un ácido cuestionamiento por la derrota colombiana en las primeras de cambio.

El 16 de junio de 1911, el diario El Tiempo rechazó la sutil critica de otra publicación, en la que se decía sobre la pérdida: “Bogotá desafió a Caracas y le cedió la primera jugada, gesto de quijotismo que la perjudicó. Y enviamos toda una numerosa misión diplomática con el pomposo título de embajada, para que presencie la derrota del ajedrecismo bogotano y quizá tome parte de las fiestas con que se celebre el triunfo. Gesto de Sancho que la ridiculizará...”.

A lo que el diario capitalino respondió explicando que no se trataba de un desafío: “Bogotá no ha desafiado a Caracas, los hechos pasaron de la siguiente manera: El señor E. Arrieta, socio del Club de Ajedrez de Bogotá y miembro del Club de Caracas, quiso poner en relaciones amistosas a los miembros de dichos clubes y propuso a los caraqueños un match que fue aceptado con gran entusiasmo por ellos, y, como es natural, se les ofreció la salida, no por quijotismo, sino por elemental regla de cortesía.

Y toda esa bilis se derrama porque en un match de varias partidas de ajedrez se ha perdido la primera . ¿Por qué no se espera a que concluya el match para dar salida al mal humor?

El autor del suelto ignora seguramente que los clubes de ajedrez de Nueva York y Londres se han estado disputando una copa durante varios años y siempre la ha ganado el Club de Londres.

¿Ha sido una loca presunción el pretender luchar con los caraqueños? No lo creemos. El que haya durado la partida más de cuatro meses y el que se hayan hecho 60 jugadas por ambas partes, prueba lo contrario”.

Otros enfrentamientos

Sólo en 1930 se intenta otro match Caracas-Bogotá. Se inició una partida que nunca concluyó. En el lustro 1930-1935 se efectuaron campeonatos por radio entre Maracaibo-Cúcuta, Maracaibo-Barranquilla y Caracas-Barranquilla, según reseña la página web de la Presidencia de la República del vecino país (www.gobiernoenlinea.ve.com).

En Caracas se han celebrado varios torneos internacionales de ajedrez, entre ellos el Torneo Zonal de Centroamérica y el Caribe, jugado en 1951 con la participación de Cuba, Colombia, Puerto Rico, México Panamá, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Venezuela y las Antillas neerlandesas. Este torneo fue ganado por el colombiano Luis Augusto Sánchez.

Tres años después se jugó otro Torneo Zonal ganado por el venezolano Antonio Medina en representación. En 1957 se repitió este torneo, ganado por el colombiano Boris de Greiff, y en el 60 se impuso el también colombiano Miguel Cuéllar Gacharná.

En 1963 se disputó el Torneo Zonal de La Habana y tres años después se repitió otra vez en Caracas, donde nuevamente gana Cuéllar.

Por Ricardo Ávila Palacios

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