Matrimonio por conveniencia

El 10 del Boca no soportó más al técnico, a quien considera su enemigo público. Ahora analiza para qué equipo se irá.

Detrás del frustrado sueño de alcanzar la gloria continental, hay una tristeza más profunda. Boca Juniors, acaso el club más popular de este rincón del Cono Sur, no sólo perdió ante Corinthians su décima final en la Copa Libertadores. También se quedó sin su máxima estrella. Sin Juan Román Riquelme, un artesano de la pelota, el enganche que más lustre le sacó a la número 10 en azul y oro, más allá de Diego Armando Maradona, quien la utilizó en el Metropolitano de 1981, torneo que terminó con la coronación. Por eso ahora comienza una etapa en la que Julio César Falcioni, confirmado en su cargo, deberá reconstruir al coloso argentino. Sin Román, claro.

Es que se había tornado imposible la convivencia entre el ídolo y el entrenador. Pero la historia de este sorprendente final empezó a escribirse en Barinas, Venezuela, tras el bautismo copero de Boca ante Zamora FC. Aquel día, explotó el vestuario porque Falcioni le reprochó al delantero Darío Cvitanich que no había cumplido con sus indicaciones por hacerle caso a Riquelme. Hubo un careo y el entrenador, que puso su renuncia a disposición del presidente, Daniel Angelici, quedó mal parado. A partir de ese momento, la relación de Román con el exarquero de América de Cali, que ya estaba resquebrajada, se rompió definitivamente. Y a pesar de que el equipo peleó hasta el final el torneo doméstico que terminó ganando el Arsenal de Carlos Carbonero y llegó a la instancia decisiva de la Libertadores, el de Falcioni y Riquelme siempre fue un matrimonio por conveniencia. Puertas afuera, el exarquero de América de Cali siempre lo elogió. Pero puertas adentro, todo era diferente.

Falcioni le exigía un mayor compromiso a Román a la hora de los entrenamientos. Y el 10, que hace tiempo venía arrastrando problemas en la rodilla y una fascitis plantar, nunca estuvo en su plenitud. Más allá de su innegable talento, claro. Además, Román no comparte la filosofía futbolística del entrenador. Lo considera mezquino, defensivo. Lo ha dejado entrever en algunas conferencias de prensa. “Yo no me olvido que hace ocho meses, antes de un partido con All Boys, tuve que ir a correr solo”, había dicho después de aquel debut en Venezuela, lo que marcó una pauta: ni olvido ni perdón de Román a Pelusa.

El portazo que pegó Riquelme en Brasil avivó el fuego interno que se vive en el plantel de Boca. Angelici, a pesar de que ayer, cuando aterrizó en el aeropuerto de Ezeiza, dijo que iba a intentar convencer a Román para que revierta su decisión, nunca tragó al máximo referente. Es más, cuando era el tesorero de la gestión anterior, renunció en desacuerdo con la política de Jorge Amor Ameal. Angelici no estaba convencido en firmarle al enganche un contrato por cuatro años. Sin embargo, el entonces titular azul y oro hizo valer el compromiso de palabra. El vínculo que entonces quería acordar Angelici, y que Román no rubricó, hubiera terminado el sábado. Pero el pico de tensión entre la figura y el principal directivo se vivió el lunes, cuando el capitán subió al avión a Facundo Roncaglia. Literalmente.

Boca debía conseguir un seguro para que Roncaglia, contratado por la Fiorentina, pudiera disputar la final. Pero el trámite se demoró y el defensor no aceptó jugar sin la caución. Sí, en cambio, pidió viajar con el plantel para estar cerca de sus compañeros. Angelici no quiso que tomara el chárter. “Necesitamos jugadores, no hinchas”, le dijo tajantemente. Pero Román intercedió. Y Roncaglia voló a San Pablo con el resto de los futbolistas. “¿Se cree que es el dueño del club este muchacho?”, dispararon desde la dirigencia, que no estaba dispuesta a desprenderse de Falcioni, que a pesar de haber perdido su cuarta final de Libertadores, la primera como técnico, las otras tres con el conjunto escarlata, tiene contrato hasta el 31 de diciembre.

Falcioni deberá ganar la Copa Argentina, el 8 de agosto ante Racing Club, para que ese compromiso se cumpla. Alzar ese trofeo le permitiría una revancha a nivel internacional, ya que clasifica al campeón a la Copa Sudamericana. Aunque existe otra razón: la salida de Riquelme, más allá de verse como una pulseada ganada por el ex número uno, lo dejó debilitado delante de un plantel que tenía una gran relación con el volante. ¿Será por eso que pidió que sean transferidos Clemente Rodríguez, Lucas Viatri y Cristian Erbes, íntimos de Román, tres de los que lloraron en San Pablo, cuando el enganche comunicó su decisión de abandonar el club? Rolando Schiavi, de 39 años, selló su continuidad. Y a partir de ahora, será el capitán. Sin embargo, tampoco tiene un estrecho lazo con Pelusa, que pidió refuerzos para poder maquillar la ausencia del crack, una situación que generó mucho malhumor entre la afición xeneize, que siente adoración por Román. De hecho, hay una iniciativa para “colgar” la camiseta número 10, al estilo NBA. Y el lunes por la tarde habrá un banderazo en la Bombonera en apoyo al ídolo.

La dirigencia, en tanto, le pedirá a Riquelme que cambie de opinión. El asunto parece cerrado. Tigre, el equipo de su amigo Rodolfo Arruabarrena y del que es hincha su padre, y Argentinos Juniors, donde integró las divisiones inferiores, lo quieren en sus filas. También, el Shanghai Shenhua de Sergio Batista, que recientemente contrató a Giovanni Moreno, y dos equipos de Emiratos Árabes y Qatar. Sólo Román sabe adónde irá a parar con su magia. Lo que tiene claro es que será lejos, muy lejos de Falcioni, ese enemigo público.