Mauricio Soler: ahora veo una luz al final del túnel

El ciclista colombiano, de 28 años, se recupera de un accidente que sufrió el pasado 16 de junio y que lo tuvo al borde de la muerte.

Al otro lado de la línea telefónica se escucha una voz cansada, muy cansada, tal vez como la de un anciano. Sé que es él porque previamente hablé con su esposa y ella me lo comunicó. Su fatiga angustia, pero paradójicamente sus palabras dan aliento. “Ahora veo una luz al final del túnel”.

Es Juan Mauricio Soler Hernández, el ciclista colombiano nacido hace 28 años en el municipio boyacense de Ramiriquí. Sí, el mismo que el pasado 16 de junio, en desarrollo de la sexta etapa de la Vuelta a Suiza —siendo líder—, sufrió un aparatoso accidente que, según el reporte de ingreso a la clínica San Galo fue diagnosticado como:

Trauma craneoencefálico severo, fractura de la base del cráneo lado izquierdo, fractura de las costillas número dos a la nueve, fractura compuesta de clavícula y escápula, laceración del riñón izquierdo, fractura compuesta del cuello del pie izquierdo y fractura del malar y temporal del pómulo, también el izquierdo.

“Lo siento mucho, señora, pero Mauricio está muy mal, prácticamente muerto. Sólo un milagro lo puede salvar”. Con esas palabras, el médico del equipo Movistar, Alfredo Zúñiga, le explicó a la esposa de Soler, Patricia Flórez, la grave situación de su marido. Ella, a miles de kilómetros de distancia de allí, en Ramiriquí, sólo tuvo alientos para llorar y aferrarse a su pequeño hijo de once meses, llamado como su padre, Juan Mauricio.

Mientras Patricia hacía las vueltas del pasaporte para viajar a Suiza, el campeón de los premios de montaña del Tour de Francia de 2007 se debatía entre la vida y la muerte. Primero fue inducido a un coma y luego vino el interminable rosario de operaciones.

Cuando ella llegó a territorio suizo y lo vio “conectado a mil cables, totalmente esquelético (bajó 20 kilos) y con un panorama totalmente desolador, decidí llevar un padre para administrarle los santos óleos y renovar nuestros votos matrimoniales”, recuerda hoy en medio del llanto y advierte entre susurros que definitivamente los milagros sí existen.

El 23 de junio, una vez más, Mauricio fue intervenido del cuello del pie, y aunque la operación fue un éxito, al boyacense se le paralizó todo el lado izquierdo de su cuerpo. Tras varios exámenes, los médicos determinaron que el colombiano, además, tenía un trombo en la cava (arteria al nivel del corazón y los pulmones) y que era necesario y urgente hacerle un bloqueo e instalarle un filtro a través de una incisión en el cuello. El 1º de julio fue la operación y el 2 él ya movía nuevamente su parte izquierda.

Tras ser estabilizado, pero aún con el coma inducido, Mauricio fue trasladado al hospital de Pamplona (España) y sólo estando allí recuperó sus sentidos y reconoció a su esposa. “Me llamó por mi nombre —dice Patricia— y recordó a nuestro hijo con su apodo, Cacheticos”.

En España le reconstruyeron el pómulo y el ojo izquierdo, porque no le cerraba. Y la peor cirugía de todas, si es que hay algo peor, sucedió el pasado 5 de octubre, cuando decidieron extraerle el filtro, que al final resultó en la más dura experiencia para Soler, porque cuando normalmente este procedimiento dura unos 40 minutos, con él pasaron más de tres horas —con anestesia local—, pues el aparato se había aferrado a su piel y la tortura fue interminable.

El 14 de octubre, cuando ya estaba fuera de peligro, Mauricio fue dado de alta. No lo dejaron viajar a Colombia, porque debido al fuerte impacto que recibió en la cabeza, el oído izquierdo está severamente afectado y por ello sufre de un vértigo que le impide caminar normalmente y viajar en avión.

Pero es un alivio estar en su casa de Pamplona. Los cuatro meses de vivir en un hospital quedaron atrás y aunque su voz, sí, suena muy cansada y las palabras son entrecortadas, Mauricio Soler quiso compartir con El Espectador esta dura experiencia.

¿Qué recuerda del día del accidente?

De esa carrera lo único que me acuerdo fue del día que gané, pero el accidente no lo recuerdo todavía y espero no recordarlo nunca.

¿Cuándo recobró el sentido?

Cuando llegamos acá a España. De antes no me acuerdo de nada y pues, como decía anteriormente, tampoco intento recordarlo.

¿Cómo siente que ha avanzado su recuperación?

Lo único que puedo decir es que ahora empiezo a ver una luz al final del túnel, pero sí que he vivido días complicados y los he afrontado con madurez y con la fe de que pasen rápido.

¿Puede valerse por sí solo?

Me puedo alimentar, caminar, pero siempre con la ayuda de mi esposa, porque la verdad es que aún me cuesta por el vértigo.

¿Se ha preguntado por qué a mí?

Eso ni lo he pensado y yo siempre estaré agradecido, primero con la vida y segundo con la bicicleta, porque gracias a ella he conocido varios países del mundo, he tenido reconocimiento. Todo lo que soy hoy, se lo debo a la bicicleta.

¿Ha llorado?

Sí, mucho, sobre todo con las intervenciones quirúrgicas. En la última, en la que me quitaron el filtro de la vena cava, la pasé bastante mal. Es un procedimiento que no tarda más de 40 minutos, pero el mío resultó bastante largo y doloroso porque no me pusieron anestesia general. El filtro se giró en el cuello y fue un tremendo lío quitármelo.

¿Qué reflexiones ha hecho en estos días, después de que según sus médicos estuvo cerca de la muerte?

Uno cuando está bien no aprecia todo lo que tiene. Por eso hoy veo la vida de otra forma. Lo único que quiero es salir de esto lo más pronto posible y poder disfrutar de mi hijo, de mi familia... ya lo demás vendrá por añadidura.

¿A veces no lo embarga el sentimiento de rabia?, pues este, aunque ha sido el más grave, no ha sido su único accidente.

Son cosas que pasan, el deporte tiene su riesgo y más el ciclismo, donde se manejan la velocidad y muchos factores externos.

Las cosas malas también traen las buenas, como el amor incondicional de su esposa...

Mi esposa ha sido fundamental para mi recuperación. Sin ella no sé si hubiera llegado a donde estoy, ella siempre ha estado ahí, pendiente de todo. En la clínica estuvo siempre a mi lado, pasó las noches en un sofá y la verdad, no creo que la haya pasado muy bien.

Y también está la inyección de fortaleza que le imprime su hijo.

Por supuesto que sí. Yo le digo una cosa: si no hubiera tenido a mi hijo, me hubiera rendido fácilmente. Pero con él todo es distinto, porque siento que mi hijo no se merece crecer sin conocer a su padre y gracias a él mi vida tiene una razón de ser y para afrontar los momentos difíciles que he pasado, que son muchos.

¿Qué sigue ahora en su etapa de recuperación?

Hoy cumplimos una semana de terapia ambulatoria de la casa a la clínica. Espero que no sea tan larga, que me pase el vértigo y así poder regresar pronto a mi país y abrazar a mi hijo.

¿Cada día se siente más aliviado que el anterior?

No, cada día no. Siento avances, pero no alivio... eso sería fantástico. Pero digamos que al transcurrir de una semana siento que he mejorado bastante, pero al día siguiente retrocedo. Sin embargo, me dice el doctor que eso es normal en las personas que han sufrido tantos traumas como yo. Ahí vamos, sobrellevando la situación y esperando a que por fin se me pase totalmente el vértigo, que es lo más complicado ahora.

¿Es consciente de que Dios le dio una segunda oportunidad?

Seguro que sí, porque según los informes médicos enviados de Suiza a España, el trauma mío era muy fuerte. No sé exactamente, pero creo que tuve 19 fracturas, entonces no era fácil.

¿Qué cosas quiere hacer ahora?

Eso sólo lo sabe Dios, porque de querer, quiero hacer bastantes cosas, pero en este momento todo es muy difícil para mí. Lo único que deseo pensar ahora es en mi recuperación. Ya lo demás...

¿Lo que menos ha pensado es en la posibilidad de volver a montar en bicicleta?

Seguro que eso ya pasó a un segundo plano. Recuerdo que recién desperté del coma inducido, cuando estaba en la clínica, pregunté por la bicicleta, pensaba que al poco tiempo, que tal vez a la semana, ya podía montar otra vez. Pero la verdad, en este momento me he dado cuenta de lo difícil que fue mi trauma y lo más importante para mí es estar vivo. Más adelante mi Dios dirá si vuelva a correr o no.

Dentro de esta tragedia, ¿qué ha sido lo más duro?

Haber estado tanto tiempo en una clínica, sin saber si iba a salir vivo de la siguiente operación.

¿Algo positivo se puede rescatar de esta prueba?

No mucho. Lo único que me ha pasado bueno en este proceso ha sido contar con la ayuda de mi esposa, de las personas de la clínica, las enfermeras, los especialistas y mantener siempre viva la esperanza de volver a alzar a mi hijo.

En seis semanas, Mauricio y su inseparable esposa recibirán o no el permiso del médico para viajar a Colombia, a Ramiriquí. “Regresar a casa sería el fin de una larga pesadilla”. Se despide con la voz agotada, pero llena de vida como la de todo un campeón.

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