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hace 7 horas

Mauricio Soler: Lección de cómo vencer a la muerte

El Espectador y Movistar reconocen al exciclista, quien sufrió un accidente en 2011 que lo bajó de por vida de la bicicleta, con el premio Ejemplo de Vida luego de su milagrosa recuperación.

Mauricio Soler junto a su hijo Juan Mauricio y su esposa Patricia Flórez. / El Espectador

Siempre quise escribir sobre Juan Mauricio Soler. En mi infancia, verlo en lo más alto como campeón de la montaña en el Tour de Francia 2007 y luego, en 2011, postrado e inconsciente durante la Vuelta a Suiza, hace más especial relatar la recuperación del ídolo ciclístico de los niños de mi generación durante estos últimos cinco años. Este expedalista, quien fue considerado por la prensa deportiva como el heredero del legado del histórico Lucho Herrera, se quedó cortó de palabras -como siempre lo hace- agradeciendo ante un auditorio que lo ovacionó al recibir el premio como Ejemplo de Vida del deporte colombiano, en la ceremonia del Deportista del Año de El Espectador y Movistar. Su voz se entrecortó de la emoción.

Y es un milagro verlo de pie. Cuando la prensa europea reveló la foto en que Soler yacía inmóvil luego de sufrir un aparatoso accidente a más de 70 km/h en su bicicleta, ya se presagiaba lo peor. El dictamen médico señaló que el deportista, oriundo de Ramiriquí (Boyacá), tenía trauma craneoencefálico severo, fractura en la base del cráneo lado izquierdo, fractura de siete costillas, fractura compuesta de clavícula y escápula, laceración del riñón izquierdo, fractura compuesta del cuello del pie izquierdo y fractura del malar y temporal del pómulo, también izquierdo. Soler estuvo a punto de morir.

La carrera deportiva de Soler estuvo plagada de accidentes, pero nada tan grave como lo que le sucedió en aquella sexta etapa de la Vuelta a Suiza hace cinco años. Días antes de viajar al Viejo Continente el otrora escalador, como si se tratara de una premonición, le dijo a Patricia Flórez, su esposa, que él hacía maniobras peligrosas durante las competiciones. Además, le sugirió que si en algún momento, que si por las distintas circunstancias de la vida él quedaba en un coma profundo o estado vegetativo, era preferible que lo dejaran morir.

Soler, quien mantiene una relación muy cercana con Nairo Quintana, no recuerda cómo sucedió el accidente. Él sólo esperaba que fuera una simple caída, como las que sufrió en sus inicios en la bicicleta. Esas que sólo era de esperar algunas semanas para que sanaran las heridas y posteriormente volver a los habituales entrenamientos y competencias. Sin embargo, el neurólogo le dijo que seguramente no podría volver a practicar el ciclismo de forma competitiva.

Luego de pasar cuatro días en coma inducido, varias operaciones y cuatro meses en hospitales europeos, Soler de a poco se fue sobreponiendo a las graves lesiones que sufrió. Una parálisis en el costado izquierdo de su cuerpo, provocada por una de las cirugías que le hicieron, lo obligó a reaprender a hablar, escribir y caminar. Además de la recuperación física, este ramiriquense de 33 años también tuvo que recomponer su estado de ánimo. Patricia recuerda que durante los primeros meses era como hablar con otra persona, no del “Juan Mauricio” que se había enamorado. Incluso, existen días en los que vuelve a decaer.

Algunas cicatrices físicas y emocionales de Soler fueron sanando. Hasta decidió terminar sus estudios secundarios, luego de abandonarlos cuando decidió en su juventud vivir sobre dos ruedas. Aunque con el temor de comprometerse con actividades y luego no cumplirlas, Soler asesora a Víctor Hugo Peña en la coordinación del equipo ciclístico Arroz Sonora. Pero no desconoce que está más enfocado en continuar su recuperación. Hay días en que las molestias le impiden seguir con su rutina, pero en su mente siempre está mejorar cada día. Soler, quien está pensionado por el gobierno español, cuando no puede cumplir con sus actividades diarias se dedica a ver las grandes vueltas del ciclismo por televisión.

Después de que Soler se vistiera con el tradicional maillot de pecas rojas como campeón de la montaña en 2007, El Espectador determinó que era el Deportista del Año. El entonces mejor escalador del mundo, asistió a la gala acompañado con sus dos padres. En esta versión de los premios asistió con su esposa y con su hijo, Juan Mauricio, el que considera su motor de vida. “Por ahora, esperar que me para el destino”. Soler, quien ya le ganó la carrera a la muerte, solo espera que su cerebro y su cuerpo trabajen el mayor tiempo posible. No quiere irse sin ver a su hijo crecer, verlo hacer lo que desee. Confiesa que ojalá no sea en una bicicleta.