Millonarios: con licencia para soñar

El equipo albiazul derrotó 1-0 a Boyacá Chicó en Tunja, en el juego de ida de la final de la Copa Colombia. La revancha se disputará el próximo jueves en el estadio El Campín de Bogotá.

A veces el destino no entiende de merecimientos. Pero anoche, en el estadio la Independencia de Tunja, sí. Millonarios, que buscó la victoria desde el comienzo del juego y generó la mayoría de opciones de gol, derrotó 1-0 al Boyacá Chicó, en el primer juego de la final de la Copa Colombia. El tanto de Rafael Robayo permite que los embajadores acaricien un título, después de 10 años.

Millonarios fue incisivo en parte porque se sintió como en casa anoche en la Independencia de Tunja, cuyas gradas estaban colmadas por hinchas azules en su mayoría. Los dirigidos por Richard Páez se sintieron con la propiedad de buscar la victoria.

Chicó, por el contrario, fue errático y tímido. Yhonny Ramírez y Edwin Móvil estuvieron distantes de los delanteros Diego Chica y José Correa, quienes no remataron a la puerta en todo el primer tiempo.

El equipo azul, por el contario, generó seis ocasiones de peligro sobre la portería de Cristian Bonilla. Édison Toloza tuvo las dos más claras (20’ y 27’), una que se fue apenas desviada y otra que acusó la estirada de Bonilla.

Sin embargo, los jugadores albiazules parecieron correr en punticas durante la primera etapa, pues la grama, mojada, causó la caída de varios de ellos: Luis Mosquera, Juan Esteban Ortiz, Érick Moreno y Alejandro Cichero. Sobre todo Cichero, quien tras resbalar en dos ocasiones pidió cambió de guayos. La cautela hizo que el juego fuera lento, a veces tímido.

Sin tantas caídas y con un juego más de ida y vuelta, el segundo tiempo no cambió el objetivo ofensivo de Millonarios. Comenzando, los visitantes dieron la primera alarma a través de Érick Moreno, quien remató a la esquina tras el mano a mano, pero una vez más Bonilla —de 18 años— se robó los aplausos.

Máyer Candelo fue quien se echó el equipo al hombro, poniendo pases a los delanteros, realizando jugadas de laboratorio en pelotas paradas y rematando al arco. Pero Bonilla parecía estar intratable anoche.

Sólo hasta el minuto 84 el portero de la selección Sub-20 pudo ser vulnerado. Y el causante fue el de siempre. El capitán, el pulmón y salvador del equipo, Rafael Robayo, desbordando por el costado izquierdo y definiendo como atacante.

Luego de vencer a Emelec en la final de la Copa Merconorte de 2001, Millonarios tiene la oportunidad, 10 años después, de volver a ganar un título. El destino decidirá, el próximo jueves en El Campín de Bogotá, si lo merece.

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