Millos ganó la batalla de Boyacá

Con gol del interminable Máyer Candelo, a falta de diez minutos para el final, el equipo albiazul derrotó en El Campín 1-0 a Boyacá Chicó y volvió a levantar un trofeo tras el título obtenido en la Copa Merconorte 2001.

Bastó con una pequeña muestra de talento. Sólo un par de segundos de destellos de Máyer Candelo, aun cuando cinco minutos antes había errado un penalti. El experimentado, el eterno, el de la cabeza fría, aprovechó un error en salida del Chicó, luego enganchó a un defensa, definió con desparpajo y enmendó su error. Y Millonarios obtuvo el trofeo de Copa Colombia: un título en la casa azul después de 10 años.

El ambiente: mágico, emotivo, una fiesta de principio a fin. Dos horas antes del juego, mientras ríos de personas trataban de ingresar, Dr. Crápula le puso emoción al previo con sus canciones. Las vuvuzelas, la gritería y las arengas recibieron luego al equipo local en la salida. Una bandera gigante con los colores azules y blancos de Millonarios, y amarillo y rojo de Bogotá, cubrió todo el sector norte de El Campín.

Pero a pesar de la fiesta que se vivía en las tribunas, una vez el juez dio el pitazo inicial —luego de que José Roberto Arango, expresidente del club, hiciera el saque de honor— el partido fue poco emotivo.

Los jugadores de ambos clubes trastabillaron, no estuvieron finos. Fueron contadas con las dos manos las llegadas de gol en todo el partido. Cuatro tiros de larga distancia de John Jairo Montaño. Y dos, sólo dos claras de Millonarios. En el primer tiempo una de Érick Moreno que, solo frente al arquero, prefirió realizar una media chalaca que salió defectuosa. Y otra en el segundo: un centro de Toloza que cogió rumbo de portería, pero que aruñó Bonilla.

El drama del partido, acaso la única jugada que emocionó al público, llegó al minuto 80, cuando derribaron a Édison Toloza en el área rival y el árbitro sentenció penalti. El fin de semana pasado ya Toloza había errado uno contra Pereira, por Liga, por lo que Máyer Candelo pidió el balón. Pero… Bonilla leyó bien los movimientos del veterano y lo atajó.

Sin embargo, cinco minutos después, los papeles cambiaron: Bonilla pasó de héroe a villano y Candelo de villano a héroe. El portero de 18 años realizó un mal saque y le quedó al 10 albiazul, quien enganchó al defensa boyacense y definió a la esquina, con simpleza.

La historia dirá que Millonarios, a pesar de que no practicó su mejor fútbol en la gran final, es campeón de la Copa Colombia 2011. Se convirtió en el tercer equipo capitalino en levantar este trofeo, luego de Equidad (2008) y Santa Fe (2009). Un premio justo a una institución que entendió desde hace un tiempo que los torneos se juegan desde las oficinas y luego, entonces, se ganan en la cancha. Pasaron 10 años para asimilarlo.

La última vez que el equipo embajador conquistó un trofeo fue el 19 de diciembre de 2001: el de la Copa Merconorte. El entonces capitán, el antioqueño Carlos Castro, levantó el trofeo. Luego de diez años de sufrimiento, de una ardua batalla contra una crisis deportiva y económica, la imagen fue acaso una catarsis: Rafael Robayo levantó la copa de campeón. El bogotano, de 27 años, festejó tanto o más que la hinchada: primera vez que logra un título en su carrera, al igual que Pedro Franco, Luis Mosquera, Édison Toloza y Erick Moreno, titulares anoche.

Una vez el central Adrián Vélez hizo sonar el pitazo final, la fiesta en El Campín —que estuvo a reventar y con un excelente comportamiento de sus hinchas— fue a lo grande. Pólvora, abrazos, llantos y hasta la lluvia que se hizo presente, fueron el moño de una noche en la que Millonarios conquistó la batalla de Boyacá, ganó su primero título tras diez años y un cupo a la Copa Sudamericana de 2012.

“Quedamos en la historia del club más grande”

Así se expresó el capitán de Millonarios, Rafael Robayo, luego de conseguir su primer título. “Estábamos trabajando para lograr esto y llegó en el momento justo. Este equipo tiene unión, entrega y mucha fe. Es muy lindo ver a esta gente celebrando, a pesar de la lluvia. Quedamos en la historia del club más grande”, aseguró Robayo.

Máyer Candelo, el autor del único tanto, fue más sereno: “Estoy tranquilo, tuve la revancha luego de errar el penalti. Definí así como se los metía a Millos cuando jugaba en el Cali”, afirmó el veterano.

Y añadió: “A mí me enseñaron a asumir retos difíciles y por eso vine a Millos, aun cuando la hinchada no me quería. Y hoy (ayer) que no jugamos bonito, pudimos ser campeones de manera justa”.

Uno de los jugadores más emocionados fue Édison Toloza, quien ganó el primer trofeo de su carrera. “Lo merecemos porque tuvimos sacrificio y se nos notó desde el principio que queríamos ser campeones. Es muy lindo celebrar con esta gente”, dijo.

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