Cómplices de la desgracia

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Yerry Mina tenía que salir descalzo a la carretera para colgarse de un camión y llegar al entrenamiento en Cali todos los días porque no tenía ni un par de zapatos ni dinero para el pasaje. Juan Guillermo Cuadrado jugaba con su papá a meterse debajo de la cama cuando comenzaban a sonar las balas en Necoclí hasta que todo pasara. Una tarde, al terminar el tiroteo, el pequeño Juan salió de su cambuche, pero su papá no. Y así sucesivamente la mayoría de los jugadores de nuestra selección son hijos de la pobreza, la miseria y la violencia. Eso fue lo que nuestro país, en cabeza de los gobernantes que elegimos todos, les dio.

Con todo y eso nuestros mejores hombres visten con orgullo la camiseta del país que les dio muy poco. Algunas veces nos han dado alegrías inmerecidas, como aquel quinto lugar en el Mundial de Brasil o el cinco a cero frente a Argentina del 93, e incluso la obtención de la Copa América de 2001.

También, como en los últimos días, nos han entregado decepciones. El país esperaba que, en medio de tantas malas noticias, en un año turbulento como este, nuestros hombres nos regalaran un par de alegrías para cerrar el año. Lo visto en la cancha tanto en Barranquilla como en Quito fue triste. Es claro que el entrenador está confundido, que los futbolistas no entienden su mensaje, que la desconfianza se apoderó de sus cabezas desde el comienzo de los dos partidos y que cuando eso pasa el cuerpo se pone rígido y no responde a las órdenes que el cerebro le da. Y si a eso le sumamos que no hay líderes espirituales dentro del equipo capaces de levantar el ánimo de la tropa, entonces pasa lo que pasó.

Si llegase a ser cierto que se pelearon en algún momento de esta doble jornada eliminatoria, maravilloso. Eso quiere decir que les duelen este tipo de resultados, como tiene que ser.

Con lo anterior no quiero justificar nada. La mayoría de estos mismos jugadores, liderados por otro entrenador, supieron levantarse de la derrota ante Japón en Rusia y llevaron al equipo a los octavos de final del Mundial. Murieron de pie, en los penales, contra Inglaterra. Pero no podemos esperar mucho más de ellos. La de Colombia es la selección número 16 del mundo en valor de mercado, según el portal especializado TransferMarket. Eso quiere decir que estos hombres están para pelear, con mucha dificultad, la entrada a la segunda ronda de una Copa del mundo. Nada más y no creo que sea poco.

En Colombia no hemos sido capaces de exigir con vehemencia que se invierta en nuestros jóvenes para mantenerlos lejos de la miseria, la violencia y la pobreza. Los empresarios y directivos no se han interesado en invertir en la formación de hombres antes que de futbolistas. No podemos más que alegrarnos cuando son capaces de lo mejor. Pero cuando son capaces de lo peor deberíamos reconocer que todos somos cómplices de la desgracia.

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