
La selección de Haití en la previa del Mundial.
Foto: EFE - CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH
El árbitro dio el pitazo final y, por un instante, el país entero contuvo el aliento. Haití acababa de ganarle 2-0 a Nicaragua. El segundo gol de Ruben Providence, al minuto 45, desató algo que iba más allá del fútbol. Los últimos minutos fueron de resistencia, nervios y de un equipo que aguantó hasta el final con el corazón en las manos.
Cuando acabó el partido, Haití explotó. Las calles se llenaron de gente, de cantos, de abrazos y risas. En las casas, en los bares y en cada rincón del país se escuchaban gritos de alegría. La gente bailaba...
Por Ana Sofia Victorino Ramirez, especial para El Espectador
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