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Las reglas del fútbol han sido recopiladas y organizadas desde 1848. En Cambridge se escribieron unos dispares garabatos en donde se trataba de organizar y aclarar ciertos aspectos técnicos del juego, y se debatía entre permitir o no tocar el balón con las manos. Fue el primer manual, el más primitivo y tosco de todos.
Nueve años después, dos jóvenes futbolistas del Sheffield Football Club redactaron un modesto manual, mucho más preciso y tajante, en donde acabaron con el debate de tocar el balón con las manos al otorgar dicho poder solo a los guardametas. Y en 1863, al fin, Ebenezer Cobb Morley decidió crear la FA (Asociación de Fútbol) en Londres y unificar todos los reglamentos escolares que existían para que el juego tuviera una forma y una identidad definidas y claras, y para que cualquiera entendiera las motivaciones y formalidades del juego.
Desde entonces, dicho manual ha sufrido variaciones y transgresiones. Las reglas se han tergiversado y acomodado —para bien y para mal— con el paso de los años, respondiendo a intereses personales, a veces, y comerciales, muchas otras. Han existido desacuerdos, acuerdos multitudinarios y ataques; retoques encubiertos con palabras bonitas y discursos políticos elaborados.
Ahora, y desde 1886, dichas reglas se encuentran encerradas en un cajón polvoriento lleno de marcas de dedos grasientos en los salones de la IFAB (International Football Association Board, por sus siglas en inglés). Y aunque su misión es resguardar y cuidar dicho reglamento de forma neutral, desde que la FIFA se asoció con ella en 1913, su trabajo se ha vuelto difícil.
La regla número 7 del reglamento dicta que “los jugadores tienen derecho a un descanso en el medio tiempo que no exceda los 15 minutos”, así que, en teoría, el show de entretiempo que con tanto empeño ha decidido organizar la FIFA, estaría en contradicción con dicha regla, pero eso parece no tener importancia. A través de sus canales oficiales, la FIFA se mostró orgullosa y feliz de poder contar con artistas de talla mundial en un show musical que ellos aseguran no tendrá una duración mayor a los 11 minutos, y que piensan que logrará que la pelota trascienda el pitido final y se convierta en un ente transformador de vidas.
“Este espectáculo innovador, curado por Chris Martin de Coldplay, celebrará el fútbol, la música y nuestros valores compartidos, asegurando un legado que trascenderá el pitazo final”, sentenció. Pero aunque el show solo dura 11 minutos, el montaje y el desmantelamiento del escenario podrían extenderse hasta los 30 minutos, como ya se ha informado a algunas cadenas televisivas de Estados Unidos, México y Europa, para que puedan planear sus parrillas de forma consecuente.
La FIFA, encabezada por Gianni Infantino, argumenta que todo el esfuerzo y la transformación del juego que lleva a cabo con la introducción de dichos espectáculos son para lograr que el fútbol se vuelva un deporte global, y que solo está respondiendo a una demanda cada vez más generalizada del público. La prueba piloto la hicieron en la final del Mundial de Clubes de la FIFA de 2025, donde el show se extendió por 24 minutos.
La IFAB no puede decir nada, porque aunque vela por el cumplimiento milimétrico de las reglas, se han visto muchas veces desvirtuados, al presenciar cómo estas se alteran de forma conveniente siempre que se ejerza la presión adecuada —como se hizo con la sanción de Folarin Balogun y ahora, y desde el Mundial de Clubes, alargando el descanso de medio tiempo—, pues la IFAB introdujo un pequeño salvavidas para la FIFA, escondido en la regla 7, dándole la libertad al organizador del torneo de modificar dicha regla a su acomodo y según su propia necesidad. Así que, como la FIFA es la dueña absoluta del torneo, puede hacerlo si así lo desea. Y así lo desea.
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