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En El Espectador, en los años 40 del siglo pasado, hizo carrera la frase “hay que torcerle el cuello al cisne”. Quien la patentó fue don José Salgar, el jefe de redacción del diario, para enseñarle al recién llegado redactor Gabriel García Márquez, entonces prometedor cuentista, que en el periodismo no se debe inventar nada, sino ceñirse a las circunstancias de las noticias. Pero, eso sí, hacer la diferencia a nivel informativo desde la mirada original del reportero capaz de encontrar el lado humano que otros no vieron. (Lea: ¿Por qué para Senegal jugar contra Colombia era asunto de Estado?).
Pues esa máxima se aplica al juego de Colombia frente a Senegal. Ganamos 1 a 0 y clasificamos a la segunda ronda del Mundial de Rusia porque el técnico José Pékerman y la selección supieron torcerle el cuello al cisne en un juego que se complicó. Las posibilidades eran pocas. Los africanos son un equipo distinto a Polonia, más atlético, más veloz, más cerrado, y además James Rodríguez se lesionó otra vez del gemelo de la pierna izquierda. Colombia sufrió mientras se adaptó a esas condiciones, mientras Juan Fernando Quintero entendió que debía tener mayor movilidad para que el balón circulara y los oponentes, en cabeza de Sadio Mané, estrella del Liverpool inglés, no pudieran profundizar. Volantes y defensas colombianos debieron concentrarse en contención antes que en el ataque. Fue clave el papel de Carlos Sánchez y de Matheus Uribe. (Siga nuestro especial del Mundial).
Saldado el primer tiempo, incluido un penalti del que nos salvaron el polémico asistente de video (VAR) y un árbitro con criterio, se notó la mano de Pékerman: si no podíamos hilvanar jugadas como en el segundo juego de la fase de grupo, había que apostarle al poder aéreo como una alternativa frente al muro senegalés, que no podíamos penetrar como a la defensa polaca.
Los centros de Quintero y Mojica no encontraron bien posicionados a Falcao ni a Muriel, que batallaron y le metieron corazón. Quedaba la alternativa de Yerry Mina, con casi dos metros de estatura y más de dos de profesionalismo y talento, para sacarles provecho a los tiros de esquina. Probó en el segundo palo del arquero africano y no pudo. Hasta que resultó la jugada perfecta, la del entrenamiento: centro de Quintero, Yerry no espera el balón en el área chica sino que llega desde atrás, al segundo palo, para sorprender entre dos defensas con su técnica para cabecear, la que le vimos en el gol contra Polonia, en Palmeiras, en Santa Fe, y que, ojalá, lo lleve al éxito en el Barcelona luego de su destacado papel en Rusia 2018.
Torcerle el cuello al cisne en fútbol es replantear un juego a nivel táctico cuando lo planeado no se amolda a lo que propone el oponente. “Observar y tener criterio para decidir sobre la marcha”, enseña sir Álex Ferguson, el histórico técnico del Manchester United, en su libro Liderazgo. (Lo que Ferguson le enseña a técnicos como Juan Carlos Osorio).
La aparición de Mina, citando Fútbol, mi filosofía, del legendario técnico holandés Johan Cruyff, materializa lo que él definía como “aprehensión de rutinas" en su "escuela de juego posicional", que en algún momento pueden definir un encuentro enredado. Coincide con su colega británico en que esa "potencialización de fortalezas" se lleva a la práctica a través de la "visión de juego" del técnico. Senegal, en cambio, no varió su esquema; pase a las espaldas de una defensa bien parada y velocidad de sus atacantes, que esta vez no pudieron rematar, y cuando lo hicieron, el arquero Ospina fue garantía. (Las 14 lecciones de Cruyff).
Ahora Colombia enfrentará a la compleja Inglaterra. Pékerman armará otro plan, de octavos de final de Mundial ante un rival europeo que ya nos venció 2-0 en Francia 98, y deberá seguir atento para, si es necesario, torcerle el curso al partido.