Mundial Rusia 2018: Alemania ya perdió una guerra en Rusia

Así como el 2 de febrero de 1943, cuando su ejército se rindió en Stalingrado, la selección de Joachim Löw podría quedar fuera del Mundial si cae este sábado con Suecia.

Los teutones le apuestan al colectivo para superar a Suecia. AFP

Todo comenzó con la ambición de Adolf Hitler y sus ganas de ir por más, y la creencia de que su ejército era invencible, incluso en un territorio agreste, de temperaturas bajas, de miles de kilómetros de recorrer sólo conociendo el destino y no el trayecto y contra un oponente que meses atrás era el gran aliado. “La música de la muerte no para de sonar”, se leía en el diario de un soldado de la Unión Soviética encontrado a las puertas de Stalingrado, la ciudad que se volvió una obsesión para el Tercer Reich, por su nombre alusivo al gran líder del comunismo y por su ubicación estratégica para conquistar todo lo que estuviera por delante. (Vea nuestro especial sobre el Mundial de Rusia 2018)

La Alemania nazi, favorita por su artillería y su capacidad estratégica, perdió la batalla que no podía perder. Luchó contra la vehemencia de unos soldados que pelearon con armas más obsoletas y con la consigna de ser asesinados no sólo por el enemigo sino por sus altos mandos. “Ni un paso atrás”, fue la frase lacónica con la que Iósif Stalin intentó motivar a sus hombres, también asustarlos y, llegado el caso, ajusticiarlos.

Seis meses de enfrentamientos, dos millones de muertos y campos de concentración repletos a lado y lado, el resultado de la contienda que definió la Segunda Guerra Mundial y que dejó a los alemanes, y a Hitler, derrotados a pesar de ser superiores en todos los flancos. Superioridad fue con lo que se relacionó a esta Alemania en la Copa del Mundo, o por lo menos lo que inspiró en los demás por lo hecho hace cuatro años en Brasil, donde logró su cuarto título. (Lea: “Juan Carlos Osorio es un genio”: ‘Chicharito)

Sin embargo, en el primer partido todo se diluyó: su juego efectivo, simple y elegante, su delantera arrasadora y su eficacia ante el error del rival. El equipo de Joachim Löw llegó como el fuerte al duelo contra México, como el seguro ganador. Pero perdió, y eso tiene preocupada a la prensa teutona, a los hinchas y a los mismos jugadores, una población que a lo largo de la historia no ha tenido buena suerte en territorio ruso. “No hay cambios de ritmo, tampoco nuevas ideas. Y menos cuando se está con el marcador abajo”, dice Matthias Christian Brügelmann, periodista del periódico Bild de Berlín, un hombre delgado, alto y de tez blanca que mueve las manos mientras habla y asegura que este no es un país predilecto para su gente.

El idioma alemán de por sí es fuerte y brusco, pero a Brügelmann se le nota la molestia a medida que pronuncia cada palabra. Y no es para menos. Alemania no queda eliminada en una primera fase desde el Mundial de 1938, en Francia, cuando empató 1-1 con Suiza y perdió en los penales por 4-2; entonces, el escudo nazi reemplazó el de los colores de la nación. Sí, eran otros tiempos, eran menos equipos en competencia, pero el dato es relevante, pues desde ese entonces los teutones han sido tres veces terceros, cuatro subcampeones, sin mencionar las ocasiones en las que levantaron el trofeo (1954, 1974, 1990 y 2014). De hecho, la última gran debacle fue en 1998, año en el que Croacia los dejó fuera en los cuartos de final. “Fue a raíz de eso que hubo un cambio en todo el modelo del fútbol en nuestro país. Desde las divisiones inferiores de los clubes hasta en infraestructura. Sin contar la preparación que los entrenadores tuvieron en el exterior”, apunta Brügelman. (Lea: Alemania: ¿por qué Mesut Özil no juega para Turquía?)

Y eso se notó, ya que desde esa Copa del Mundo Alemania siempre ha alcanzado las semifinales, como mínimo. El ambiente del grupo no es el mejor, así sus referentes hagan creer lo contrario. “Es mentira que estamos divididos. Por el contrario, la unidad se mantiene”, dijo Manuel Neuer, el portero de los campeones del mundo. “Los noto nerviosos y eso es algo que no se veía hace mucho tiempo. Esperemos que los rumores de que en el interior hay una división sean eso, puros rumores”, dice Brügelman, con un tono mesurado, a la vez que busca un cuaderno que hace las veces de bitácora en cada partido de su selección.

Alemania ya no tiene tiempo y por eso está creando su propio tiempo. Löw ha intentado que sus dirigidos profundicen vínculos, que hablen de otras cosas, de sus hijos, de sus esposas, de su vida lejos de las canchas, para que, como en la guerra, defiendan al compañero como si su familia fuera la propia. En otras palabras, el DT está disparando todo al corazón colectivo. En Brasil, como lo reveló un documental posterior al título, los alemanes trabajaron a tope, pero también tuvieron tardes libres para jugar golf, ir a la piscina, hasta para conocer tribus del Amazonas. Así fueron campeones, porque su entrenador quiso unirlos como personas antes que como futbolistas. Y eso no está pasando en esta oportunidad, por lo menos para la prensa. “Los ves alejados. Y no estoy hablando después de la derrota con México sino antes de ese encuentro”, cuenta Brügelman. (Lea: Alemania se viste con el traje de favorita para el Mundial de Rusia 2018)

Lo cierto es que no existe previa que asegure un triunfo, y en caso de caer este sábado ante Suecia, en el estadio de Sochi, Alemania podría decir adiós de manera prematura, perdiendo la batalla definitiva y, por ende, la guerra en Rusia, tal cual le sucedió al ejército nazi el 2 de febrero de 1943, el día en que para muchos terminó la Segunda Guerra Mundial.

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Camilo Amaya - Enviado especial Rusia

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Mundial Rusia 2018: Alemania ya perdió una guerra en Rusia

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