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El gesto irrespetuoso del número 11 hacia su entrenador tuvo reprobación inmediata de la torcida apostada en Vila Belmiro, lo cual terminó por demostrarle al futbolista que su calidad de estrella no le daba licencia para pasar por encima de la propia institución.
Tal reacción derivó en una sanción económica que fue lo de menos para la nueva joya del fútbol brasileño, quien luego de disculparse públicamente, entendió que su lugar en la Sub 20 auriverde corría peligro.
El propio seleccionador absoluto del ‘Scratch’, Mano Menezes, le cobró la picardía y no le renovó convocatoria para los amistosos de octubre, así su debut en la mayor hubiese incluido gol frente a Estados Unidos.
Pero antes que genio incomprendido, el nacido en Mogi das Cruzes demuestra lo osado que puede llegar a ser, sin escapar de paso al fenómeno marcadamente latino del adolescente que luego de hacerse adulto a punta de pelotazos, terminó acorralado por los elogios, la fama y hasta inseguridades.
Surgido de la inagotable cantera santista —cuyo principal producto es marca registrada de inmortalidad: Pelé—, este habilidoso atacante debutó profesionalmente a los 17 años —cumplirá 19 el próximo 5 de febrero— y por su figura delgada y escurridiza, que se tornó incontrolable para las defensas rivales, fue elegido como el sucesor natural de Robinho, el ídolo más reciente del ‘Peixe’.
Renuente a las comparaciones al entender que un paralelo con ‘O Rei’ “es demasiado porque es el mejor del mundo”, prefiere afirmar que su juego en algo se asimila al de Garrincha. Y tras su estreno en el Juventud de América con cuatro goles, parece ir del dicho al hecho.