Por: Antonio Casale

No es una persona cualquiera

Diego Maradona, el más reciente documental del cineasta británico Asif Kapadia, producido por HBO, no es uno más sobre la vida del astro. Retrata los siete años que pasó Maradona en el Nápoles, a partir de imágenes inéditas y testimonios de allegados a quien cambió para siempre la vida en el sur de Italia, pero que terminó llevándose la suya por delante.

“Diego no tiene nada que ver con Maradona. Con el primero me iría al fin del mundo, con el segundo no daría un paso”. La frase pertenece a Fernando Signorini, quien fuera preparador físico de Maradona.

Y es que en esos siete años Maradona fue capaz de lo mejor y lo peor, pero este documental logra expresar el contexto en el que se movió el 10 de la gente, una mezcla explosiva de un pueblo históricamente oprimido y humillado por los del norte que encontró en Maradona a ese héroe humanado que le dio la vuelta al destino y les regaló dos scudettos y una Copa UEFA.

Pero Maradona, uno más de los deportistas suramericanos que son genios en su oficio pero carentes de cualquier tipo de preparación para sobrellevar el saberse héroes, no pudo gambetear sus relaciones con la camorra, esa mafia napolitana que manejaba el bajo mundo del sur de Italia a través de los Giulliano, y su consecuente relación con la cocaína, las mujeres y el alcohol. Es fácil decir que el de Villa Fiorito no es un ejemplo para la sociedad, pero hay que ponerse en sus zapatos para comprender las razones que al mismo tiempo lo catapultaron y lo sepultaron.

Otra faceta interesante del documental es el hecho de poder ver imágenes reales de cuando el fútbol, ese deporte fantasioso de pelota que nació en el barrio como un regalo para que el pueblo hiciera catarsis de sus problemas de la vida real, era genuinamente barrial. Ver a Maradona en la austera concentración durante el Mundial de México 86 en la sede del club América, en medio de entrevistas relajadas con los miembros de la prensa o dirigiendo junto a su papá un asado de integración para sus compañeros, contrasta con la burbuja en la que viven inmersos los cracks de hoy.

Los empresarios han convertido a los futbolistas en rockstars que hacen alarde de sus excéntricas vidas a través de las redes sociales mientras se hacen intocables para la multitud.

Maradona es una máquina de hacer dinero para quienes sacan provecho de su figura. Desde los Giulliano hasta Hugo Chávez y su séquito, pasando por los jeques árabes y los directivos de Tijuana o Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde hoy trabaja como entrenador, aunque ya no se le entienda una sola palabra de lo que habla y le cueste caminar, se han lucrado hasta la saciedad de lo que su figura transmite. Lo más triste es que algún día, más pronto que tarde, Diego explotará para siempre. Ni siquiera la mano de Dios podrá cambiar el curso de su decadencia.

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2019-12-10T06:00:00-05:00

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