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"No fui un buen ejemplo"

El antioqueño le pidió perdón al país. “Atravieso un momento muy difícil en mi vida, defraudé a mi familia, a mi equipo, a los hinchas”, dijo.

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Luis Guillermo Montenegro
24 de septiembre de 2012 - 10:00 p. m.
Muy arrepentido lució ayer Gerardo Bedoya, en la rueda de prensa en la que pidió disculpas por la agresión a Ramírez.  / Gabriel Aponte - El Espectador
Muy arrepentido lució ayer Gerardo Bedoya, en la rueda de prensa en la que pidió disculpas por la agresión a Ramírez. / Gabriel Aponte - El Espectador
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De traje, sin corbata, cabizbajo y con una gran tristeza marcada en el rostro, Gerardo Bedoya llegó este lunes, sobre las 4 de la tarde, a la sede administrativa de Santa Fe acompañado por el presidente del equipo, César Pastrana.

Se sentó en una de las sillas de la mesa principal del salón adecuado en el lugar para ofrecer ruedas de prensa. Y con una voz bajita, de arrepentimiento, el antioqueño empezó su discurso, casi que un monólogo, para pedir disculpas por la penosa patada que le pegó el sábado pasado al jugador de Millonarios Johnny Ramírez.

“Apenas hice lo que hice me sentí impotente. Atravieso un momento muy difícil en mi vida, defraudé a mi familia, a mi equipo, a los hinchas. Me equivoqué y quiero corregir estas actitudes”, dijo Bedoya, quien al sentir el respaldo de su presidente y sus compañeros, decidió dar la cara, tras dos días de recibir el repudio de los hinchas del fútbol por su descalificador comportamiento.

“Me equivoqué, las disculpas las merece el país. A Jhonny lo llamé y le pedí disculpas, siempre hemos sido amigos y él me las aceptó. Él viajó a Madrid, pero cuando vuelva quedamos de vernos cara a cara”, prosiguió su diálogo.

“No es un momento fácil para mí, estoy dando la cara para tratar de resarcir lo que pasó. En el entrenamiento hoy (lunes) no podía mirar a la cara a mis compañeros de equipo. También les pedí disculpas por lo que había hecho y ellos las aceptaron”, explicó el paisa, de 36 años, quien tiene un antirrécord en el fútbol de 41 expulsiones.

“En Santa Fe me han ayudado mucho para corregir mi temperamento. Sin embargo, le fallé, espero no volver a hacerlo, porque sé que esto le hace daño al fútbol. Mi padre ha intentado aislar a mi hija para que no se dé cuenta de lo sucedido. Es algo que ha afectado a mi familia. He pensado bastante en lo que piensa mi hija de mí. Sé que con lo que pasó no fui un buen ejemplo para ella”, puntualizó.

El presidente Pastrana cerró la dura charla de Bedoya diciendo: “el club no le va a poner ninguna sanción al jugador y está a la espera de la determinación de la Dimayor. Reprochamos lo sucedido, no vamos a defender lo indefendible, pero Gerardo es una persona que queremos mucho y que apreciamos. Y por eso, hoy dio la cara”.

Por Luis Guillermo Montenegro

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