La nueva guerra del fútbol

La detención de siete altos directivos del organismo más poderoso del fútbol amenaza con convertirse en un grave incidente diplomático.

El presidente ruso, Vladimir Putin, criticó a EE.UU. por la intervención a la FIFA, de la que él es aliado. Aquí en un reciente foro de negocios en Rusia. / AFP
No es que todo mundo lo adorara, pero la re-re-re-re-elección de Joseph Blatter al frente de la FIFA, el viernes, debería haber sido un simple trámite. A través de un entramado de alianzas y favores intercambiados incluso desde antes de que en 1998 asumiera el cargo más poderoso del fútbol, y tal vez del deporte mundial, el octogenario contaba con los votos necesarios para asegurarse cómodamente un quinto período.
 
Sin embargo, dos días antes de la votación, siete altos directivos y exdirectivos de la Federación que se preparaban para asistir al congreso fueron detenidos en Suiza y, aunque aún no exista una solicitud de extradición, podrían terminar en cuestión de meses en las cortes federales americanas.
 
Que la simpatía que Battler despierta en los altos círculos del fútbol no es unánime se evidenció cuando, conocida la noticia, un buen número de voces, que incluyen la de Michel Platini e incluso la Uefa (Unión de Asociaciones de Fútbol Europeas) como institución, solicitaron el aplazamiento de las elecciones por un período de al menos seis meses. 
 
Ese tiempo bastaría para que las acusaciones de corrupción fueran el punto final de la carrera de Battler, teñida ya por su indiferencia frente a la difícil situación que deberán soportar los hinchas y jugadores homosexuales que asistan a los mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022, y por no dar solución al dossier de la discriminación y bloqueo del Estado de Israel a los jugadores palestinos.
 
Los rivales de Battler esperaban también que una anulación de la elección actual les permitiera deshacerse de su oponente en la batalla por la presidencia de la FIFA, el príncipe Alí bin Hussein de Jordania, cuya victoria consolidaría el peso del fútbol (y los petrodólares) árabes y les cerraría el camino a aspirantes como el francés Jérôme Champagne y de personalidades como el exdirector del Ajax Michael van Praag y el exjugador portugués Luis Figo.
 
Al final de la tarde del viernes Battler fue finalmente reelegido, pero deberá continuar enfrentándose tanto al grupo árabe-asiático como a los europeos que consideran que su hegemonía debe terminar. Sus principales aliados son las federaciones africanas y la Concacaf (Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe), y predeciblemente dedicará su quinto mandato a evitar que estos dos bloques no se fracturen y no pierdan influencia a la hora de escoger sedes y presidente de la FIFA.
Todos contra todos 
 
Alexandre Borde, periodista deportivo del semanario Le Point no duda en lanzar la pregunta: ¿La copa del mundo se basa en una estafa general?, y señala que es importante tener en cuenta que más que centrarse en la adjudicación de las sedes para los próximos mundiales, las autoridades americanas se interesan en los sobornos que se movieron a la hora de votar por las sedes de todas las copas mundiales a partir de 1998. Así, por ejemplo, Marruecos habría pagado a varios miembros del comité de la FIFA para obtener la copa mundo de ese año, cuya sede fue finalmente Francia. En medio de las ráfagas de acusaciones, Constant Omari señaló que Alemania habría sobornado a la Federación de Oceanía para quitarle al continente africano la Copa Mundial de 2010.
 
La corrupción a los más altos niveles de la FIFA no se limita a la asignación de sedes mundialistas. Previamente a la elección del presidente de la Federación en 2011, tanto Battler como su rival de ese entonces el catarí Mohamed Bin Hammam, fueron acusados de comprar votos y se vieron frente al riesgo de una anulación de sus candidaturas. Battler salió consolidado cuando el Cómite de Ética de la FIFA declaró que el europeo no había incurrido en falta alguna, pero los miembros asiáticos consideraron que la prohibición de por vida a Bin Hamman de participar en cualquier evento relacionado con el fútbol fue excesiva.
 
Apenas dos años después, Daryan y Daryll Warner, los hijos de Jack Warner, exvicepresidente de la FIFA y expresidente de la Concacaf, quien se entregó a las autoridades en Trinidad y Tobago luego de los arrestos en Suiza, se habían declarado culpables por cargos de corrupción.
 
A pesar de que todos los gobiernos, hasta el colombiano, y el mismo Battler han ofrecido a las autoridades su colaboración y solicitado la mayor diligencia posible en la investigación, la FIFA como institución tiene al menos un aliado de peso: el presidente ruso, Vladimir Putin, para quien todo el escándalo no es más que una injerencia de Estados Unidos en un tema que no le compete ni territorial ni financieramente, y cuyo objetivo sería sabotear el mundial para el que el país euroasiático se prepara.
 
A mediados de 2014 la periodista Anne Appelbaum, del portal Slate, sugería que la Copa Mundo de Brasil sería la última que se celebraría en un país democrático. Decía que ante la corrupción rampante que envuelve la adjudicación y realización de los mundiales y Juegos Olímpicos —y cuando parece demostrado que el argumento de las ganancias en turismo y los avances en urbanismo e infraestructura que dejan para un país los megaeventos deportivos se cae de su peso— sólo un régimen autoritario podría imponer tal delirio megalómano a sus ciudadanos. El escándalo de la FIFA podría darle la razón.
 
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Los números de la FIFA
 
-338 millones de dólares fue el beneficio en el período 2011/2014,  para un total de US$5.700 millones en negocios, gracias al Mundial de Brasil.
 
-1.500 millones de dólares son las reservas de la organización,  que depende en buena parte de las ganancias de la Copa del Mundo.
 
-453 millones de dólares fueron destinados a financiar al Comité de Organización del Mundial 2014, según revelaron las directivas de la FIFA.
 
Buena salud financiera
 
Uno de los vicepresidentes de la FIFA habló del bueno momento de la organización.Según dijo, los últimos años han estado llenos de éxitos deportivos y financieros, lo que permitió aumentar los números. El aumento se debe al aumento de los derechos de televisión. 
 
Las inversiones
 
Según los datos revelados durante el 65 Congreso del organismo, el 72% del dinero gastado se “invirtió   en el fútbol”. De los 2.200 millones de dólares estadounidenses dedicados al Mundial 2014, 476 millones fueron pagados a las 32 selecciones participantes.