Opinión: Golpe de estadio

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Toda crisis tiene en sí una oportunidad. La del fútbol colombiano es enorme. Sobre todo para los equipos tradicionales: los que fundaron la liga profesional, los que han ganado la mayoría de las estrellas, los que llevan la mayor cantidad de público a los estadios, los que mueven el rating en la televisión.

Desde hace tiempo el Fútbol Profesional Colombiano (FPC) se volvió una institución poco respetada, con varios de sus dirigentes muy cuestionados, que solo defienden sus propios intereses, y todo en medio de una mal llamada democracia, en donde los votos de todos valen lo mismo, en donde todo se reparte igual y en donde se premia la mediocridad de muchos, en contravía del esfuerzo de esos pocos equipos con buena hinchada y en detrimento de un mejor y más competitivo espectáculo para los aficionados.

Para ponerlo en términos en boga en estos días: si nuestro fútbol criollo se encontraba en la unidad de cuidados intermedios, el COVID-19 la envió directamente a la de cuidados intensivos. Por eso es hora de que la crisis haga crisis. Es hora de que el fútbol colombiano se reinvente. Esto va a requerir un trabajo que pasa por diversos frentes: desde rediseñar el propio gobierno corporativo del fútbol profesional, pasando por lo económico, lo deportivo y la estructura de competencias, hasta cómo se presenta a los hinchas y se vuelve a hacer atractivo un producto que hoy compite por el mismo público del fútbol de Europa y las ligas argentina y brasileña.

El fútbol se demorará en volver con público poscovid-19. La reputación del FPC aún más -si no se toman decisiones-. Sobre lo primero no hay mucho margen de acción, sobre lo segundo, sí: está en manos de los dirigentes de los 10 o 12 equipos con hinchadas ser capaces de anteponer sus propios intereses y sumarse y aunarse en un solo camino para transformar de una vez y por siempre el FPC.

Una liga con 36 equipos, en la que más de 20 son fichas sin afición que cambian de ciudad, color o nombre con la misma facilidad que un niño cambia la talla de su ropa no es viable. Y el fútbol colombiano sin los equipos históricos no es viable. No será atractivo. Un producto sin diferencial no se vende. No será un producto de interés.

Los directivos de esos equipos grandes deben tomar el toro por los cuernos, es el momento de ser valientes, basta con que tres o cuatro lo hagan para que los otros se sumen. El llamado es que no desperdicien la oportunidad de la crisis. El clima de opinión está listo para dar un vuelco radical, una estrategia integral que transforme el fútbol desde la estructura y un norte claro para el mediano plazo con el que se pueda identificar la mayoría de la afición, serán la punta de lanza para que nuestro fútbol de clubes sea competitivo y un espectáculo atractivo para patrocinadores, afición y el mercado internacional.

La ausencia y nula reputación de la actual Dimayor permite hacerlo, las ganas de cambio y de calidad también, y con seguridad los amantes del fútbol estarán dispuestos a ayudarlos si el resultado es un mejor espectáculo, incluso con menos equipos, pero en el que existe una estructura de negocio sostenible en la que se privilegia el Fútbol (sí, con mayúscula) y no los intereses de unos mercaderes que solo buscan beneficios particulares de corto plazo.

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