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Por más que desafió a su memoria, como lo hace habitualmente con las alturas, se dio por vencido para recordar, así fuera en un número aproximado, el total de saltos que ha realizado, pero lo que sí tiene claro es que desde el primero que le marcó el destino, hasta el último con el que volvió a estar en lo más alto del podio, la sensación ha sido la misma.
Por más que el vértigo nunca haya invadido a Orlando Duque, uno de los mejores clavadistas del mundo, este colombiano que de sus 32 años, 23 ha estado entre el vacío y el agua, le confesó a El Espectador que una vez se encuentra en la plataforma experimenta “algo difícil de describir en mi cabeza y el estómago antes de lanzarme; sin embargo, lo hago y disfruto al máximo”.
Y una vez que hace suya la gravedad, el tiempo es literalmente lo de menos, porque “en la caída, que es de dos segundos y medio en promedio, uno siente cómo van las cosas en el clavado y si va a tener que hacer algún tipo de correcciones en el aire. Así sea tan corto, se siente como si durara más”.
La que sí se extiende en realidad es su supremacía, patentada con el título del Red Bull Cliff Diving Series que obtuvo hace una semana en Atenas y el cual se convirtió en el “más importante de todos, ya que esta temporada ha sido la de mayor dificultad y después de 11 años de estar compitiendo con la élite, ganar de nuevo es un gran honor”.
Igual no se considera “el rey de las alturas, pero me reconforta poder superar a los mejores del mundo, ya que el nivel de competencia ha subido mucho. Mantener el primer lugar desde la segunda parada generó bastante presión, pero afortunadamente mi estrategia funcionó y logré imponerme”.
Todavía no decide dónde colocar el trofeo en su casa de Hawái, tarea que le pondrá a su esposa, con quien cumplirá 10 años de casado en diciembre y quien ha aceptado compartirlo con los clavados que le permiten “vivir por todo lo alto gracias a mi carrera. Soy muy afortunado al viajar a los sitios más espectaculares del mundo y saltar”.
Ni siquiera una agenda tan apretada, que lo mantiene entre las nubes con tanto traslado aéreo, le priva de “gozar cada momento y cuando termino un proyecto en una ciudad, trato de concentrarme de inmediato en el próximo, así es que cuando menos pienso la temporada ya se acabó y estoy de camino a casa”.
En medio de tanta belleza natural, Duque admite que “cada lugar tiene algo especial, pero uno que recuerdo mucho es el puente Stari Most, en Mostar, Bosnia, donde la gente lleva saltando allí desde hace 500 años. Ha sido destruido, reconstruido y siguen con la tradición” que rebasa los límites de la pasión, porque “casi todos los hombres en el pueblo tienen un tatuaje del viaducto en su cuerpo”.
Él en su piel lleva a su Cali natal y a Colombia entera, a la que visitará en los próximos días para saltar en Malpelo, una isla en el Pacífico en la que se darán cita varios clavadistas nacionales que lo ven como referente. Uno de ellos es el ibaguereño José Éber Pava, quien finalizó 12 en la serie mundial, compite internacionalmente desde 2005 e incluso ya ganó una competencia en Acapulco.
Será la ocasión perfecta para evaluar el nivel de los clavados en nuestro país, que para su tranquilidad, “en los últimos años ha subido gracias a la participación en competencias en el exterior”. Y por eso aprovechará su estadía para advertirles a los que siguen sus pasos, de los riesgos propios de la profesión, sobre todo cuando se carece de “la preparación necesaria y en especial desde la altura que salto yo, pero la experiencia te permite aprender muchas cosas que me mantienen seguro”.
Y con tantos años de un lugar a otro y de salto en salto, sabe por ejemplo que cada día libre es un privilegio y de ahí que “cuando no se está en competencia, trato de escaparme a algún lugar, preferiblemente con playa, porque el agua me gusta mucho”, pero la palabra vacaciones está casi prohibida en su vocabulario debido a que “es bastante difícil planear con mucha anticipación algo, pues siempre salen proyectos de última hora”.
Duque igual está preparado para todo y 2010 de entrada le impone la defensa del título que recién estrena y que afronta con la decisión que un buen día lo lanzó de cabeza por un sueño y ahora entre más cae no busca tanto levantarse, sino consagrarse.