Análisis

Así ha sido la evolución del voleibol masculino en Colombia

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Este es un panorama de lo que ha sido el proceso de la selección nacional en los últimos años y de los cambios que ha tenido en este tiempo. Si bien no se pudo obtener el tiquete a Tokio 2020, el presente y el futuro es alentador.

Para dimensionar, y también entender mejor, lo que ha hecho la selección de Colombia de voleibol masculino, que a pesar de caer con Chile (22-25, 25-22,  21-25 y 19-25) mostró un gran avance de cara a clasificar a unos Juegos Olímpicos, hay que ir atrás, unos cuantos años, y contar que en esas épocas la práctica de este deporte en nuestro país, o al menos los llamados a las diferentes selecciones masculinas, era algo centralizado.

En otras palabras: solo los jugadores de una misma región eran los que conformaban el equipo absoluto, y estos seguían una y otra vez sin darle la oportunidad a otros de empezar un proceso. De hecho, los entrenadores no duraban, pues los que eran benevolentes con la dirigencia no obtenían resultados importantes y los que querían implantar un nuevo sistema entraban en conflicto y terminaban yéndose por la falta de libertades.

Ese regionalismo, de reverencia con unos pocos, hizo que muchos talentos se perdieran, que solo se pensara en un esquema de preparación y que se hiciera énfasis en lo físico, pues se creía que con tener hombres portentosos y de buena talla era más que suficiente para ganar. Pero cuando había encuentros con otros países, de sujetos altos y magros, ese factor de ventaja ya no lo era y empezaban a importar otras cosas como la estrategia, la construcción de acciones gracias a la riqueza técnica. Y en ese duelo Colombia perdía, no porque no tuviera calidad, sino porque no la trabajaba de manera adecuada.

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Pasaron varios entrenadores (nueve en 10 años), entre ellos los brasileños Sidney Papke y Percy Onckey, los argentinos Horacio Dileo, Marcelo Gigante y Daniel Moine, el cubano Eliseo Ramos y el colombiano César Lovera, pero ninguno tuvo la continuidad para desarrollar, de maneras propias, su trabajo. Si acaso Dileo dejó unas bases, pero al ver que no podría hacer las cosas a su manera se fue. Entonces a comienzos de 2019 apareció otro argentino, Julián Álvarez, campeón del mundo con su país en juveniles, y ya con otro panorama dirigencial empezó a erradicar del imaginario deportivo que el voleibol solo era saltar muy alto y pegarle duro a la pelota.

“Inició llamando a jugadores de todas las regiones del país, de departamentos que antes no eran tenidos en cuenta, para hacer una base de datos y conocer más al tipo de atleta que tiene cualidades para el voleibol. Sumado a eso, tiene en cuenta a los estrategas regionales. Te pregunta, indaga y consulta. Incluso a cada uno nos dio un formato para que le dijéramos, de nuestros equipos locales, quiénes podrían ser convocados”, dice Diego Caicedo, estratega de la selección de Bogotá.

Gracias a esa excursión por el territorio nacional pudo armar una lista de más de 100 juveniles, entre los 15 y 17 años, que miden 1,90 metros y con quienes podría contar para más adelante. Pero eso no fue todo. Álvarez estuvo en los últimos Juegos Nacionales de Bolívar y con papel en mano tomó nota  y dialogó con varios voleibolistas para contarles lo que tenía en mente.

“Le encanta charlar. En Espinal lo hicimos hasta las 3:00 a.m. Hablamos de este deporte y fue directo, y confesó que por lo que había visto el potencial en nuestro país era enorme, explotable”, agrega Caicedo, quien también reconoce que César Camargo, presidente de la Federación de Voleibol, ha apoyado bastante y ha creído en lo que se está haciendo.

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En menos de un año, y gracias a jugadores como Sebastián Díaz, Álvarez cambió la manera de actuar en una cancha. Hay una dinámica diferente, no tan plana y se dejó de pensar en que la estrategia más viable eran los balones a las esquinas para que Liberman Agamez solucionara el problema. Al menos así lo ve Caicedo, que resalta la distribución de balón que tiene el equipo tricolor y la inteligencia que expone cuando se mide con oponentes de más trayectoria. 

Y aunque en el duelo del domingo con Chile se cometieron errores, tanto en los cambios como en la estrategia (Álvarez falló y sacó hombres que estaba jugando bien), Colombia ha avanzado a pasos agigantados al punto de estar quedar muy cerca de ir a unos Olímpicos cuando antes la posibilidades de hacerlo era algo impensado. “Esperemos que con lo que se hizo, aunque faltó, se den cuenta que hay que apostarle a este deporte en Colombia, tanto en las damas como en los hombres, que se necesitan patrocinios y espacios de competencia”, enfatiza Caicedo.

En nuestro país apenas hay un torneo al año de interligas, por categoría, por lo que la mayoría de jugadores practican una temporada para afrontar ese evento. Y practicar es un decir, pues la gran mayoría, sin contar los que juegan en el exterior, tiene trabajos cotidianos y deben hacer grandes esfuerzos para entrenar. Por ejemplo: Díaz, el armado, es economista y administra un colegio, Julián Guerrero estudia en la Escuela de Ingenieros y apenas tiene tiempo para el voleibol, pues no tiene permisos para faltar a clases. Y así hay muchos casos. “Los diferentes departamentos deberían implementar convenios con universidades para que los deportistas puedan aplicar a becas y también tengan espacios para prepararse. Además, luego de lo hecho en los dos preolímpicos es necesario más fogueo internacional”, concluye Caicedo.

@CamiloAmaya

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